El pasado lunes, día 5, nos informaban de una noticia generada en Australia: un tribunal de ese país ha dictado la primera sentencia del mundo contra Standard and Poor’s (S&P) condenando a esta Agencia por la calificación engañosa que hizo de diversos productos financieros y que produjo en 13 ayuntamientos pérdidas millonarias . Esta noticia podría ser la piedra de toque para que, por fin, se acabe con la infalibilidad y la impunidad de las agencias de calificación.
¿Recuerdan ustedes aquellos años en que ni siquiera sabíamos que existían?. Hace tan sólo cuatro años, en aquel momento eran los economistas y los que vendían productos financieros los que las conocían. Sin embargo, cuatro años después, gracias a la crisis que estamos sufriendo, han pasado a formar parte de nuestra vida. Incluso, me atrevería a decir que una parte fundamental. Pues son estas agencias las responsables directas de los profundos retrocesos que estamos sufriendo en materia de derechos laborales, sociales y de la desesperada situación por la que atraviesan MILLONES de ciudadanos.
En el mundo hay tan solo tres agencias de calificación, aunque yo pensaba que se trataba únicamente de dos, S&P y MOODY’S, sin embargo he descubierto que hay una tercera FICHT. Las tres son estadounidenses, como decían Les Luthiers “¡Caramba que coincidencia!”, ya que Estados Unidos es curiosamente uno de sus principales competidores de la Unión Europea en ese mercado globalizado. Pero estas tres agencias que, se supone, deben calificar de manera objetiva el riesgo que implica la compra de productos financieros, están en cuestión, tanto por la objetividad de sus calificaciones como por el papel protagonista y decisivo que han tenido y tienen en el desencadenamiento de la crisis financiera actual. Así como en su agravamiento en los países de la zona euro.
No se trata de eludir responsabilidades, aquí que cada palo aguante su vela, pero lo cierto es que ha sido el sistema financiero internacional y las agencias de calificación los que crearon y apoyaron los productos que nos han llevado a la actual situación. Mientras que somos los ciudadanos los que, a través del sector público, con nuestros impuestos, con las pérdida de derechos, con la pérdida de acceso a servicios públicos esenciales …, estamos soportando y financiando el reflote de este sistema económico.
Un sistema económico, el capitalista, que a día de hoy, es tan fallido, si me apuran, como el de los países de la órbita soviética pues han tenido que recurrir al dinero público para sostenerlo, aunque ha sido ese “dejar hacer” el que nos ha llevado a este momento en el que ya no resulta sorprendente un país con un 25% de desempleo, un 57% de desempleo juvenil, un horizonte próximo de 6.000.000 de desempleados y dos años más de recesión. Sin embargo, los creadores de los productos financieros han cobrado las indemnizaciones supermillonarias previstas en sus maravillosos contratos blindados.
Así pues, ¿para cuando una ley de protección de las víctimas del terrorismo financiero? con la que se pueda condenar a las instituciones financieras y resarcir a los millones de víctimas de esta crisis que ya dura cuatro años y de la que aún no se atisba ni de lejos la salida.

Standard and Poor’s (S&P) – Foto: Troy (Licencia Creative Commons)