No sé por qué bendita razón un buen día cayó en mis manos un billete de 500 Euros, (en realidad si lo sé), uno de esos a los que llaman Bin Laden, con sumo cuidado lo metí en mi cartera, era casi un tesoro, al llegar a casa e ir a enseñarlo a mi esposa, me llevé un repullo de asombro, cuando el billete me habló, vamos como por encantamiento:
¿Quieres que te cuente mi historia? Me dijo con voz chillona, no es muy larga y casi nadie, me la escucha, tienes cara de ser buena persona y trabajador, que como viene el Invierno, en la costa, no tienes las prisas que otros, y aquella voz chillona, se convirtió en dulce y melosa y me convenció. Bueno como quieras, pero que sea algo rápido le dije sin salir de mi pasmo.
Las personas sois muy raras, todos se alegran muchísimo cuando paso a ser vuestro, pero al poco rato, me tratan muy mal, me quieren soltar y dicen que soy negro, vamos que a los negros también los quiere Dios, como dice la canción de Machín, y además yo tengo un color rosa asalmonado que encanta a las señoras, sobre todo para ir de compras, enseguida me cambian por un bolso.
Bueno vine a España, con varios hermanos míos, en el bolsillo trasero de un italiano llamado Fabricio, que había comprado una villa en Sant Feliu de Guixols muy cerca de la que posee la baronesa, esa de los ascensores y los cuadros.
La Thyssen le remarqué yo.
Sí esa que no puede verse con su nuera, pero a lo que íbamos, el vendedor de la villa, del que pasé a ser propiedad, junto a mis hermanos, era un catalán potentado, venido a menos, metido en todo el asunto del ladrillo, al que Fabricio, le pagó un millón y medio de euros, el millón con una transferencia desde Suiza, y el medio millón, era yo con mil de mis hermanos, fuimos todos a parar a la caja fuerte que el Sr. Ramoneda, mi nuevo propietario, tenía en su piso de Barcelona, en General Mitre, a escasos pasos de donde vivía el muy honorable, como ves he pasado por barrios muy distinguidos.
El Sr. Ramoneda, continuó el billete, meditó varios días que hacer con nosotros, era complicado, un día mientras reposaba, vamos que reposaba siempre, abrió la Caja, y separándome violentamente de mis hermanos, sin dar tiempo ni tan siquiera a despedirnos, a mí y a otros cuarenta y nueve, nos metió en un sobre, dándoselo a su hija Nuria, que era una chica muy punki, de esas que llevan pendientes en la nariz y en el ombligo, diciéndole a gritos, es lo último que te doy, mientras no sientes la cabeza, es decir trabajes o estudies.
La verdad es que Nuria, nos necesitaba urgentemente, su íntima amiga, Guadalupe a quien todos llamaban Lupita, había tenido un desprendimiento de retina hacía unos días. Algo había que hacer, Lupita había encontrado una clínica en la Bonanova donde por tres mil euros le harían la operación y le garantizaban que quedaría bien, pero costaba seis mil euros más IVA, y cuatro mil sin el impuesto. Nuria al abrir el sobre flipaba de placer, ella le había pedido cinco mil a su padre y este le había dado veinticinco mil, aquello era de locura, su amiga podía resolver su problema de la vista, de inmediato. En el seguro había una lista de espera de más de un año y luego podrían irse a Thailandia a disfrutar de sus maravillosas playas las dos juntas.
Lupita tuvo su operación de la que salió perfecta, pago los cuatro mil con los billetes del Sr. Ramoneda, al Sr. Moran dueño de la clínica, y que tuvo a bien prestarle su amiga Nuria, uno de ellos fui yo, volví a pasar a una Caja fuerte esta vez en una clínica de Barcelona en la calle Rocafort.
Allí caí en manos de una enfermera, cuando cobró su salario y sus extras, se llamaba Juanita, la mujer cogió vacaciones y se vino a su pueblo, Andújar, uf por aquí hace mucho calor, dicen que es el Sur, aunque yo no necesito orientarme. Eso sí, su compañera, cajera de la clínica, le dijo como siempre, mira de no llevarlo al Banco, ¿Qué le paso a Juanita, la pobre enfermera?, pues que tenía un sobrino en Andújar, que quería comprarse un piso, por el que tenía que dar de entrada, quince mil euros, y solo tenía doce mil y por mediación de su madre, Patrocinio, Andrés que así se llamaba el sobrino, consiguió los tres mil Euros que le faltaban de la tía Juanita.
Andrés disfrutó poco de mí, pagó la entrada de su piso, quince mil euros de los cuales en el contrato figuraron cinco mil, del resto ni un papel le dieron al pobre Andrés. No se fía Ud., de mí le dijo Ramiro el Constructor Promotor, la obra ya esta medio hecha, y he de pagar muchas cosas en negro. Además veinte obras en Andújar me avalan. La caja fuerte de aquel constructor, aunque estaba en un ático, era muy húmeda, allí comencé a perder mi textura aunque todavía era un billete crujiente que restallaba cuando me estiraban con las manos.
Oye ya está bien, no es mucho rollo lo que cuentas billete, le dije ante tan larga perorata.
Ya casi estoy en el final, solo he tenido tres amos más antes que tú, me respondió continuando:
Llegó el día de pago a los trabajadores, y a Justino un buen colocador de obra vista, aparte la nómina, Ramiro le dio, por lo visto le daba cada mes ochocientos euros extras, y me tocó pasar a ser propiedad de Justino.
Justino tenía un problema, que eran sus muelas, tenía varias caries, en fin los problemas propios de la edad, le hicieron un presupuesto de Dos mil quinientos euros, más IVA, regateo y sacó un buen precio dos mil doscientos pagado en metálico, y así fue que de las manos de Justino fui a parar a las del odontólogo, volvía a estar en una clínica, la del Dr. Gerardo, pero poco tiempo.
Gerardo, se fue de vacaciones a Almuñécar, y alquiló un apartamento en primera línea de la playa, en la agencia de Salvador y le cobraron en efectivo también sin IVA, y es cuando le pagaron a Ud., por los servicios de su pequeña lavandería industrial pasando a ser mi propietario.
En fin que en poco más de tres meses, desde que vine a España, que ajetreo he pasado por Fabricio, Ramoneda, Nuria, Guadalupe, Moran, Juanita, Patrocinio, Andrés, Ramiro, Justino, Gerardo, Salvador y Ud., que por cierto ¿como se llama?
Y a ti que más te da.
¿Quiero saberlo para continuar mi historia?
Tu historia, al menos conmigo se acaba hoy, te voy a llevar al Banco y que alguna de esas estupendas cajeras, que nos atienden, te cambie por billetes de a 20 Euros, que esos al menos no hablan.

Moraleja: El que esté libre de culpa, que tire la primera piedra.

Celebro que existan gentes que no se sientan culpables, tristemente la mayoría lo somos, la mayoría conocemos a muchos culpables, los que no lo denunciamos lo somos también por omisión.

Quiero recordar que se ha dicho en múltiples ocasiones que más del cincuenta por ciento de los billetes de 500 € circulaban por España, ¿Por qué será?.
Dicho esto, la responsabilidad sin duda es de los gobernantes, que no atajan el fraude fiscal con leyes más duras, mejores y sobre todo con una justicia más rápida. Es necesario equipar el fraude fiscal a los artículos del código penal que tratan, la apropiación indebida. Y además aumentar su prescripción a veinte años. Solo con esa pequeña reforma, nos haría mejores y se vislumbraría el final de este tormento.

Dedicado a Ángel. Y Ad Contrarium