En el día de ayer, 20 de septiembre, se inauguró en Linares la muestra “Íberos. Nuestra civilización antes de Roma”, organizada por la Obra Social de La Caixa en colaboración con el Ayuntamiento de Linares. La misma se podrá ver del 20 de septiembre al 22 de octubre de 2012 en una carpa instalada en la Plaza del Ayuntamiento. Al acto de la inauguración acudieron entre otras personalidades Luis Moya, teniente alcalde de Linares; Macarena García, concejala delegada de cultura; Miguel Ángel Palanco, delegado general de “la Caixa” en Andalucía Oriental, y Luis Batista, comisario de la muestra.

Dos grandes torres que simulan la entrada a un antiguo pueblo ibérico flanquean el inicio de la exposición, donde se encuentra la reproducción a tamaño real de la Gran Dama Oferente del Cerro de los Santos (Albacete). El descubrimiento de esta escultura, junto al de la Dama de Elche en 1897, despertó en toda Europa el interés por la cultura ibérica. La historia de los íberos se inició a finales del siglo VI a.C. con la aparición de una aristocracia de príncipes guerreros que construyó ciudades y santuarios, impulsó el comercio y la escritura, y generó formas artísticas propias. Esta cultura finalizó en el siglo I a.C. cuando fue absorbida por el poder político y cultural de Roma.

Reproducciones científicas de obras de arte, maquetas, proyecciones audiovisuales, fotografías y grabados son algunos de los elementos que presenta esta exposición para dar a conocer la vida cotidiana en un poblado ibérico, sus relaciones con fenicios y griegos, la importancia de la agricultura y el comercio o los misterios que envuelven la desaparición de la lengua ibérica.

La Obra Social “la Caixa” organizó en 1997 la muestra Los íberos, príncipes de Occidente, que presentó por primera vez una visión de conjunto de la cultura ibérica entendida como una de las civilizaciones más relevantes del Mediterráneo antiguo. Íberos. Nuestra civilización antes de Roma nace ahora como consecuencia de aquel proyecto y con la voluntad de mostrar una visión actualizada del mundo ibérico.

La península Ibérica recibe su nombre de la primera cultura que presentó una cierta homogeneidad a partir de la existencia de una estructura social y económica común que se desarrolló en la costa mediterránea del sur de Francia y España. Esta civilización se asentó en el Languedoc meridional, en Cataluña, parte de Aragón, Valencia, Murcia y amplias zonas de Andalucía. Griegos, fenicios y cartagineses influyeron de forma determinante en la formación de la cultura ibérica.

Los íberos planificaron núcleos urbanos dotados de importantes fortificaciones, crearon un arte propio que se desarrolló a lo largo de cinco siglos, compartieron una misma lengua con su correspondiente escritura y una economía monetizada que permitió explotar riquezas agrícolas, ganaderas y mineras del país, convirtiéndolos en la admiración de las grandes potencias mediterráneas de la época y a la vez en un modelo para ellas.

La exposición Íberos. Nuestra civilización antes de Roma presenta reproducciones científicas de piezas singulares de esta cultura milenaria como recurso museográfico, además de mostrar diversas escenografías que ambientan escenas de la vida cotidiana en un poblado ibérico y que se distribuyen a partir de los seis ámbitos que componen la muestra: el contexto histórico, la organización militar y las formas de gobierno, la vida cotidiana, la escritura y el comercio, el urbanismo y la arquitectura, y la religión y el mundo funerario.

El contexto histórico
Tras acceder a la exposición a través de las dos torres que simulan la entrada a un poblado ibérico y que reproducen la muralla íbera de Castellet de Banyoles en la localidad de Tivissa (Tarragona), el visitante puede conocer a modo de introducción el contexto geográfico y cronológico en el que se desarrolló la cultura ibérica a partir de la proyección de un audiovisual. En él se muestran los antecedentes de los íberos, sus influencias externas y las invasiones que padecieron. Del mismo modo, presenta a partir de un mapa los principales poblados ibéricos descubiertos hasta nuestros días distribuidos a lo largo de la costa mediterránea y de la zona meridional de la península Ibérica, desde Andalucía hasta el sudeste de Francia.

La organización militar y las formas de gobierno
El pueblo íbero no fue sustancialmente guerrero y no disponía de ejércitos bien formados. En periodos de convulsión y en ciertas ocasiones, como cuando actuaban de mercenarios de cartagineses y romanos, tuvieron que tomar las armas y luchar para defender sus intereses. En esta sección se muestra la organización militar de los íberos: las estrategias de combate, las instituciones guerreras, la arquitectura bélica y el equipamiento de caballeros y soldados.
La sociedad ibérica era una sociedad fuertemente jerarquizada. Para asentar y legitimar su poder, los príncipes íberos crearon su propio mito heroico: representaciones idealizadas de guerreros a caballo, enfrentados a enemigos humanos o a animales fabulosos, aparecen entre las esculturas del Cerrillo Blanco de Porcuna, en Jaén, descubiertas a mediados de los años setenta.
Se pueden observar los diferentes estratos de la sociedad ibérica a través de una serie de esculturas idealizadas de personajes tales como una sacerdotisa, un guerrero aristócrata, un comerciante, un artesano y, finalmente, una campesina.

La vida cotidiana
En este ámbito se muestran las actividades que los íberos desarrollaban a lo largo del día y los utensilios que utilizaban en las labores más importantes, en concreto, la agricultura, la ganadería y la industria textil.
Los íberos desarrollaron nuevas técnicas agrícolas relacionadas con los avances de la metalurgia del hierro y del torno cerámico. Los cultivos más frecuentes entre la cultura íbera eran los cereales, el olivo y la vid. En este sentido, los íberos utilizaron el molino rotatorio tanto para el molido de cereales como para producir aceite. Una reproducción de este último se puede contemplar en la exposición, al lado de diversas ánforas de boca plana para la conservación y el transporte de aceite, vino y cereales. Un telar de bastidor, reproducciones de herramientas y objetos de la vida rural son algunos de los elementos que se muestran en la exposición.
Esta muestra dedica una atención especial a la cerámica y la metalurgia. Por su abundancia y variedad, los restos y piezas de cerámica que han llegado hasta nuestros días son un importante instrumento con el que cuentan los arqueólogos para datar los yacimientos.
Bronces, terracotas y cerámicas comparten el mismo tipo de decoración esquemática y de detalle que ofrece informaciones sobre los vestidos, la gestualidad, los hábitos y las creencias religiosas de los íberos.

La escritura y el comercio
Las inscripciones que se han encontrado en vasos, monedas, plomos, cerámica o piedra permiten conocer algunas palabras del íbero, una lengua preindoeuropea de un grupo muy antiguo del que no quedan vestigios en lenguas conocidas. El alfabeto ibérico estaba formado por unos signos que representaban letras y otros que representaban sílabas. Paradójicamente, conocemos el sonido de la grafía ibérica pero no su sentido.
Un signo de la existencia de un comercio consolidado es la aparición de las monedas a partir del siglo III. Las primeras acuñaciones imitaban las monedas griegas y fenicias de las colonias de Marsella, Empúries y Roses. La distribución de los productos con los que se comerciaba a través de la geografía ibérica dio origen a la primera vía de comunicación que recorrió la costa mediterránea: la Vía Heraklea o Camino de Aníbal, que más tarde se convertiría en la Vía Augusta.

El urbanismo y la arquitectura
En el mundo ibérico, el poblado es el centro de poder y de redistribución económica. En torno a él se construyen murallas y sofisticados sistemas defensivos. Con el nombre de oppidum se conocen las grandes aglomeraciones fortificadas, generalmente construidas en zonas de altura. Las maquetas de los poblados de Puente Tablas en Jaén, Tejada Vieja en Huelva, y Puig Castellar en Barcelona son tres ejemplos de ordenación urbanística que se muestran en la exposición. Un elemento expositivo de gran impacto en este ámbito es la reproducción a tamaño real de una vivienda ibérica, una casa de planta rectangular, construida con adobes y cubierta con techo plano. La exposición también presenta algunas maquetas de construcciones especializadas como palacios y templos, edificios que respondían a las necesidades sociales y religiosas de la vida colectiva.

La religión y el mundo funerario
Los íberos empezaron a crear espacios destinados a la deposición de los difuntos formando verdaderos cementerios.
Esta civilización incineraba a los difuntos sobre piras de leña junto con sus pertenencias más significativas. Los restos del difunto no consumidos por el fuego eran purificados mediante el rito del lavado y posteriormente introducidos, por norma general, en una urna de cerámica que se depositaba dentro de la tumba. Un caso excepcional es la estatua de la Dama de Baza (Granada), en cuyo trono se excavó un orificio para introducir los huesos quemados. En la exposición se reproduce esta tumba: la escultura funeraria expuesta y el ajuar, colocado tal y como se encontró en su día. Esta pieza demuestra tanto la complejidad del mundo funerario como la carga ideológica que contenía. En este ámbito, también se encuentra la reproducción a escala real de dos de las piezas más conocidas de la cultura ibérica: la Dama de Elche (Alicante) y la Bicha de Balazote (Albacete).

En el siguiente vídeo Miguel Ángel Palanco, delegado general de “la Caixa” en Andalucía Oriental, Luis Batista, comisario de la muestra; y Luis Moya, teniente alcalde de Linares, nos dan más detalles sobre la misma. En un segundo vídeo podemos ver en imágenes lo que nos ofrece esta interesante y muy recomendable exposición.