Pese a la mala prensa que tiene yo sigo reivindicando la necesidad de la Unión Europea, lo positivo de este proyecto y mantengo mis esperanzas en que pueda continuar adelante. En que sea el motor para conseguir la convergencia europea, esto es, que todos los ciudadanos de los estados miembros podamos alcanzar niveles de vida similares, en los que se garanticen nuestros derechos y la cobertura de nuestras necesidades: acceso al empleo, a la vivienda, educación pública de calidad, sanidad universal, mantenimiento de coberturas sociales y la solidaridad entre todos como principio rector y guía de este modelo.
En mi segundo artículo ya hablé del ámbito europeo, hoy para que mi deseo de convergencia social se cumpla hay varios obstáculos pero me gustaría centrarme en la controvertida figura de la primera dama alemana, en Angela Merkel. En este momento es la estadista más importante y con más peso de la Unión Europea (UE) y es la que está dirigiendo de facto esta organización como si de su país se tratase. Sin embargo, resulta curioso como las recetas que sirvieron para Alemania tras la caída del muro el 20 de octubre de 1989 parecen no ser válidas para que la Unión Europea salga de esta crisis que ya dura cuatro años y a la que aún no le vemos ni final ni atisbo del mismo.
Como decía, en 1989 tras la caída del muro en Berlín y de la reunificación política de Alemania (RFA-RDA), se produjo un cataclismo económico en el país ante las enormes diferencias existentes entre las economías y los niveles de vida de ambos países. Y ante la imprevisión con que se produjo este acontecimiento. Así, para conseguir la convergencia entre las dos alemanias durante muchos años los ciudadanos y las empresas de la Alemania occidental tuvieron que hacer frente entre otros al “recargo de solidaridad”, y los länders orientales pasaron a formar parte de las regiones objetivo 1 para de esta forma poder recibir fondos estructurales de la UE al mismo nivel que regiones del sur de Europa como Andalucía.
Por último, están los criterios de convergencia que tuvieron que seguir y conseguir los países que quisieron formar parte de la zona euro y cómo se interpretaron por el Consejo en el momento de la constitución de dicha zona euro. Esos criterios, llamados de Maastricht fueron cinco, a saber: estabilidad de precios (tasa de inflación armonizada), solidez de las finanzas públicas (déficit PIB no superior al 3%), sostenibilidad de las mismas (deuda pública no superior al 60%), carácter duradero de la convergencia (tipos de interés a largo plazo), estabilidad de los tipos de cambio (desviación con respecto al tipo de cambio central). De estos cinco criterios hubo países que pese a incumplir uno o varios de ellos fueron incluidos en la zona euro por criterios políticos y no económicos, como ejemplos, Bélgica, Italia, Grecia, … así que “de aquellos barros estos lodos”.
Y, ahora que estamos como estamos resulta curioso que la dirigente más poderosa e influyente de la Unión Europea, que proviene de una región que ha convergido gracias al esfuerzo de los contribuyentes y empresas de la antigua RFA y de la Unión Europea se obceque en una política económica que nos está llevando hacia las profundidades de la crisis en vez de permitirnos remontar con políticas que estimulen el crecimiento a través de la inversión y el impulso del consumo.

Angela Merkel – Foto: World Economic Forum (Licencia Creative Commons)

 

Fuentes:
http://www.cidob.org/es/documentacion/biografias_lideres_politicos/europa/alemania/angela_merkel
http://www.biografiasyvidas.com/biografia/m/merkel.htm
http://www.ucm.es/BUCM/cee/papeles/05/05.pdf
http://ec.europa.eu/economy_finance/publications/publication6730_es.pdf
http://www1.dicoruna.es/ipe/euro/preg/pregYresp.htm