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Tercera corrida, de rejoneo

La noche de ayer ofreció una corrida de Rejoneo en la plaza de Linares sencillamente maravillosa. La plasticidad de los rejoneadores ofreciendo un amplísimo repertorio de movimientos repetidos hasta la saciedad por parte de unos espectaculares caballos. La gente entregada fue ovacionando sin parar todos y cada uno de los movimientos que a lo largo de la tarde noche allí se produjeron. El “pero”, la media entrada que se produjo ante tal evento. La grada rebosaba belleza, ya que bellas mujeres asistían a la plaza inundando de perfume y sensibilidad las gradas, en algunos casos acompañadas por maridos o acompañantes.

El primero en saltar fue FERMÍN BOHÓRQUEZ. El veterano rejoneador estuvo mejor en su primer toro que el segundo. Rejoneo de raza y muy bien con las banderillas largas, amplio repertorio de recortes y adornos que hicieron que la plaza le ovacionara en varias ocasiones. En su primero mata de gran estocada con el rejón de muerte, que apuntilla para una gran ovación y oreja. En su segundo poca suerte ya que se queda sin toro a media faena y falla con el rejón de muerte. Descabalga para apuntillar, hecho que le hace perder trofeo.

El segundo fue PABLO HERMOSO. Puerta grande para él tras dos faenas de mérito. En su primero sencillamente fantástico. Recortes ajustados al máximo, poniendo en riesgo su integridad y la de sus caballos. Con las banderillas perfecto. Con el de muerte algo caído que no mata, e invita a descabalgar y apuntillar desde el suelo. Oreja. En su segundo buena faena pero mejor con las banderillas cortas. Vuelve a fallar con el rejón de muerte, hecho que no le permite obtener las dos orejas. Una y puerta grande para él.

El tercero fue el siempre espectacular DIEGO VENTURA. Este jinete hace lo imposible a lomos de sus caballos durante las dos faenas. La gente no paró de ovacionar sus ajustadisimos recortes. Sin duda el primero fue de lo mejor de la noche, rematando una preciosa faena con una espectacular estocada que deja al astado muerto al instante. La plaza aclama las dos orejas que son concedidas, puerta grande en el primero para el portugués. En su segundo algo más deslucido, fruto de tener que solicitar el cambio de astado ya que éste perdía las manos con frecuencia y estaba más en el albero que en pie. La plaza abucheó al ganadero, pero la presidencia rápidamente aceptó el cambio. En la reanudación mejor la belleza de sus caballos que la fortuna de su rejoneo. Falló en varias ocasiones con el de muerte, que le hizo perder los nervios y matar con los pies en tierra, hecho que no le permitió trofeo. Puerta grande para él.

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