En la tarde del lunes 16 de abril tuvo lugar el segundo concierto del XV Festival Internacional de Música y Artes Escénicas “Ciudad de Linares”. En esta ocasión se celebró en el marco de la Fundación Andrés Segovia, lugar destinado a los conciertos de música clásica de nuestro festival. Un concierto de violín y piano a cargo de Giuseppe Maiorca (piano) y Lorenzo Parisi (violín).
El público asistente, que completó el salón de la Casa Museo, quedó asombrado por la maestría de las interpretaciones de estos dos virtuosos italianos. Nos deleitaron con un programa muy complejo, repleto de dificultades técnicas y musicales, tanto para el pianista como para el violinista.
La elección del programa ha sido muy acertada, con obras de dos grandes compositores alemanes.
En la primera parte nos deleitaron con la Romanza Op.40 para violín y orquesta y la celebérrima Op.24 “La primavera”, ambas del genio Ludwig van Beethoven -una de las “tres Bes alemanas” (Bach, Beethoven y Brahms)- en su momento de transición al segundo periodo, en el que se presentan las características románticas, como el gusto por la música programática y la expresión de lo subjetivo. La Romanza Op.40 fue compuesta alrededor de 1802 y la sonata La primavera publicada en 1801.
Lorenzo Parisi en la Romanza Op.40 hizo patente su capacidad para hacer cantar a su violín Sgarbi Antonio, de 1909, al mismo tiempo que el pianista nos mostraba cómo un piano puede convertirse en una orquesta gracias a la sutileza en los ataques y la realización magistral de los fraseos.
Desde los primeros compases de la sonata primavera somos conscientes de que existe un sentido de asociación entre el pianista y el violinista muy difíciles de conseguir en una interpretación en vivo, logrando momentos de gran emoción, sobre todo en el Rondó final.
En la segunda parte se enfrentaron a la compleja escritura del Brahms maduro: la Sonata para violín y piano nº3 Op. 108 fue finalizada en el verano de 1888, cuando Brahms contaba con 55 años.
Lorenzo Parisi, interpretó con un impulso fuertemente lírico, que es perfecto para el carácter íntimo de esta sonata, y por su parte Giuseppe fue un compañero de dúo admirable, proyectando la riqueza y la claridad de la textura de Brahms a través de un uso cuidadosamente controlado del pedal, respondiendo con ingenio y sensibilidad a las sutiles inflexiones del fraseo de Parisi.
Estos conciertos de calidad, gracias a la experiencia y al bagaje musical de los intérpretes, hacen brillar el pórtico de entrada de nuestro festival.











