El Consejo de Gobierno andaluz ha acordó en el día de ayer delimitar con una superficie de 3.238 hectáreas la Zona Arqueológica de Cástulo, abarcando los términos municipales de Linares, Lupión y Torreblascopedro. La Junta refuerza de ese modo el régimen de protección de este enclave, uno de los principales yacimientos ibero-romanos del sur de la península Ibérica, que fue declarado Bien de Interés Cultural en 1985 aunque sin extensión precisa.

La delimitación del área ha sido establecida en función de las investigaciones realizadas durante las últimas décadas, que han ampliado un conocimiento anteriormente restringido al recinto amurallado, la ciudad intramuros y sus necrópolis. La nueva zona protegida se configura así como una vasta y variada red de elementos arqueológicos que incluye asentamientos, vías rurales, infraestructuras hidráulicas, instalaciones agropecuarias y numerosos sitios rela-cionados con actividades religiosas, ceremoniales o funerarias.

Ubicada en la Campiña Norte de Jaén, en las estribaciones de Sierra Morena, la Zona Arqueológica de Cástulo presenta como principal característica la ocupación ininterrumpida de su territorio desde finales del III milenio a.C. hasta el siglo XV, momento en el que se abandona el enclave.

Entre los vestigios conservados destacan los de la ciudad ibero-romana de Cástulo, que llegó a ser el principal ‘oppidum’ –núcleo urbano fortificado– de la Oretania ibérica, por su posición estratégica de nudo de comunicaciones y acceso privilegiado a los recursos mineros de Sierra Morena. Situado en la margen derecha del río Guadalimar, el asentamiento se constituyó posteriormente como municipio romano y albergó una sede episcopal durante la época bajomedieval.

La delimitación aprobada se extiende mucho más allá del núcleo principal del ‘oppidum’ para abarcar el territorio donde la urbe desarrollaba su actividad y ejercía su control. Se incluye así una importante red viaria cuyo origen se remonta a época ibérica, con caminos vinculados a la Vía Augusta como la Cañada Real de Guadalimar, y complejos hidráulicos como los de Torrubia o el Cortijo de los Patos, con depósitos de agua, acueductos, molinos y sistemas de irrigación de campos. Asimismo, se protegen restos de villas rurales, puentes, espacios de producción localizados fuera de las murallas, asentamientos de explotación agropecuaria como la villa de Torrubia y lugares vinculados a funciones religiosas o funerarias. Entre estos últimos destacan el santuario de La Muela, la necrópolis de Puerta Norte, el túmulo de Los Higuerones y el hipogeo de Cerrillos de Los Gordos, además de diversas necrópolis ibéricas muy ricas en materiales y emplazadas algunas de ellas en paralelo a los caminos de acceso.

Los orígenes del núcleo principal del yacimiento se remontan al Neolítico Final, pero es en el III milenio a.C., durante la Edad del Bronce, cuando Cástulo aparece como centro destacado en la región de Sierra Morena, ligado a la actividad metalúrgica del cobre, el plomo y la plata.

El periodo del Bronce Final está bien documentado a través del poblado de La Muela, que en los siglos VII y VI a.C. se traslada de lugar y da origen a un recinto amurallado que durante el periodo ibérico se convierte en el ‘oppidum’ indígena más extenso de la Península.

La colección arqueológica procedente del yacimiento se conserva desde 1956 en el Museo Arqueológico de Linares, transferido a la Junta de Andalucía en 1984 y hoy denominado Museo Monográfico de Cástulo. De estos fondos, de gran interés para el conocimiento de la economía de la zona en la antigüedad clásica, destacan monedas ibéricas y romanas de entre los siglos III y I a.C.; esculturas; exvotos; columnas y capiteles (siglos V-III a.C.); ajuares funerarios; cerámicas, y piezas de armamento ibérico. Tanto el yacimiento como el museo conforman el Conjunto Arqueológico de Cástulo, institución del Patrimonio Histórico Andaluz creada en julio del pasado año para asumir su gestión y conservación.

Yacimiento de Cástulo