Apenas tres horas es lo que ha durado la estación de penitencia de la Hermandad y Cofradía de Nuestro Padre Jesús Atado a la Columna, Nuestra Madre y Señora María Santísima de la Amargura y Beata Ángela de la Cruz. Cuando el Paso se Misterio se encontraba ya dentro de la calle Pontón, una ligera llovizna comenzaba a hacer acto de presencia, y eso sumado a la amenaza de lluvia existente, provocó que se tomara la decisión de volver al Templo cuando no se llevaba ni hora y media de recorrido.
A las nueve en punto se abrían las puertas de Santa María la Mayor para dar paso a la Cruz de Guía y el tercio de penitentes de Cristo, que comenzaron a salir a una lonja abarrotada de personas dispuestas a disfrutar de la noche del Jueves Santo linarense. El Paso de Misterio comenzaba a salir minutos después siguiendo los sones de la recientemente creada Agrupación Musical “Nuestro Padre Jesús de la Columna”, que estrenaba un banderín este año y desfilaba por vez primera tras su Titular, ya que el año pasado, que fue el primero de esta Banda, no se efectuó estación de penitencia por la tromba de agua que cayó sobre Linares. La Virgen de la Amargura tardó más en salir, hasta que comenzó a atravesar el arco de Santa María a partir de las diez menos cuarto, mostrándose bella y dolorida de la mano de San Juan Evangelista, el apóstol más querido.
Media hora después, aproximadamente, cuando Jesús atado a la Columna había entrado ya en la calle Pontón, comenzaban a caer gotas sobre Linares, creando estupor e incertidumbre entre todos los allí presentes. Teniendo en cuenta que la llovizna era intermitente y que existía riesgo de lluvia a partir de medianoche, se aprovechó la cercanía al Templo y el cortejo procesional acortó su recorrido a través de las calles Rosario, Campanario y Carnicería, para volver finalmente a Santa María. Por su parte, el Paso de Palio, que estrenaba dos ángeles entrevaral de alpaca plateada sosteniendo cada uno un farol, regresaría a la parroquia por el camino más corto, es decir, por las calles Huarte de San Juan e Iglesia, llegando al Templo antes que el Cristo.
Momentos de emoción, de sentimientos a flor de piel, de rabia contenida que se liberaba en forma de lágrimas se vivieron en la parroquia al presenciar cómo los hermanos costaleros de ambos Pasos introducían a sus Titulares en la iglesia, teniendo a la lluvia intermitente como telón de fondo, cuando ni siquiera se habían cumplido tres horas de recorrido.

















