Parece mentira que en los tiempos que corren, donde los medios de información y de comunicación han progresado tecnológicamente de manera vertiginosa, sean en los que menos se practica uno de los aspectos más importante de la comunicación: Escuchar.
Escuchar es algo más que estar callado cuando alguien habla, pues supone comprender los pensamientos, sentimientos y acciones de las otras personas, así, no escuchar puede hacernos perder amigos, colegas o clientes. Por desgracia, la mayoría de la gente prefiere hablar a escuchar, ya que la escucha activa es difícil, requiere mucha concentración y permanecer muy atento. A nadie puede acusársele de escuchar demasiado; escuchar es un signo de afirmación, incentiva la autoestima y todo lo contrario sucede cuando hay falta de atención.
A las personas que no saben, la escucha les parece una actividad pasiva y, por tanto, improductiva. Intentar eliminar todas las distracciones de la mente para poder concentrarse en el hablante es una solución para escuchar: Esas distracciones surgen de los propios pensamientos, sentimientos y emociones, son como películas en nuestra propia cabeza debidas a alguna preocupación o a la simple falta de interés. Haga un experimento, introduzca una frase absurda o incoherente cuando intuya que alguien no está escuchándole: Imagínese que está contando la preocupación que siente por haber perdido su empleo, que hoy por desgracia es y va a ser cada vez más frecuente, o lo contento que está por que se ha enamorado y en medio de lo que dice introduzca algo como “y entonces el orangután se desnudó ante todos”, observe el efecto resultante en su interlocutor, le dará pistas de si se interesa por usted o no; además le resultará divertido.
Escuchar no es no decir nada mientras el otro habla, sino extraer un sentido de lo que dice. En la vida diaria no se suele distinguir entre oír y escuchar: Oír es una actividad sensorial. Es un proceso psicológico en el que las conexiones auditivas transmiten información al cerebro (a través de los oídos), lo hace casi todo el mundo. Escuchar es algo diferente, implica un proceso de interpretación y comprensión en el que se extrae un significado de lo que se ha oído y lo suelen hacer bien pocos. La escucha real es una combinación de ambas actividades. No es sencillo, es una verdadera habilidad que deberíamos practicar más a menudo, ¡todos!
Por otro lado, pensamos más rápido que hablamos; decimos entre 120 y 150 palabras por minuto y pensamos a una velocidad de entre 600 y 800, por lo que tendemos a pensar sobre otras cosas y no sólo sobre lo que se nos dice. El que escucha va siempre por delante de la persona que habla. La mente tiene tiempo de desviarse de las palabras que se dicen, se pierde la concentración y ese pensamiento puede tapar el otro sonido y por tanto hacernos desconectar de la conversación. Puede que parezca que está escuchando, pero en realidad no está oyendo nada.
La manera en que se escucha y responde a otras personas es primordial para agilizar una relación. Si escucha enfáticamente, está dando la señal “Me interesa todo lo que estás diciendo y deseo entender tu punto de vista”. Por desgracia, casi todos interferimos, sin darnos cuenta, en la comunicación con otra persona; es frecuente que le interrumpamos, provocando que ella no le escuche atentamente cuando tenga que hacerlo. En cuanto se interrumpe el discurso desaparece la espontaneidad.
También es frecuente acabar las frases del otro, lo que es irritante y psicológicamente negativo; el que habla sentirá que no controla sus propias ideas. Además, es fácil hacer una salida en falso y suponer un final equivocado, con lo que estará impidiendo que la otra persona pueda seguir con su argumentación y el final que usted ha generado le puede provocar dudas que nunca existieron previamente, por lo que ¡Es mejor cerrar la boca y parecer tonto que abrirla y no dejar lugar a dudas!
Igualmente hay quien habla por encima de la otra persona, que es como advertirle “No me importa lo que vas a decir, mi historia es mejor que la tuya”. A otros les gusta dar consejos demasiado pronto, aunque sea para ayudar, consiguiendo que la comunicación en doble sentido acabe de manera abrupta y prematura. Esto le suele suceder a personas que derrochan simpatía, por un deseo de ayudar. Los que hablaban querían decir más cosas y se les ha cortado.
En resumen, para ser un buen “escuchante”, las preguntas sobre la conversación deben surgir de la posición de no saber e implican la escucha receptiva y activa, y no de las teorías preconcebidas que podamos tener acerca de lo que nos quieren decir. ¿Cómo lo lleva? ¿Le escuchan como usted desearía? ¿Se considera un buen escuchante?

Hablar o escuchar