Te escribo y es invierno. Te escribo como si estuvieras lejos.
Es hermosa la tarde y hace frío. Hablemos de las grisáceas nubes,
del pájaro que cierra sus alas en el nido,
de las hojas muertas que siembran los caminos.
Hablemos mientras quede luz; después vendrá el silencio.
Nuestro silencio… no el tuyo ni el mío, el nuestro.
Qué hermoso cuanto callamos sabiendo que es verdadero.
Verdad que rogué a la vida encontrarte en mi desierto.

Qué hermosa noche de invierno. Nuestro techo es un prodigio
de pan y vino sagrados que avivan nuestros sueños.
Mirándonos a los ojos nos sentimos buenos.
Tú te miras en mi alma, yo en tu corazón me veo.
Pobres sueños para el mundo parecen nuestros anhelos.
Sólo un techo, unos ojos y el silencio…
Sin embargo, qué extraño milagro colmó de savia lo que estaba seco.
Es hermosa la alborada. Despunta el día y te quiero.
Mis ojos llenos de ti, encienden la luz primera,
disipan las sombras, serenan las penas.
El pájaro de ayer sobrevuela cobijado por el cielo .
Tú eres mi vuelo. Yo tus alas de amor volandero.
Me quieres, te quiero. Y en silencio lo sabemos.
Te escribo y hace frío.
Te escribo como si estuvieras lejos.

Invierno en la Sierra de Segura - Foto: Jordi Casasempere