En la Plataforma por Andalucía Oriental, ante la celebración del día de la comunidad autónoma el 28 de febrero, queremos exponer a nuestros vecinos la pesadumbre porque Andalucía, en vez de convertirse en una solución para las necesidades de nuestra región de Andalucía Oriental, se ha convertido en un lastre que nos ha llevado a los últimos puestos en niveles de renta de todo el territorio nacional.

En materia de comunicaciones, las provincias de Almería, Granada y Jaén han pasado de tener unos servicios ferroviarios parecidos a los de otras regiones españolas a tener cada vez peores conexiones. Se cerraron las líneas Guadix-Almendricos y Linares-Puente Genil, y se enterró el proyecto Linares-Utiel, líneas que conectaban Andalucía Oriental con sus regiones vecinas, se construyó la línea ferroviaria de Andalucía dejando de lado nuestras provincias, que han ido perdiendo los pocos servicios ferroviarios que tenían. Todo ello ha dejado a esta región del Sureste Español en unas condiciones de incomunicación peores que las que había hace treinta años, lo que ha supuesto que grandes empresas prefieran instalarse en otros territorios mejor comunicados.

La idea de crear y mantener una comunidad autónoma grande, formada por ocho provincias, con el fin de defender en España y a nivel internacional el interés de estas provincias se está desvaneciendo con el paso de los años. En cuanto a comunicaciones y desarrollo industrial la diferencia ha aumentado entre las provincias más desarrolladas y las nuestras. Los fondos de desarrollo europeos, destinados a los territorios más pobres, se han ido para los polos económicos más fuertes, algo inexplicable. En materia agrícola, los nuevos acuerdos de la Unión Europea con Marruecos suponen un duro golpe a la agricultura de las provincias de Almería, Granada y Jaén. Sin embargo, el hecho de pertenecer a una comunidad autónoma con otras cinco provincias no ha servido para frenar este daño hacia nuestro campo.

En cuanto a la promesa de acercar el poder al ciudadano, que se nos vendió hace treinta años, la realidad se ha impuesto al deseo, ya que, aunque hubo intentos de descentralizar en las diputaciones provinciales las competencias autonómicas, finalmente se impuso el centralismo con la creación de otros entes llamados delegaciones provinciales, que han trabajado al dictado de las consejerías con sede en Sevilla, y que en muchas ocasiones no han sido sensibles a las necesidades de nuestras provincias, anteponiendo el interés de otras provincias al de Almería, Granada o Jaén.

En materia de cultura hemos visto pasar treinta años con la Junta de Andalucía negando que nuestra tierra tuviese el hombre más antiguo de Europa, el “Hombre de Orce”, haciéndonos ver que las principales civilizaciones de nuestra tierra son las de otras provincias, mientras ignoraban nuestros antepasados de “El Argar o Los Millares” cuyos yacimientos se han quedado marginados frente a las ingentes inversiones arqueológicas y monumentales en la otra Andalucía. Los monumentos olvidados de nuestra tierra ven con asombro cómo el dinero necesario para su recuperación se ha invertido, todo junto, en el palacio presidencial de esta macro-comunidad autónoma.

Queda claro que Andalucía no se ha constituido buscando el interés de Andalucía Oriental. Los centros de poder no están en nuestra región, los partidos que gobiernan tampoco nos consideran prioritarios, de los presidentes que han mandado en Andalucía, ninguno de ellos ha sido de nuestra tierra, incluso los símbolos de Andalucía no nacen de nuestros pueblos y ciudades. Ese escudo, esa bandera y ese himno ya los desestimaron nuestros representantes políticos y sociales el día 29 de enero de 1933. Por eso nos preguntamos: ¿Qué pintamos en esta comunidad autónoma?