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Lelio, o de la amistad

Nada se ha escrito tan bello al menos en mi opinión, referido a las relaciones humanas, como  “El Tratado de la Amistad” de Marco Tulio Cicerón .

En su obra “Lelio o de la Amistad”, Cicerón pone en boca de Cayo Lelio los sentimientos que éste debió experimentar tras la muerte de su gran amigo Publio Cornelio Escipión, de todos conocido por su victoria sobre Aníbal el Cartaginés, en Zama, cerca de Cartago, que supuso el final de la Segunda y definitiva Guerra Púnica, con la victoria total de Roma (entre otras grandes hazañas). Obviamente, no podemos comparar muchas de las ideas expresadas en los escritos de Cicerón con la sociedad occidental actual, ya que los conceptos más importantes tratados en su obra, no tienen el mismo significado hoy en día; aun así, es una obra que no deja indiferente a nadie por lo importante del asunto,  que trasciende hasta nuestros días, al igual que “Catón el viejo o Tratado de la Vejez” también de Cicerón.

Para Lelio, la amistad nace más de la propia naturaleza, que de la necesidad, definiéndola como un afecto del alma; es decir, como elemento esencial inherente al ser humano, no de una capacidad adquirida. La amistad nace de un beneficio recibido (no queda definido si es material o inmaterial), de una inclinación del otro hacia nosotros y de un cierto trato o relación con la otra persona; junto con el amor, este sentimiento se transforma en benevolencia. Sin embargo, para Lelio, el amor / amistad, no nace de la esperanza de conseguir un beneficio o recompensa; en otras palabras, en la amistad, la verdadera amistad, no subyace un interés por recibir un beneficio ajeno.

La idea clave del texto de Cicerón, es que la amistad entraña una virtud, la benevolencia. Dicha virtud es el principio de la paz entre gobiernos y pueblos… en general entre los seres humanos

Alguien dijo que “la amistad es como la sangre, que acude a la herida sin ser llamada”, porque la amistad es desinterés, entrega, continuo ofrecimiento, generosidad y creo también, la más perfecta y auténtica forma de amor. Yo he llegado a comprender que una relación de pareja, el matrimonio, debe contener una importante porción de amistad, sin la cual, el amor  no funciona en su auténtica dimensión, porque la pasión entre dos seres, con el tiempo, llega a mitigarse aunque no desaparezca,  pero si se ha construido una base lo suficientemente cimentada en el misterio de la amistad, se convertirá en una relación duradera en el tiempo. Y desde una óptica extrafamiliar,  La elegía de Miguel Hernández, consigue  que aflore en mí, el auténtico sentimiento de lo que debe ser una relación de sana y sincera amistad. Este poema es de lo más sutil y verdadero que nunca en verso (al menos para mí), se ha escrito sobre este tipo de relación humana, cuando el poeta expresa: “En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto como del rayo, Ramón Sijé, con quien tanto quería. Yo quiero ser  llorando el hortelano de la tierra que ocupas y estercolas. Compañero del alma, tan temprano… quiero apartar la tierra parte a parte, a dentelladas secas y calientes… y besarte la noble calavera, y desamordazarte… y regresarte” Todavía, escribiendo algunos de estos versos del poema elegíaco de Miguel Hernández, me emociono, de ver lo que se quisieron dos amigos, Miguel y Ramón por    de la amistad. De gran belleza y verdad es el capítulo 13 en la primera carta a los Corintios de San Pablo, pero en toda su extensión,  sobre todo cuando dice en su versículo 2:  “… aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo Amor, nada soy” porque amor y amistad caminan íntimamente vinculadas ya que estos dos sentimientos suponen un “vaciamiento de nuestro yo más íntimo, a favor del amigo o amiga, con quien se sufre y se ríe con quien se ama.  Y sigue el poeta Hernández: “ tanto dolor se agrupa en mi costado, que por doler me duele hasta el aliento… lloro mi desventura y sus conjuntos y…siento más tu muerte que mi vida”.

“Quédate” es una hermosa palabra en el vocabulario de un amigo. El Padre Baltasar Gracián (Siglo de Oro 1601-1658) hizo una gran sentencia: “La amistad no se compra, aunque algunos la venden; que los amigos comprados no lo son y valen poco”. Y nosotros, todos nosotros…¿Somos de los que intentamos comprar la Amistad… venderla? O acaso nos vaciemos desde nuestro interior por Amor al otro. Es para pensarlo.

¿Amigos? - Foto: Jordi Flores Casasempere

7 Comentarios

  1. AMISTAD. Bonita palbra Juan. Al paso que vamos tarde o temprano tendremos que desempolvar los clásicos para comprender que muchas cosas que parece que se han inventado hoy, ya se decían en tiempos de los romanos.

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  2. Y de los Griegos. La amistad es un sentimiento muy devaluado actualmente y que desde luego se basa en el amor desinteresado, siempre definimos amor como el sentimiento por el cual lo damos todo sin pedir nada a cambio, eso es tambien amistad, es tu amigo el que pidiendole dinero, te lo da “si lo tiene” sin preguntarte ni para que lo quieres, ni cuando se lo vas a devolver, ese es de verdad tu amigo.
    Hoy muchos jovenes nos presentan a su pareja como su amiga o amigo, tal vez esten acertados siempre y cuando lo den todo sin pedir nada.

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    • Mi querido Bernardino, vengo observando que estás empecinado en puntualizar los detalles históricos de algunos comentarios y artículos. Deberías de animarte y mandarnos algún artículo de ese género para nuestro deleite, así tendríamos la oportunidad de ilustrarnos con tu sapiencia.
      En cuanto a que amor y amistad es lo mismo, yo tengo serias dudas.

      Un saludo Bernardito…

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  3. Manolito, vaya brasa que das picha, ¿quien no emula, copia y se sirve de los conocimientos de los demás?, Vd. no ha copiado nunca verdad, vino al mundo sabiendo leer y escribir, qué maravilla.

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    • Doy la brasa, porque cuando algo cae en mis manos quiero sea original y no una burda copia transcrita por quien objetivamente quiere parecer a los ojos de la mayoría un intelectual en caché de primera.
      Al Sr. Parrilla creo que se le puede perdonar, mentes más ilustradas, rigurosamente más certeras no les ha quedado otra que pasar por los juzgados oportunos acusados de plagio, podemos recordar en esta tesitura al infausto Cela, premio Cervantes de Literatura por la gracia de…(Dios???)…..
      Más contemponáneos aún, como ejemplo ya andamos con Pérez Reverte, miembro de la Real Academmia de la Deslengua, otro que tal baila, I. Allende, R. Montero..y así un largo etcétera.
      Dice ud. que todos copiamos…bueno si, cierto, copiamos comportamientos, actitudes, obscenidades, heridas y pus de catadura diferente. Exceptuando lo positivo, lo auténtico lo bueno, la basura nos sirve como buen referente a fin de justificar lo inapropiado, falsificar, plagiar la negrura d la vida.
      Un amigo de Moix dijo aquello de: ”Escribir para mi, es pasarme un paño a la verónica por el alma, y mostrarlo para que se vean como derraman las heridas”
      Pero claro, eso lo dice quien tras una larga y dilatada vida al servicio de la literatura, deja tras de si una fundación que lleva su nombre, un arsenal de libros de toda etilogía absolutamente imprescindible, de tal manera que no se entendería la cultura sin su participación más inmediata. Precisamente el talento al que aludo, no se le pueden adjudicar comportamientos oprobiosos en su oficio de pluma y papel.
      Cuando leo algo, señor mio, quiero leerlo estrenado, no de segunda mano y tergiversado, apropiándose para si, un modismo literario que no le corresponde, de ello puede dar fe su amiga Merche (una pedante literaria de toma pan y moja).
      Dar la brasa no es malo, más bien estimulante, lo jodido sería darse cuenta del percal y darlo por bueno. Y como decía E. Mendicutti, escribir lo contrario de lo que se piensa y se es, cuando menos es un acto gallardo de hipocresía cenagosa.
      Vamos, en román paladino que diría Anguita, hacer algo, escribir algo pa lucirse en esta sociedad linarense, por aquello del caché, del status, de la referencia social, de la solvencia presuntamente moral…viene a ser algo así como escupir hacia al cielo…(siempre suele caer en la cara).
      Por lo demás, agradecido de su referencia, donde incluso ha tenido ud la cortesía de mencionar mi nombre, a más redundancia, y cuando así me sea solicitado le muestro hasta los palominos de is calconcillos. Saludos y buena Navidad. jejej.

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      • Amigo resentido. Sé que probablemente has conocido la amistad y que tal vez la pudiste haber cogido en su vuelo, pero se elevaba mucho más de lo que pudiste alzarte, por lo que sea y si es verdad que lo que pierdes se queda perdido. Lo siento, a la vista de lo que escribes no creo que nunca llegues a conocer el favor que me has hecho uniéndome negro sobre blanco con Juan, con quien tanto quiero.
        No te conozco y no quiero ofenderte sino desearte feliz navidad, pero recuerda una cosa: “El aburrimiento es la interiorización de una igualdad mal entendida” y como soy una pedante hago ostensible mis conocimientos que no han elegido nunca el camino de la tergiversación.
        Por ciero, me encanta mojar.
        Te quiero Juan, amigo. Cicerón sí que sabía.

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