Nuestros sueños y esperanzas serán nuestra auténtica muerte. Hay dos tipos de sueños: Los que sabes que se cumplirán y los que te harán soñar aún más.
La edad no nos hace viejos, sino, la resignación de dejar de soñar, pues soñar es la única cosa que nadie nos puede arrebatar.
Los sueños, sueños son, como diría Calderón encudreciendo la realidad, pero un amante diría: “Si los sueños solo son sueños, cuando esté contigo, que no me despierten, por favor.”
Los sueños hay que tenerlos bien grandes para no perderlos de vista mientras se persiguen, pero hay que tener mucho cuidado con los sueños; son las sirenas de las almas. Ellas cantan, nos llaman, las seguimos y jamás retornamos.
El mundo de los sueños es infinito, cada uno tiene el suyo propio, que muchas veces coinciden con los de las demás personas. El mundo real es mucho más pequeño que el mundo de los sueños, que es donde se construyen los famosos castillos, aunque las princesas y príncipes azules que residen en ellos, generalmente se destiñen en el primer lavado. Hay que saber que el cielo también nos pertenece en los sueños, hay quien vuela con la imaginación sin poner los pies en el suelo, otros hacen edificaciones en las nubes, otros se les va el santo al cielo y muchos otros dejan que los pájaros aniden en su cabeza. De razones vive el hombre, de sueños sobrevive.
Terminaré mi sueño diciendo: “He construído castillos tan hermosos en mis sueños, que sólo con las ruínas me conformaría”.

“Vida y muerte sueños son,
y todo en el mundo sueña,
sueño es la vida en el hombre,
sueño es la muerte en la piedra”.
(Ángel Ganivet)

Los sueños