En estos tiempos de crisis que corren, en estos tiempos de pesimismo endémico, de críticas destructivas, de euforias malsanas cuando los demás se alegran de nuestros fracasos porque son iguales que los suyos, en estos tiempos en los que se entretiene al pueblo con pan y fútbol, en los que una minoría artística y cultural se ahoga en su propia endogamia a pesar de denodados esfuerzos por transmitir denuncias y optimismos, en los que se prohíbe más que se permite, en los que se quita más que se da, tiempos de crisis en los que se regresa a las creencias y religiones fanáticas y a la superchería, obviando los avances de la ciencia, que por otro lado, en cuestiones de salud, sólo parecen ser para beneficio de unos pocos, en estos tiempos en los que se cierra más que se abre, en los que algunos quieren vivir de los demás, en los que se han perdido los valores humanos, no la mojigatería, en los que el respeto a los semejantes y hasta a uno mismo es una entelequia, en estos tiempos de pobreza en los que más se apuesta a juegos de azar, en los que se prefiere lo casposo a lo sensible, que no sensiblero, en estos tiempos en los que se va a la guerra sin saber por qué, en estos tiempos de chismorreo en los que el daño es gratuito, tiempos de incoherencias bendecidas por las iglesias, en los que los derechos humanos son una utopía, en los que se santifica a los ladrones, en los que quedan impunes los asesinos, en los que se prefiere el Gran Hermano a las Horas, en los que se crítica el sacrificio de los animales mientras se venden armas para hacer niños guerreros, siempre que sean negritos claro, en estos tiempos que corren en los que se miden los muertos nucleares y no los del hambre, en estos turbios tiempos sólo se me ocurre esconder la cabeza como el avestruz en un buen libro de poesía y evadirme de este mundo que podía haber sido el mejor de todos. “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”, tan tópico como hermoso. Y, a través de las palabras, de las ideas, de las imágenes, de la belleza, renacer como el ave fénix de las propias cenizas para algo más que gritar y pensar y sentir y decir y hacer, para contagiar a todos, a este pueblo inerte, de algo más que pesimismo, para contagiar a todos de ideas, de acciones y de voluntades. Para contagiar de ganas a este Linares que las tiene, aunque a veces no lo sepa.

Horror y esperanza