Malos tiempos para la lírica

En estos tiempos de crisis que corren, en estos tiempos de pesimismo endémico, de críticas destructivas, de euforias malsanas cuando los demás se alegran de nuestros fracasos porque son iguales que los suyos, en estos tiempos en los que se entretiene al pueblo con pan y fútbol, en los que una minoría artística y cultural se ahoga en su propia endogamia a pesar de denodados esfuerzos por transmitir denuncias y optimismos, en los que se prohíbe más que se permite, en los que se quita más que se da, tiempos de crisis en los que se regresa a las creencias y religiones fanáticas y a la superchería, obviando los avances de la ciencia, que por otro lado, en cuestiones de salud, sólo parecen ser para beneficio de unos pocos, en estos tiempos en los que se cierra más que se abre, en los que algunos quieren vivir de los demás, en los que se han perdido los valores humanos, no la mojigatería, en los que el respeto a los semejantes y hasta a uno mismo es una entelequia, en estos tiempos de pobreza en los que más se apuesta a juegos de azar, en los que se prefiere lo casposo a lo sensible, que no sensiblero, en estos tiempos en los que se va a la guerra sin saber por qué, en estos tiempos de chismorreo en los que el daño es gratuito, tiempos de incoherencias bendecidas por las iglesias, en los que los derechos humanos son una utopía, en los que se santifica a los ladrones, en los que quedan impunes los asesinos, en los que se prefiere el Gran Hermano a las Horas, en los que se crítica el sacrificio de los animales mientras se venden armas para hacer niños guerreros, siempre que sean negritos claro, en estos tiempos que corren en los que se miden los muertos nucleares y no los del hambre, en estos turbios tiempos sólo se me ocurre esconder la cabeza como el avestruz en un buen libro de poesía y evadirme de este mundo que podía haber sido el mejor de todos. “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”, tan tópico como hermoso. Y, a través de las palabras, de las ideas, de las imágenes, de la belleza, renacer como el ave fénix de las propias cenizas para algo más que gritar y pensar y sentir y decir y hacer, para contagiar a todos, a este pueblo inerte, de algo más que pesimismo, para contagiar a todos de ideas, de acciones y de voluntades. Para contagiar de ganas a este Linares que las tiene, aunque a veces no lo sepa.

Horror y esperanza

Sobre el autor

5 comentarios en “Malos tiempos para la lírica”

  1. “Dentro de nosotros existe algo que no tiene nombre
    y eso es lo que realmente somos». -José Saramago-

    TRAZOS DE VIDA
    Vuela el pájaro, reposa en la rama, vuela de nuevo y trazo con mis dedos el movimiento de sus alas. Me asombra la precisión con la que ejecuta cada uno de los gestos, que marcan la celeridad del aleteo. Me gustaría crear una caligrafía con esos trazos, para saber qué dicen mientras planean por el ancho cielo.
    Cuando yo era pequeña, quería escribir la historia de mi vida. No porque fuera una niña prodigio, llena de talento y con historias extraordinarias que contar. Quería escribir sobre algo que no entendía y pensaba que al darle las palabras adecuadas, ellas mismas, las palabras, me lo darían a conocer o entender.
    Lápiz en mano y con una hoja arrancada de mi libreta de matemáticas, me disponía un día tras otro a expresar toda esa vida que quería contar y que no me cabía en el corazón, ni en la pequeña hoja de mi cuaderno.
    Dada mi naturaleza tenaz y perseverante, comenzaba enlazando unas palabras con otras y siempre me quedaba en la misma línea, como si algo me impidiera seguir adelante; una congoja, una angustia que no me dejaba engarzar los pensamientos. Quería y no podía trazar con mis manos, la caligrafía de mis sentimientos.
    Es tan bello el vuelo del ave…debe ser hermoso ver las cosas desde el cielo: la copa de los árboles, cabezas coronadas de laurel; los campos tapizados con cintas de colorines, lienzos de cosecha para el sustento. Y los hombres y mujeres tan diminutos que parecen leves criaturas recién llegadas al majestuoso escenario. Trazos de vida…

    “Había una vez una niña que no podía caminar…”
    “Érase una vez una niña que no podía andar…”
    “Os voy a contar la historia de una niña que no podía…”
    Y al llegar a ese punto, al escribir esa palabra, todo un mundo de dolor e incomprensión cercaban las palabras, como si el deseo de escribir su vida fuera sitiado por un maleficio. Pasaban los días, y el cuaderno se quedaba sin hojas como el árbol en otoño.
    “Había una vez una muñeca de carita morena y ojillos vivarachos. Era la alegría de su dueña que la cuidaba con esmero y la llenaba de mimos y abrazos. La muñeca de esta historia no necesita muletas para caminar, ni encorva su cuerpo cuando se sienta en su sillita. No tiene aparatos ortopédicos; no va vestida de hierros, correas, ni le aprietan las botas porque no las lleva; lucen sus pies unas sandalitas por donde asoman unos dedos sensibles y simpáticos desde el más gordete hasta el pequeñín, como hermanos inseparables.
    Otro día seguiré hablando de ella, pues aún no tiene nombre ni sé qué más decir. Yo quería escribir mi vida pero me duele algo por dentro cuando hablo de mí; sé que podría contar muchas cosas pero lo que realmente quiero contar, lo que verdaderamente quiero expresar en la hoja de mi cuaderno, me causa tal dolor, que no puedo conducir el escrito. No tengo trazos.”
    Fotograma a fotograma repaso la imagen de esa niña que no podía caminar y tampoco podía escribir sobre ello. Cómo expresar con ocho años que para desplazarte uno, dos, tres pasos, necesitas poner en marcha todo un dispositivo, todo un mecanismo para lograr uno, dos tres pasos. Cómo dar significado a una infancia sin el vuelo natural, ese vuelo que permite experimentar los juegos, movimientos, risas del cuerpo en su más espléndida manifestación.
    Vuela el pájaro, reposa en la rama. Vuela de nuevo y su trazo deja una estela en el aire. Volar es fácil, andar es fácil, correr es fácil, volar, volar…
    La niña acallaba su tristeza para no perturbar mi andadura paso a paso por la vida. Yo le daba mi coraje y ella seguía con su hoja de cuaderno. Pensé que dejaría de lamentarse por sí sola al verme libre de la ortopedia, libre del manual de instrucciones para desplazarse de un lugar a otro.
    -¿Qué quieres que haga por ti? -le pregunté una noche oyendo su llanto.
    -¿Qué quieres?-
    -¿No te basta mi coraje, mi fuerza, mi esfuerzo, no es suficiente todo ello?- Deberías sentirte feliz con mis logros, las dos hemos conseguido sobrevivir a lo que un día curvó nuestra infancia.
    -¿Qué palabras necesitas para sanar tu tristeza?-
    -La caligrafía del vuelo,-me contestó.
    Y entonces comprendí que sin querer, había silenciado su dolor para no sentirlo como propio. Acallé su pequeña alma dolorida y no atendí qué me quería decir con sus torpes trazos al dar un paso, dos, tres… Mi coraje no la redimió del dolor. Ahora que sé lo que necesita, creo para ella esta caligrafía, esta pequeña historia, donde ella es la muñeca de carita morena y ojillos vivarachos. Una muñeca muy querida por su dueña que le ha trazado un mundo de palabras, para que elija las más hermosas, y pueda volar con su imaginación a la altura de las aves que planean por el cielo.

    FIN

  2. Cierto que son malos tiempos para la lírica y a pesar de ello, no he podido resistir compartir este breve relato.
    Como dijo en su momento Galileo, «y sin embargo, se mueve…» Ahí estamos.
    Un abrazo y p’alante
    Carmen Sampedro
    Presidenta de la Asociación de personas con discapacidad física y orgánica de Linares y comarca MANANTIAL.

  3. Cuando la realidad carcome, las palabras no curan, ni alivian las voluntades, ni llenan las esperanzas. La poesia resoba en letanía y los pensamientos crujen. Solo queda el tiempo que traga historias, hombres, sueños, todo. ¿Que hora tenemos?

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