Según la R.A.E. un epitafio es la inscripción que se pone, o se supone puesta, sobre un sepulcro o en la lápida o lámina colocada junto al enterramiento. Algunos han llegado a nosotros en modo humorístico, como el de Groucho Marx, “Perdone señora que no me levante” (en realidad no aparece en su tumba, pero sería muy propio de él) Otros son larguísimos y aburridísimos, como el de Isacc Newton, además en latín; no teman, no lo voy a transcribir. Algunos describen la personalidad del difunto “No es que yo fuera superior. Es que los demás eran inferiores” Orson Welles. Otros reflejan a través de un tercero como excusa lo que a uno le hubiera gustado ser en vida y no fue “Aquí reposan los restos de un ser que poseyó la belleza sin la vanidad, la fuerza sin la insolencia, el valor sin la ferocidad y todas las virtudes de un hombre sin sus vicios” de Lord Byron para su perro “Botswain”. Hay epitafios que reflejan la vanidad de autoerigirse salvador del mundo, y no me refiero a ningún dios; “Volveré y seré millones”, dijo Tupak Katari; el epitafio fue mal atribuido a Evita Perón, en realidad en su tumba reza “Evita, eterna en el alma de tu pueblo”. Otros, sin perder el sentido del humor, no dejan de ser didácticos, Alfred Hitchcock pensó en “Esto es lo que le pasa a los chicos malos”. Nadie se atrevió a ponerlo. Jean Eustache dejó colgado el la puerta de la habitación del hotel dónde se pegó un tiro la siguiente nota “Llame fuerte, como para despertar a un muerto”. Otros poseen un cierto tinte terrorífico como “No envidiéis la paz de los muertos” Nostradamus. Ciertos personajes han decidido escribir su epitafio antes de morir, es el caso de Antonio Gala “Murió vivo”. Al pensar en un epitafio es inevitable, en este país mordaz que vivimos, recordar el chiste que tanto puede a tribuirse al sexo masculino como al femenino “Aquí yace mi esposo/a, tan frío/a y rígido/a como en vida”. Mel Blanc el actor que prestó su voz a Bugs Bunny dice lo único que podía decir: “That’s all folks” (Eso es todo, amigos). Pero no se vayan tan pronto, aún les queda decidir que epitafio le gustaría para su propia tumba, después de su muerte; con que frase le gustaría que les recordaran, o les ignoraran. Piensen, tienen toda la Navidad, mejor toda la vida, por delante.