¿Cómo se reconoce a la persona honesta? Porque habiendo visto la corrupción, la persona honesta no cae en la trampa de esa corrupción. Aunque puede ser tentada.
El Maestro contó la siguiente historia: “Huyendo de la policía, un contrabandista pidió a un monje con fama de santo, que le escondiera lo robado, porque dada su reputación nadie sospecharía de él”.
El monje se irguió indignado y ordenó que abandonara el monasterio al instante. ¡Te daré cien mil dólares por el favor! Le dijo el contrabandista. El monje dudó ligeramente antes de negarse. ¡Doscientos mil! Dijo el ladrón. Pero el monje volvió a rechazar la oferta… ¡Quinientos mil! Entonces el monje esgrimió amenazante un grueso bastón y le gritó: ¡Marcha de aquí ahora mismo, porque estás acercándote mucho a mí precio!” A lo peor es que todos tenemos un precio, cosa que dudo.
Hoy estamos asistiendo estupefactos ante la corrupción de personas tanto conocidas como no, por las noticias dadas en los medios de comunicación sobre de los depósitos de dinero en los distintos paraísos fiscales, ahora en Panamá y quienes también viven alrededor de este gran fraude.
Parece ser que el uso adecuado de la arquitectura financiera es en algunos casos, tan legal (pero al tiempo tan inmoral) que en general las personas corruptas están reglamentariamente tan amparadas por las tramas legales, que es difícil que tuviesen algún problema con la justicia. Algunos no se hacen tan tremendamente ricos si no es a través del robo o la injusticia que ejercen mediante la explotación de los demás. Recientemente un informe de una ONG nada sospechosa como es Cáritas alarmaba las conciencias de la mayor parte de la ciudadanía diciendo que ocho de cada diez niños españoles se verían sumidos en un futuro reciente en el pozo de la exclusión social, y por tanto abocados a la pobreza o la miseria.
Mientras, algunas personas corruptas, ignoran conscientemente esta terrible realidad en Europa y en el mundo entero, importándoles un bledo el sufrimiento del ser humano.
Estos/as cínicos/as sí que son religiosos. Su dios es Mamón.
Mamón o Mammón (véase la génesis de tal nombre) es el arquetipo de la avaricia, la codicia y el materialismo, es el demonio que sonríe ante los abusos del capitalismo salvaje, el incremento de la brecha entre ricos y pobres y la servidumbre desmedida del alma humana por adquirir dinero. Hay un pasaje evangélico que dice: “No se puede servir a dos señores, a Dios y al dinero” o esta otra: “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el reino de los cielos”.
Quizás lo más importante de la crisis, es que ha puesto al descubierto el modelo de sociedad que se nos intenta imponer. Obviamente, este cuestionamiento va acompañado por la aparición de otro modelo, frente al modelo capitalista neoliberal, irredenta y asquerosamente cínico.
En realidad, un Estado de derecho no puede existir mientras exista el capitalismo, entendido como ausencia real de democracia económica. Estado de Derecho y capitalismo no pueden coexistir. Los principios, los valores, las actitudes y los criterios de nuestro modelo de sociedad de Derecho, son incompatibles con los del modelo capitalista.
Esto lo ha proclamado sin rodeos el Papa Francisco en la ciudad de Cagliari (Italia) el 22 de septiembre, en una Misa a la que asistían miles y miles de personas: “No queremos este sistema económico globalizado que nos hace tanto daño. Hombres y mujeres tienen que estar en el centro (de un sistema económico) como Dios quiere, no el dinero. El mundo se ha convertido en un idólatra de este dios llamado dinero. Y esto no es un problema de Italia y Europa (…) es la consecuencia de la elección del mundo de un sistema económico que ocasiona esta tragedia, que tiene en el centro a un ídolo que se llama dinero”. Francisco es “comunista” sin duda. El capitalismo es el becerro de oro que adoraron los israelitas mientras Moisés bajaba con las Tablas de la Ley.
Carlos Marx, que a muchos sorprenderá, estuvo imbuido de una religiosidad pietista (piadosa) que en su tiempo se oponía al poder, se apoyaba en el pueblo de Dios de los pobres y demandaba la praxis cristiana. Combatía el luteranismo ortodoxo, que presentaba a un Dios lejano y abstracto que sumía al creyente en un inmovilismo, causante de una vida espiritual estéril, vacía, resignada y fatalista. Como podemos ver hasta aquí, en materia de religión nada ha cambiado.
Los creyentes, para los cuales la religión consiste no en palabras sino en hechos, deberían luchar contra este poder divinizado del dinero, considerado como el Anti-cristo. Nos dice Benjamin Forcano.











Sr. Parrilla quisiera comentar su magnífico artículo.
En primer lugar, el hacho de que la depredación económica sea legal en los estados capitalistas en los que vivimos actualmente, a pesar de llamarse Estados de Derecho, no quiere decir que sea digna. Recordemos que no hace demasiados años La Esclavitud era legal en todos los Países Occidentales y, todos sabemos lo vejatoria que es.
En segundo lugar tengo mis dudas acerca de que la solución a los problemas que usted plantea esté en la religiosidad. Recordemos que las religiones se han institucionalizado de tal manera que la corrupción y el asunto económico priman por encima de todos los preceptos que, con buena voluntad, pudieran prescribir las religiones. Hoy mismo ha fallecido quien fuera fundador y Presidente por muchos años de Cajasur, señor Castillejo, y he oído escandalizado en la radio que cuando se intervino tal entidad, por problemas de honestidad económica, se indemnizó a este señor, que era SACERDOTE, con más de cuatro millones de euros.
Personas honestas y justas, como el Papa Francisco, sin duda las hay en la Iglesia Católica y en todos lados; pero creo que sólo férreas leyes con mecanismos de control, aprobados por personas honestas (ya vemos que haberlas ailas) pueden salvarnos.
Cordiales saludos.
Ciertamente el Sr. Catillejo fue un personaje inefable. Lo conocí personalmente en mi etapa de concejal. Personajes como éste son o han sido el cáncer de la sociedad y desde luego de la iglesia. Era conocido como Don Langostino, por su «religioso» fervor a tan suculento manjar. En el año 2000 se hablaba de quinientos millones de pesetas de indemnización cuando lo largaron de la Caja. Igual como Vd. dice fué la cantidad que señala.
Creo, espero no equivocarme, que Cajasur financió la mayor parte de las obras de la Fundación Segovia cuando él era su presidente. pero esto no quita lo que refiero anteriormente.
Saludos.