Este parque, construido sobre el el casi último tramo urbano del Arroyo Periquito Melchor, se ha convertido en un lugar placentero para mis paseos y ejercicios de mantenimiento. Casi cada día me acerco, andando desde casa, para recorrer dos o tres veces el hermoso camino que se extiende paralelo a la cerca. Dependiendo de la estación y el ánimo del momento, doy prioridad al paso más o menos vivo o a la contemplación natural del paraje que siempre incluye una mínima atención al cuerpo usando las variadas máquinas instaladas al efecto.
En tales paseos, junto al disfrute que los mismos suponen, me vienen a la mente pensamientos dignos de compartir con el vecindario. Unas veces me centro en los disitintos aspectos de mi propio placer. Otras reparo en el tímido uso de este bien colectivo, apenas insinuado por escasos grupos de jóvenes o familias que ocupan alguna de las cómodas mesas instaladas en acogedores rincones para conciliar encuentro placentero y naturaleza. No falta ocasión para que mi pensamiento vaya arroyo arriba pensando en posibles y discutibles mejoras para el propio parque y la ciudad. Todo ello, sin excluir los encuentros personales que, por habituales, se van convirtiendo más o menos en amistades.
En coherencia con dichas cavilaciones, hoy se me ha ocurrido hacer de guía para quienes no conozcan el lugar. Nos podemos acercar, saliendo por la que fue travesía hacia Bailén. Antes de llegar a la antigua gasolinera de la Campsa, se nos presenta la puerta principal en una airosa cerca. Delante de la misma, encontraremos una explanada con bancos sombreados. Desde ella, algo más abajo de la carretera, podemos atisbar un amplio aparcamiento parcialmente ocupado.
Al entrar al propio parque encontramos una lápida metálica, en la que faltan algunas letras, que nos informa sobre el propio recinto. Dejando atrás un cuidado jardín de cesped, sobrepasamos por un piso de madera, un doble estanque de fondo azul donde borbotean unos caños. Enseguida nos encontramos en un hermoso paseo flanqueado por plátanos de sombra y farolas que escoltan a unos vistosos bancos metálicos sobre solería de colorido terrazo. En uno de dichos asientos, un señor mayor protegido por una sombra suave, disfruta de su envidiable lectura. A principio del mencionado paseo hemos dejado sendos equipamientos, a la izquierda la chiquillería trepa o voltea en tobogán u otros cachivaches, mientras a la derecha una pareja adulta se ejercita en otros aparatos. Casi al final del citado paseo, junto a una casita de piedra vista dejamos otra mullida zona para solaz de la gente menuda. Sin llegar a ambas zonas, torcemos por la derecha bordeando una fuente surtidor, que a falta de agua nos muestra unos gaciosos angelotes de piedra artificial.
El camino, que ahora rodea lo que nos faltaba del hermoso paseo central, desciende dejando a ambos lados una vegetación desigual de encinas, sauces llorones, y alguna conífera de distinto origen y años. Hay un seto que en algunos recovecos dejan lugares atractivos para la charlao merienda placentera en torno a una espaciosa mesa de madera. Cuando hemos pasado la curva, podemos contemplar, según mi parecer, el lugar más entrañable del parque. A nuestra derecha se despliega un creciente bosquecillo que, sobre todo en otoño, es un regalo impagable para la vista. Un conjunto de árboles de hoja caduca como chopos, álamo blanco o negros, alguna acacia o robles atemperan la caida de sus follaje para ir formando una deliciosa sinfonía de colores.Toda tonalidad de verdes se entremezclan para, amarilleando, ir pasando por variados marrones, para acabar en una rica gama donde los morados y los lilas salpican a todos los anteriores en una pasmosa combinación.
Si superamos esa fiesta de color, nos embelesaremos en la vida que trata de regenerarse en el estanque que ha quedado a nuestra izquierda. Allá, dos caños buscan el cielo aireando las aguas tranquilas del arroyo. Entre los cañaverales y arbustos de la orilla podremos contemplar el creciente grupo de patos que nadan o haraganean en torno a la charca. Tras este instante, hemos de subir las cuestas que dejan a nuestra izquierda la canalización y otro camino para abreviar el paseo. Pasando junto a unos padrones donde alternan viejos naranjos con arbustos y enredaderas, accedemos a la que había sido nuestra entrada por la puerta principal. Desde allí, y mirando hacia el aparcamiento, quedan hoy la amarillas máquinas que nos dispensan del habitual ejercicio.
Valga en mi descargo, el intento de compartir con quien haya llegado hasta aquí el placer.











Un parque donde montones de veces me he tenido que ir porque niños pequeños incordiando a otros hasta el punto de tenerte que ir. parque donde el guarda me regaña por montar a mi hija en mis brazos con 5 meses para columpiarse conmigo pero no regaña a sus conocidos cuando tienen 15 o 16 años y no bajan de los columpios para que los pequeños monten. Parque donde algunos niños suben descalzos y ponen los pies en la boca a otros. donde hay niños sin control adulto que hacen y deshacen a sus anchas. donde su guarda campa a sus anchas paseando con su furgoneta por el parque con el peligro de todos los niños que andan por allí. donde hay varias puertas de acceso y así todas están cerradas y si vives cerca de un puerta tienes que llegar a la principal para poder pasar. Este es el bello parque que se describe…cualquiera en cualquier día lo puede comprobar…
Pues yo voy con bastante frecuencia y no he tenido ningún problema. Efectivamente he visto como el guarda llamaba la atención a alguno, generalmente porque pasan con los perros o mayores con bicicleta (si no se puede, pues no se puede). Respecto a las puertas la cerradas son las que dan al Cerro. Precisamente creo que está este hombre para controlar a los ‘suyos’ porque le respetan. Si fuera otro guarda habría que ver que pasaba (una pena pero es así). De hecho, creo que es el mejor parque de Linares con diferencia y el mejor cuidado. Hay otros sitios estupendos, por ejemplo el de la Estación de Almería (que también visito) que está destrozado y también hay problemas con los maleducados (grandes o chicos) y no se puede decir que esté en un mal sitio. O sea, que lo en el parque de Cantarranas creo que, quien haya sido, ha tenido un acierto.