Andalucía es la tierra más atractiva y la más atrayente, la que te absorbe y confunde la esencia y la existencia hasta hacerte alguien compendio de la historia que todos los que nos precedieron soñaron para nosotros.
Es una dulce cadena ya cuando te conduce con su tenue y perfumado pañuelo y te lleva hacia lo desconocido, hacia el horizonte de lo inmenso, hacia el “sí pero no”, tan magistral y equilibradamente sugerido, que te confunde hasta hacerte creer que el sí es no y el no es sí, permaneciendo en una duda que mantiene una permanente e ilimitada sorpresa.
Y así, prendido de las alas del misterio, te mostrará el cielo límpido y azul, genuinamente azul, maravillosamente azul. Nada, nada quedará en tu pensamiento hasta que, bajo el manto turquesa que no conocías, te conduzca al sonido de su silencio, de su hermoso silencio, sólo interrumpido por el deslizarse de millares de estrellas cercanas.
La belleza de su noche te cautivará pero no llegarás a saborear su tacto porque, sin darte tregua, te transportará a los ocasos más rojos, escenarios de pasiones cercanas que todos los atardeceres repite el sol celoso, que se resiste a debilitarse, que se obstina en negar el paso de la luna permisiva que oculta todos los actos de amor o de nostalgias, bajo el haz de luz plateado.
Y esta tierra de duende, te vuelve a encandilar con contrapuestas sensaciones al poner ante tus ojos hileras uniformes verde y plata, tantas que harán que tu vista se pierda y se serene en la estabilidad del horizonte. Y así, podrás impregnarte con accesibilidad generosa, complaciente y comprensiva, del líquido verde y denso, el más deseado y más suavizante de recuerdos, olvidos, añoranzas y miedos que pueden muy bien calmar otras nostalgias. Porque, compadecida de ti, cogerá tus manos y las pasará por el tronco retorcido y sabio, sereno en su tristeza de tantas sequías y tantos nomadismos y después, te mostrará con orgullo su origen, su fuente y su río, solidarias gotas que guardan en su transparencia el avance sublime de la profundidad.
Pertenecemos a un río patriarca que fertiliza mansamente su tierra aunque se duele de la transformación terrosa de su agua, ahíto de arrastrar todas las ansiedades, de aceptar todas las sonrisas, de acoger todas las condiciones, de ofrecer todas las generosidades, hasta dejarse morir desparramado, lejos, en el confín que él define y posee, en el mar, denso y profundo que se abre.
Al fin descansará en la altura del pico más alto, otro totem en cuyas laderas duermen pueblos blancos, esplendorosamente blancos. Allí comprenderás que está terminando su ceremonia de conquista y se sentará a tu lado y te hablará con su lenta cadencia, con palabras de viento suave y acariciador de su espera, mientras te entrega el pañuelo empapado de ambos sudores, para que ya no puedas abandonarla, en una simbiosis que confundirá el principio y el fin de las identidades.
Ya sólo habrá una sola identidad: Ser andaluz.
Nada puedo añadir ya a ese vuelo majestuoso a través de ella. Ahí está todo. Y no sé la vuestra, pero esta sí es mi Andalucía. Así la siento.










Un absoluto desbordamiento del Al Quivir convertido en entrañable poesía.
Es de lo más hermoso que te he leído desde hace tiempo.
Felicidades Mercedes, por ese sentir que emociona y llega a lo más íntimo del corazón.
Jordi, enhorabuena por la foto. Es imposible no enamorarse de Graná desde este mirador. Chapeau, cacho fotógrafo.
Sueño, cielo, noche, ocaso, duende, olivos, río, sierra, sol, mar, generosidad, altura… silencio en la identidad. Ser andaluz.
Precioso artículo Mercedes, tú dices Felicidades Andalucía y yo te digo Felicidades Mercedes, como suele ser habitual un escrito hermoso y un honor compartir la belleza que describes con personas como tú.
Cuando se ven los votos negativos a las expresiones de sensibilidad de quienes se felicitan por este artículo, se puede adivinar que tipo de gente vota así.