LA ENVIDIA, EL GRAN PECADO NACIONAL

Más que de pecado, refiriéndome a la envidia, prefiero llamar a la envidia un “vicio capital” ¿Y por qué capital? Sencillamente, porque de este vicio se derivan otros no menos importantes que él.

De los siete vicios o  pecados “capitales” quizá la envidia sea el peor de todos, porque a veces nuestros propios sentimientos hacia alguien, pueden hacernos más daño que nuestro peor enemigo.

Pero llevamos ese enemigo, ese cáncer que es la envidia, tan dentro de nosotros, tan fuertemente adherido a nuestras neuronas, que sólo desde una  aceptación de  nosotros mismos, esa reflexión pueda sacarnos del infierno que nos provoca la envidia, que conduce inexcusablemente cuando menos al odio, la maledicencia, la calumnia, la infamia y el desprecio hacia otra persona.

Si Sócrates, Miguel Servet, Luther King, pudieran hoy dar testimonio del infierno en que estaban sumergidos sus envidiadores, sus odiadores…

Sólo cuando se lucha en la vida por algo que merece la pena, sólo cuando actúas y piensas por ti mismo, sólo cuando se da la cara ante los demás y se tiene la valentía de decir “soy yo” esto pienso, en esto tengo comprometida mi vida, es cuando aparecen las envidias a tu alrededor y aparecen tus enemigos.

Suele decirse que cuentes tus logros como ser humano, por el número de enemigos que tengas. Pasando  por la vida si  se va de “incognito” no se tendrán enemigos y eso para muchos es una gran suerte.

¿Tienes enemigos? Lógico, porque eso significa que has luchado por algo que merecía la pena en algún momento de tu vida o has hecho de tu lucha comprometida por mejorar lo que te rodea, tu modo de vida.

La gente normalmente odia por varias razones, pero sobre todo, porque se odian a sí mismos… y la verdadera autoestima no deja lugar para la envidia. Cuando eres consciente de tu propio valor, no tienes necesidad de odiar o envidiar. Nunca entendí aquella expresión de  “envidia sana”.

“La envidia es mil veces más terrible que el hambre, porque es el hambre espiritual” (Miguel de Unamuno).

Y la envidia procura hacer mucho daño al envidiado, porque el envidiador, pondrá toda la maquinaria en marcha para perseguirlo sistemáticamente y hacerle la vida imposible, machacando anónimamente, cobardemente… Pero creo que el mejor antídoto contra la envidia del otro, y los insanos actos derivados de ella, es ignorar a este tipo de gente, que ya sufre su propio infierno personal debido a su falta de autoestima, porque no son capaces de mirarse al espejo para descubrir sus valores, aceptar sus limitaciones, potenciando los primeros y cambiando las segundas.

La envidia, cuando se instala en nuestro interior, elimina todos nuestros sentimientos positivos. Cuando hay envidia, no puede haber gozo, no puede haber Paz, no puede haber tranquilidad, no puede haber satisfacción. Sólo habrá frustración y desilusión… y nos llevará al abismo.

Sí, la envidia es el peor vicio que tenemos los españoles, somos cainitas. Es como la carcoma que horada la madera para alimentarse de su savia.

El primer acto y consecuencia de la envidia que nos consta en la historia  con nombre propio, fue el asesinato de Abel, por su hermano Caín.

-Qué es lo que buscas?  La Paz, dijo el visitante.

-A quienes pretenden proteger su ego, la verdadera Paz sólo le ocasiona trastornos… Dijo el Maestro.

 Y a un grupo de gente, que había acudido a visitarle y a pedirle su bendición, les dijo sonriendo:   “Que la Paz de Dios os inquiete siempre”.                      

Sobre el autor

6 comentarios en “LA ENVIDIA, EL GRAN PECADO NACIONAL”

  1. La envidia podríamos sustituirla por: «la obligación de mejorar», para ello el ser humano debería estar ya en unos estadios de intelectualidad que hoy por hoy se me antojan lejanos.

    La envidia es parte del cúmulo de estímulos que nos empujaron a bajar de los árboles hace milenios, y a nadie le gustaría hoy volver a la rama ¿no?. Es buena por lo que tiene de instinto de superación, quiero tener lo que aquel, más que aquel… Lo que no es bueno es la frustración que se experimenta al no alcanzar lo deseado-envidiado por ser un bipode implume que no rinde, y entonces vienen los estados de cólera, acontinuación las depresiones, y finalizamos buscando consuelo y empatía en los que están igual (mogollón)

    Sí a la envidia. Si te compras un BMW pagaras más impuestos en iva y gasolina, con lo que habrá más recursos públicos para políticas sociales, das tu empujoncito al I+D, rendirás más, trabajaras más para pagarlo, y a demás te gustará…. y no escribirás pamplinas.

        1. Sr. Ciudadano, creo que se está riendo usted de mí. Pero si no es así, por qué escribe cosas que ni usted mismo entiende. A lo mejor quiere reirse de todos. Y mejor que un BMW con su sueldo de santanero, lo que le dan sus olivas y la venta de herramientas, como alguien ha comentado anteriromente a otro comentario suyo, cómprese un avión que paga más impuestos para ayudar más a los pobres con esos impuestos y demostraría ser un buen católico.

  2. Un artículo compacto y clarificador Sr. Parrilla. Ahora, permítame una sugerencia; escriba una segunda parte del mismo, dónde se ejemplifique, con hechos reales que por desgracia algunos conocemos en nuestra sociedad.

    Saludos

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