No, no es lo mismo. No es lo mismo ser del Este que del Sur, ni ser negro o blanco, ni ser pobre o rico, educado o analfabeto, ni ser de una religión u otra, ni ser de un país u otro para lo que sea. Ni Aylan ha sido lo mismo que cualquier otro niño de las pateras, a nadie se le ocurrido acoger a nadie de las pateras, a nadie le ha dicho el Papa que cada célula religiosa católica acoja a una familia, nadie ha dicho que la lucha contra la hambruna más terrorífica, cuando menos, sea igual que una guerra de estos árabes, me da igual a qué facción pertenezcan, se llamen Bashar o Mohamed. No, no es lo mismo, ahora se dice que no es lo mismo porque se trata de una guerra, pero no nos empeñemos en disfrazar las cosas, porque entonces ni seremos justos, ni tomaremos decisiones, ni dejaremos de ser hipócritas. Y como ciudadanía nos desgañitaremos a lo tonto mientras el sufrimiento más atroz nos sobrecoge. De todos. Y por todos.
Ahora estamos abrumados por la avalancha de refugiados de Siria, millones de seres humanos que quieren seguir la vida, y lo estamos quizá porque “amenazan” nuestras fronteras, nos rasgamos las vestiduras, proliferan los gestos de humanidad, los sacamos en televisión para que hablen y olvidamos que las violaciones de los derechos humanos, de mujeres y niños, el desprecio a la libertad, las masacres, los campos de refugiados, el terror y la no vida, campan por sus respetos en las tres cuartas partes del mundo que conocemos, el mundo más cercano, allí donde no ha pasado el tiempo ni se ha aprendido nada, allí donde el ser humano sigue sacando lo peor que hay en él. Y muchos no pueden hablar. O ni caso que les hacen. Según de dónde sean.
Estoy de acuerdo en que en Siria existe una de las peores guerras que conocemos, o la primera del siglo XXI. Primero era ir contra el gobierno dictatorial de Bashar Al-Asad, que no dimitió provocando una rebeldía, en aquel momento entendible pero que se ha visto invadida por islamistas y yihadistas, por si no había algo peor. Pero la culpa es de Al-Hasad, no lo olvidemos. Sin embargo nadie ha pasado de las palabras, a unos les interesaba y a otros menos, cada cual en su bando, nadie movió un dedo y la violencia brutal ha ido creciendo hasta límites paroxísticos hasta llegar donde estamos. De todo ya hace casi 5 años y ha dado esta consecuencia de petición de refugio, que la podrían haber visto venir, cuando sabían perfectamente el sufrimiento de la ciudadanía siria. Un sufrimiento humano, ahora se le añade el económico y nos los vamos a tener que repartir, que me parece bien, sí o sí, aunque a nuestro gobierno se le ve a la legua que no le gusta nada de nada, que no siente ni padece, que no lo “contempla”, aunque lo tenga que hacer. Lo que por otra parte es normal, porque así ha actuado con nosotros todo este tiempo.
Sin embargo la voluntariedad de los pueblos no es la solución, serán parches como siempre. Se dice que los gobiernos no tienen la culpa de este éxodo, tal vez no sólo los de la UE que es a quien le ha caído la patata caliente. Tal vez no, pero sí la iniciativa porque nadie quería a Al- Asad y han asistido impasibles a la impunidad del gobierno sirio. Ahora Francia, que lo agradezco, ha decidido ampliar a Siria los bombardeos contra los yihadistas o contra quien sea, porque ese país no puede seguir así con nadie de los que están. Todo deberá ser para que haya una nueva Siria y puedan volver.
Parece ser, creo que tampoco hay prisa, que se va a celebrar una Conferencia Internacional para tratar este problema desde luego mundial. Sólo espero, que es mucho esperar, que se tomen decisiones, la principal parar esa guerra civil como sea, y cuando digo como sea, digo como sea. Y sanear Siria. Los refugiados no quieren venir a la sopa boba, los refugiados es lo que piden.











Agradezco, Jordi, la foto de este niño. Quiero ver niños y niñas así.
En primer lugar quería decirte que me alegro de tu regreso y poder leerte de nuevo, siempre es un placer, aunque no se esté de acuerdo con tu punto de vista.
En cuanto al artículo, creo que es lo mismo de siempre, las grandes potencias y las multinacionales con sus intereses geopolíticos y económicos, que tienen como consecuencia estas situaciones dramáticas, que sufren como siempre los más inocentes y que luego el primer mundo, lava su conciencia con unos cuantos millones de euros, que le salen del alma y por la presión social que ejerce la ciudadanía. Yo en estos casos digo como decía mi abuela “Qué el Señor nos libre”
Buen artículo Mercedes, es la pura realidad-