Ya es el momento de desearos una feliz Navidad, para todos y para todas, para quienes creen en algo más y para los que no, para los que van a tener unos días placenteros y para los que van a terminar estresados, para los que viajan y los que esperan, para los que han sobrevivido a este año anodino para la mayoría y preocupante para los cientos de parados que llevamos encima de nuestra alma y nuestro voluntariado. Para todos, porque es obligado, porque esa es la cuestión de por qué la Navidad siempre es una fecha que no deja indiferente a nadie: que es obligado ser feliz. ¡Ahí es nada! La felicidad es un estado de ánimo que cuesta mucho trabajo conquistar, es esquiva y momentánea, y no va a ser posible que quien no lo haya hecho y mantenido anteriormente, lo consiga. Por otro lado no es cuestión de querer que pasen los días casi sin pena ni gloria para volver a la normalidad, hay que aprovechar los días de asueto. Por eso deseo que se tome con calma, que se viva el carpe díem, que no se aproveche para saldar viejas deudas, que disfrutemos del momento y no pongamos pegas a nada, que intentemos el encuentro cariñoso entre familiares y amigos, que protejamos nuestra emotividad y que todo el mundo tenga alimentos a su mesa y compañía para sus soledades, donde sea. Luego a dormir que llegan otros días.
Pero es verdad que en estos días previos no hay persona que no tenga algún problema con estas fechas. No hay conversación, compartida o escuchada, que no lleve a algún tipo de desazón porque siempre algo queda atrás. Aparte de solucionar las cenas o comidas, lo principal es saber con quién y dónde se van a pasar las noches principales, sobre todo la Nochebuena. Con las familias de uno o con las de otro, los niños y niñas, todos juntos o cada cual hacia su origen, los abuelos y abuelas que tienen que salir con el relente, los solitarios que no pegan en ningún lado, ponerse en viaje o esperar esa vuelta por Navidad… El caso es que, de cualquier forma, alguien se siente ninguneado y ya ni que decir tiene cuando hay ausencias que pesan en los recuerdos. Cuando pasa eso, yo diría que se procure mirar hacia adelante porque todo pasó en el ayer que ya tampoco existe. Yo también recuerdo que la tarde de Nochebuena llevaba a mis sobrinos/as al cine, a las películas de niños que en caso contrario quizá no hubiera visto nunca y que al volver a casa nos encontrábamos todos. Todo eso lo ha vivido todo el mundo, pero ya no porque el hoy es el hoy, el hoy de hoy no es aquel hoy de ayer y los recuerdos deben quedarse en su sitio, lo digo por cada equilibrio emocional. Esa noche es para recordar y repetir costumbres pero propongo que se haga con una añoranza constructiva. Y mirar hacia adelante. Yo realmente no le veo problema si dejamos de verdad que cada cual haga lo que le apetezca hacer, no tiene por qué enfadarse nadie porque cada cual se junte con los suyos o donde le apetezca, debe ser una noche más, quizá una noche que trascienda según las creencias pero por lo demás, que cada cual haga de su capa un sayo placentero, a veces pienso que los jóvenes hacen bien en juntarse también en Nochebuena y salir a la calle con ellos mismos, se quitan de esa especie de tedio que se produce a los postres.
No dramaticemos demasiado, hay quien lo vive como un culto al sol en el solsticio de invierno y lo aprovecha para juntarse, y quien lo vive como una efeméride a celebrar, algo que realmente se puede vivir como un día diferente cuando se cree que en la Nochebuena un Niño Dios vino al mundo y que a partir de ahí apareció una persona que iba a dar un vuelco a la Historia. Ese Niño, llamado Jesús, desde ese mismo instante y a lo largo de su vida, iba a ejemplarizar un camino de aprendizaje hacia la perfección con el fin de conseguir la paz interior. Yo creo que eso es lo que nos enseña, cómo estar en paz y en libertad con uno mismo, cómo llegar a creer que es posible practicar la bondad, la ternura, la misericordia, la comprensión, la libertad y una manera de vivir que no nos estrese, que no nos separe, que nos deje compartir la presencia, el amor y la amistad entre todos.
Vivir la Navidad no es tener los pajarillos interiores soliviantados porque somos felices, eso para todos no es posible, eso no nos puede unir a todos por igual, sólo la paz nos puede unir y lo digo después de haber vivido muchas navidades. Vivir la Navidad es tener paz interior y aprovechar cada uno la propia vida, y el de al lado la suya, y, preferiblemente, juntos. Por eso yo no suelo desear una felicidad momentánea, sino una PAZ permanente.










Mercedes, buen artículo y sobre todo comparto tu deseo “una PAZ permanente”. Aristóteles dijo: “que el hombre es un ser social por naturaleza” y es verdad, las personas no podemos vivir solas, necesitamos de los demás. Por ello debemos ser solidarios, pero no solo en Navidad, sino todos los días. Hay que tener en cuenta, que nuestro tiempo en esta vida es limitado y por ello debemos vivir intensamente y darnos a los demás, porque si no, habremos pasado por este mundo sin pena ni gloria y cuando estemos analizando la película de nuestra vida y nos demos cuenta que ya no se puede volver atrás, será muy triste que hayamos dilapidado nuestro tiempo sin haber amado y sin haber sido amados, por los seres con los que tanto hemos compartido. ¡Feliz Navidad a tod@s!
Totalmente de acuerdo, Jero, con tu comentario…….
Fíjate la cantidad de imbéciles que viven como si fueran inmortales…….Menuda panda de mamarrachos…….. Mira la duquesa esa de Alba, con su cara de payasa, o el Emilio Botín…….. Tanto y tanto y tanto y tanto acumular pasta, a costa de los demás, y ahora alimentando a los gusanos………Jodidos bastardos, muchas veces vitoreados por borregos ignorantes…….Si yo fuera un pobre gusano, me lo pensaría…….. no me vaya a intoxicar…..
Supongo que los chorlones que me votan en contra son individuos que si hubiese venido a Linares la puta duquesa de Alba,hubieran salido a la calle a besarle el culo………Borreguitos ignorantes y carentes de dignidad y autoestima………Sois tan pobres de espíritu que sólo OS puedo desear feliz navidad…….