Hablaba yo con un amigo la otra noche, al fresquito, de mis artículos en este medio y de cómo, bastantes veces, era contestada en mis opiniones sin saber por dónde me venían algunas ofensas, y defensas, cuando sólo suelo decir lo que pienso en cada momento, con toda honestidad y sin ofender a nadie. Además me distraigo mucho, a veces comprendo otros puntos de vista y en general me caen bien. Pero como también suelo hacer caso a los amigos sinceros, por aquello de que no los tiene el que quiere sino el que puede, y yo tengo bastantes, le presté mucha atención hasta que me enteré de por dónde podía venir la advertencia, aunque se haga desde la libertad a la que cada cual tiene derecho, por supuesto dentro de su orden. Faltaría más.
Estuvimos hablando de que muchas veces no caminan juntas la honestidad y la credibilidad, no si quedan flecos en los que apoyarse para entender. Hace mucho que aprendí que no es lo mismo decir la verdad que tener razón. Pues bien, mi amigo me decía que muchas veces no se me entendía en mis análisis políticos, porque yo había sido concejala por el PSOE y eso pesaba independientemente de a quien defendiera o atacara, porque siempre se me vería el plumero y era pues normal que se desconfiara de mí. No estoy de acuerdo porque intento ser ecuánime aunque haya algunos temas que me solivianten más que otros, y que no suelen ser políticos, pero además es que yo estuve como independiente, con lo que nunca me he sometido más que a la disciplina de la lealtad a un compromiso, y que eso no me desvía de mis ideas y del derecho a mi libertad de opinión. Me dio muchas razones para demostrarme que eso no lo sabía casi nadie, que la gente vota sin leer nombres y menos intenciones y que de alguna manera lo llevaría encima, que todos llevamos, queramos o no, nuestra mochila, y que eso nos condiciona. ¿Para siempre? — Decía yo —. Parece ser que sí. Bueno pues yo, aún entendiéndolo, discrepo, porque la vida avanza y se sigue aprendiendo, la cuestión está en si se ha cumplido con honradez. Y yo creo haber cumplido. Eso se llama experiencia, que las hay buenas y malas pero que no coartan la libertad y el aprendizaje de seguir siendo.
Bueno pues eso, que soy de ideas socialistas, tampoco radical en casi nada, que no soy de otras derechas ni de otras izquierdas más a sus extremos, tampoco de nuevos populismos, que puedo estar de acuerdo o no en algunas cosas, pero que soy leal y que intento construir desde mi independencia. Ah! Y que no milito. Con todo ello, aprovecho para ir al tema que pretendía y que es alegrarme del proceso de elección de Pedro Sánchez como Secretario General, no lo he elegido pero estoy de acuerdo.
Pienso que el PSOE ha hecho un ejercicio democrático que no habíamos visto antes y que era muy necesario para este tiempo en el que se podría decir eso de “renovarse o morir”. Tengo muchos amigos y amigas socialistas, militantes, que están verdaderamente preocupados, o tristes diría yo, por el cariz que iban tomando las cosas, o sea las elecciones. Son gente de base, de buena voluntad, a los que les duelen las caídas del idealismo propiciadas por los de su mismo partido. Por eso quiero creer que esto, sí o sí, va a ser un revulsivo para intentarlo de nuevo. Están llegando, en buena hora, gente joven, preparada, parece que tienen claras las cosas, no están contaminados y pueden limpiar la era de tanto corrupto y aposentado en el sillón a través del tiempo. Siempre hay una primera vez y estos construirán el futuro que quieran para ellos, que para eso es el suyo como digo siempre, porque nosotros, los mayores, lo hayamos hecho bien o mal, ya quedamos de oyentes o hablantes. Cuando vi al mismo día siguiente a Susana Díaz y Pedro Sánchez, entendí que Andalucía estaba con ellos y los vi jóvenes, relajados y diferentes. Ahora tienen que ponerse a cambiar muchas cosas y deseo que sea así, necesitamos apostar por ello.
Cuando he visto reacciones contestatarias de los antiguos propios y recomendaciones de otros ajenos, me ha parecido patético. No se han enterado de nada, ni unos ni otros. Yo me queda decir, a mi entender, a todos los niveles y a todas las personas que llevan tantos años en las poltronas, y el que quiera oír que oiga, que vayan poniendo sus barbas a remojar antes de los próximos comicios municipales o nacionales, los europeos ya no hay remedio, porque algunas de algunos vecinos ya han sido cortadas. ¡Ea! Ya tienen su “sopica” y además quedarán más guapos en la reserva. Y para hablar mal, calladitos, que la reserva también se gana y también hay que saber estar, prudentes, humildes y constructivos. Ya les tocó, la historia los juzgará, y ahora al retiro, voluntario sería mejor para salir por la puerta grande. Pero hay docilidades y rebeldías, cuestión de inteligencias, ya se me entiende. Pasará tiempo y habrá que recordar que a veces nos damos cuenta de la mochila cuando no la necesitamos. Pero que afrontada, aceptada y saneada, pesa menos.











Señora Mercedes:
Comparto su punto de vista, en la primera parte de su escrito, todos tenemos nuestra historia, pero está no nos ha de condicionar en absoluto en el momento de escribir y manifestar nuestros sentimientos de este momento.
En cuanto a la segunda parte relativa al Sr. Pedro Sánchez, permítame que le exprese mis dudas, sobre todo por que veo a este señor en sus primeras actuaciones algo prepotente pues de lo que debería pecar es de humildad dada su inexperiencia y precisamente esa es una virtud que parece ser no posee
Creo que el título del artículo “La Mochila” es muy apropiado y está lógicamente en consonancia con lo que se comunica. Es una prenda que utilizamos normalmente colgada a la espalda y que nos sirve para transportar útiles en función del destino que tengamos; los que la usan con frecuencia se les suele llamar mochileros, estos son expertos y normalmente saben las herramientas o útiles que deben incluir en su mochila, porque serán importantes y pasan de incluir cosas inútiles, que solo les ocupará espacio y les generará más peso.
Pues bien, en la vida todos somos mochileros y seremos mejores o peores en función de lo que llevemos en nuestra mochila, pero no porque tengamos un pasado, eso es experiencia, sino porque hayamos aprendido a distinguir, que es bueno para nuestro viaje por la vida o que será una carga y un lastre para incluirlo en nuestro equipaje.
El problema que yo veo en nuestro País, es que los partidos políticos, en general, no son mochileros y no tienen un bagaje que los identifique, que actualicen y que presenten a la sociedad en las elecciones para que los ciudadanos los puedan votar. Eso les importa un pimiento, si presentan a las elecciones un programa y después lo incumplen no pasa nada, porque lo que importa es ganar las elecciones, el resto es secundario y si tienen que decir lo que la gente queremos escuchar en vez de contar la verdad, pues lo hacen.
Cada partido político tiene su manera para elegir a su líder y es importante el modo y la persona, pero no nos engañemos, lo realmente trascendente es “la mochila” del partido y su compromiso con ella, que al fin y al cabo es lo que los ciudadanos han votado.
Desde mi humilde opinión, la mochila hay que llenarla de proyectos claros, no basta con personas jóvenes y fotogénicas, por ejemplo: ¿ Se pueden hacer políticas sociales simultáneamente con políticas económicas neoliberales?, ¿ Como se pueden hacer políticas de izquierdas desde el interclasismo que caracteriza al PSOE y desde la negación de la lucha de Clases? y finalmente, ¿Cómo se puede dar un giro a la izquierda sin dar la espalda al neoliberalismo y denunciar la modificación de la Constitución del famoso art. 135?
Saludos.