No impongo

Vengo observando que, dependiendo de sobre qué temas se me ocurra reflexionar, así se suscitan las opiniones y las controversias, así se sabe cuando un tema está candente o no provoca ningún interés. Y eso pasa casi siempre en los temas de mujer. Para quien pretende comunicar, esto es muy interesante, la pluralidad siempre enriquece y demuestra aquello de que “para gustos están los colores”. Yo así lo veo, no me suelo ofender por los votos negativos, ni siquiera pararme a juzgarlos, sin embargo esta vez sí me han llamado la atención dos “acusaciones” que no se corresponden con la verdad. Por un lado yo no impongo nada, no me faltaría más que cargar encima con lo que piensen los demás en un acto de libertad que ellos sabrán; por otro, cuando hablo de “las mujeres”, hablo en genérico, igual que cuando digo “los hombres” y no por incluirlas a todas, que yo sí sé que tienen criterio. Lo que no voy a utilizar es “la mujer”, porque eso ya obedece a un modelo tradicional patriarcal que no voy a perpetuar.

La semana pasada hablaba del tren —y autobuses— de la libertad y de la oposición multitudinaria de las mujeres, en este caso más de 30.000, en contra de la “Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de Interrupción Voluntaria del Embarazo”, que se llama así al completo y que es lo que se nos olvida al focalizarla sólo en el aborto y el ministro de Justicia, que también. No voy a volver a la carga sobre nuestro derecho a decidir y a las lagunas injustas de esta ley que alguna vez, si sigue adelante, estabilizaremos, lo que pretendo es llamar la atención sobre la primera parte de su denominación y lo que se pretende ocultar tras los epítetos de asesinas de nasciturus. Me refiero a otra cosa más subliminal: El derecho de las mujeres a una buena salud sexual, algo en lo que deberíamos estar de acuerdo puesto que lo compartimos.

Vamos a ver. Las mujeres tenemos un imperativo biológico, sí o sí, en unas edades muy concretas, unido a la sexualidad. Quiero decir que “normalmente” nuestra, la nuestra, sexualidad, tiene como consecuencia la reproducción y todo lo que conlleva. Pedir —exigir—que una mujer pueda vivir su sexualidad libremente significa desvincularla, mientras ella lo decida, de la maternidad, significa que pueda tener una comunicación humana placentera sin temores que la coarten, significa mirar por su salud. La vida humana es demasiado corta para que las mujeres sólo dediquemos el sexo para parir o para abortar. Son, o deben ser, cosas diferentes, se debe separar reproducción de sexualidad, se debe distinguir entre proceso biológico y maternidad, porque la maternidad es un deseo y una decisión libre y responsable. Hermosa, sí. Pero libre.

Ahí es donde también protestamos las mujeres cuando se habla de nosotras sin nosotras, cuando se nos consideran incapaces jurídicamente para decidir, cuando tenemos que estar tuteladas por jueces o médicos, cuando se nos sublima para, a renglón seguido, infravalorarnos y utilizarnos, cuando quizá se nos está vendiendo la moto de la baja tasa de natalidad. Todo es mucho más profundo que catalogarnos en el lado de las asesinas o de las claudicadas. Y ni una cosa ni otra, seres humanos. Ese es el origen del que partir, después podemos dialogar sobre lo que queramos.

Lo que pasa es que no habría dinero que pagara una prevención en serio. Al gobierno le daría el ataque. Lo justo sería apostar por una buena campaña de información y formación —educación sexual— a los jóvenes, sobre todo a los varones que tienden a no considerarse responsables de nada y a sus padres que miran para otro lado, implantar para quien quisiera la planificación familiar, que volvieran a ser gratuitos los anticonceptivos, que se observaran cuantas violaciones, incluso domésticas, existen, que por todos lados se fuera realista en cuanto a cómo y cuánto hemos cambiado las mujeres en este tema, no volver a la involución. A estas alturas me importa un bledo lo que diga el ministro pretendiendo cumplir su programa, no le creo ni chispa, cada vez tiene más cara de “salvador” misógino y las mujeres ya no necesitamos salvadores.

Pensemos en la ignorancia en materia sexual de tantas jóvenes, en la impotencia de tantas medianas y en la incapacidad de todas de vivir el sexo con libertad. Todo esto le ha sucedido a las mujeres desde tiempo inmemorial, los abortos han tenido que ser ingentes a lo largo de la historia, seríamos el doble de población y esto nos afecta a las mujeres y no se dice nada. Las mujeres tenemos una especificidad en nuestra salud, física, mental y emocional, no hay más que ver lo libres que nos sentimos cuando termina este ir contra corriente. Y esto lo deberían entender los hombres que se arrogan el derecho de perdonarnos la vida mientras utilizan la doble moral con la que nos machacan. Este es el origen de toda la desigualdad e infravaloración que todavía hay que explicar. Y podría hablar más alto, pero no más claro.

Sobre el autor

7 comentarios en “No impongo”

  1. Lo siento apreciada Sra. Mercedes, pero no puedo estar mas en desacuerdo con su escrito o alegato.

    En el en toda su extensión, no aparece ninguna vez la palabra AMOR, Ud., la llama «comunicación humana placentera», a realizar el acto sexual, las personas, lo llamamos «vamos a hacer el amor», no se le ocurre a ninguna mujer, ni a ningún hombre decir, «vamos a tener una comunicación».

    Todo ello nos lleva a preguntarnos ¿Qué es el amor? Pues bien yo creo que el amor es un sentimiento hermoso que nos lleva a diferenciarnos del género animal. Las personas que se aman desean unir sus cuerpos no porque el macho quiera dominar a la hembra como ocurre con los animales, sino para subliminar su amor. Amor, como dice el filósofo es darlo todo, sin esperar nada a cambio. Las personas seres conscientes amándose en el siglo XIX, conocían ya métodos para amarse sin reproducirse, lamentablemente no todos, pero hoy en el siglo XXI estamos al cabo de la calle con la cantidad de medios anticonceptivos existentes.

    Separar reproducción o maternidad de la sexualidad, implantar la planificación familiar, es un mal camino, lo empezaron los chinos y lo han tenido que dejar, además de ir contra la libertas de la persona, nos lleva directamente a «Un Mundo Feliz» de Aldous Huxley aparte de algo casi imposible como separar del aire que respiramos el Oxigeno y el Nitrógeno. La maternidad en una mujer ha de ser fruto del amor entre un hombre y una mujer.

    Ningún hombre de nuestra generación pone en duda que las mujeres son seres humanos, y en lo único que estoy de acuerdo con Usted es que hay que mejorar la educación sexual de los jóvenes, ¿Pero desde que punto de vista, el de que no importa la promiscuidad o hay que incidir más en la confianza y en la fidelidad a la pareja? tanto por el hombre como por la mujer.

    Existe hoy en día, el fracaso en un 50 % de los matrimonios o parejas de hecho, que se realizan en España, eso es terrible para esta Sociedad, No se pregunta Sra. Mercedes, si ello es debido a que existe un sustitutivo del amor que se llama comunicación humana placentera.

    Tiene Ud., Sra. Mercedes, un pésimo criterio de los hombres, nos considera unos irresponsables, con el derecho de perdonar la vida a las mujeres, y yo no le voy a decir que no existan hombres como Ud., describe pero son una pequeña minoría y Ud., sabe que eso es fruto de una cultura ancestral que afortunadamente poco a poco va desapareciendo, no generalice Ud., por favor, puesto que la inmensa mayoría,, queremos ser para nuestras parejas compañeros leales, amigos honestos y esposos fervientes.

    Yo no se si esta ley será buena o mala, se llame como se llame, pero si se que la ley existente desde tiempos de Felipe González, los gobiernos de Aznar ni se les paso por la cabeza cambiarla, pero la reforma de la ley por Zapatero, tiene varias cosas que son inadmisibles en una sociedad moderna y avanzada.

    Por último decirle algo, si la energía y el dinero que emplean en esas manifestaciones de treinta mil mujeres fuesen empleadas a favor de liberar a las muchas más de treinta mil mujeres que ejercen en España el oficio más viejo del mundo, estas si podrían ser libres en su sexualidad

  2. Ir pegando tiros y atropellando ancianas por la calle tampoco es obligatorio, pero la ley me lo prohíbe. ¡Exijo libertad y democracia para poder pegar tiros y atropellar ancianas por la calle, es mi derecho, yo decido sobre mi cuerpo y sobre mi libertad de movimientos de apretar un gatillo de un arma y de un acelerador de vehículo!

  3. Mujer progresista.

    Totalmente de acuerdo contigo, Mercedes, en tu aclaración sobre tu artículo anterior de la manifestación en Madrid contra la nueva ley del aborto. Hay que reconocer que la moral está dominada por el fundamento Hombre. Cualquier posición libre o decisión de una mujer sin su visto bueno les resulta un ataque a su… ¿machismo? El hombre, como género dominante desde hace miles de años, va aceptando que las mujeres progresemos en estudios y profesiones, pero que progresemos en ética eso ya no se plantea como libertad individual sino como una amenaza. No en vano a la virgen María siempre se la representa llorando. Pues bien, las mujeres lloramos pero actuamos y también reímos. Unidos con las religiones, que los apoyan en su machismo, buscan apoyo y refugio en las leyes, que en realidad también son machistas. Desde siempre los hombres han hecho con su cuerpo cuanto les ha venido en gana, pero cuando una mujer hace con su cuerpo lo que también le da la gana se le vienen encima los dominantes de la moral, que no es sino el machismo más rancio y ancestral, que les sale por las orejas. Salen a cortarle sus derechos de libertad, precisamente porque consideran que la mujer tiene su sitio, y es el que le dictan los machistas reunidos desde los púlpitos, desde las casas, desde el trabajo y desde el Estado. Nos canalizan para que seamos lo que siempre quieren que seamos, que es seres a su disposición, y negarles ese servilismo de género los tiene rebotados. En cuanto a la religión católica, la ONU ha exigido al Vaticano que entregue a la Justicia a los cientos y cientos de pederastas y pedófilos que tiene en sus púlpitos en todo el mundo, pero la iglesia no los entrega porque considera que el macho tiene debilidades como si fuesen derechos humanos, entre ellas canalizar su sexualidad como si fuesen bestias necesitadas de carne. Juzgar a la Mujer como si se tuviese ese derecho adquirido, no es sino el resultado de la triste historia de la Humanidad que se niegan a creer que se está erradicando. Saludos, Mercedes.

  4. Como mujer, como madre y como discrepante de la izquierda, tengo derecho a defender mi postura a favor de la vida, o lo que es lo mismo, en contra del aborto libre.
    ¿Estoy acaso desacreditada porque pienso de manera distinta a los postulados de la izquierda? Pienso que hay muchas razones de carácter personal para cambiar la Ley Aído pero aún así voy a intentar separar mis sentimientos de mis argumentos, ahí voy:
    La nueva ley pone fin a los abortos tardíos, aquellos en los que el feto ya es viable y permitirá a los padres que sepamos si nuestra hija menor va a pasar por el trauma de una interrupción. Además cumple con los requerimientos y requisitos contemplados en nuestros acuerdos con la ONU firmados en la Convención sobre los Derechos de las personas con Discapacidad, donde se recoge el derecho a la vida como un derecho irrebatible. Tampoco elimina la decisión de abortar en caso de grave malformación, ya que la madre podría argumentar y acreditar el riesgo que supondría para su salud mental llevar a término este embarazo, pero sí deja de ser un coladero. También pone fin a los abortos de fetos viables y a las listas negras de facultativos también respalda una mayor protección a las menores, favoreciendo una decisión madurada durante una semana.
    Todo esto sería suficiente para muchas personas para justificar una u otra opción. Yo también quiero añadir mis reflexiones.
    No me parece normal equiparar proabortista con libertad, eso además de mentiroso es partidista y malicioso. Yo soy una mujer libre y no pienso como las que se denominan proabortistas. No creo que esté bien que una niña de 16 años pueda abortar sin que lo sepan sus padres. Pienso que hay que poner paz en los conflictos; pero ante dos bienes jurídicos a proteger: el de la madre y el del no nacido. Los dos son igual de importantes.
    La verdad es que muchas mujeres tienen miedo a quedar embarazadas. Temen perder el empleo, la tranquilidad familiar o las críticas del entorno. Las mujeres tienen miedo, claro que sí, sienten presiones de todas partes. ¿No sería más progresista buscar una ley que acabe con que la maternidad sea una amenaza para la estabilidad de las mujeres? Yo creo que es más progresista buscar la vida por todos los medios, que favorecer el aborto por todos los medios. A lo que unos llaman libertad yo lo llamo barbaridad.
    Son los mal llamados progresistas los que quieren imponer sus ideas contra la expresión de la inmensa mayoría de las personas, de las doctrinas del Tribunal Constitucional y de la libertad democrática. Creo sinceramente que desde esa minoría tanto social como moral, quieren imponer su ideología, su moral y sus defectos. Son ellos los que atentan contra la libertad de expresión de todos los españoles que se han manifestado no en encuestas de demoscopia; se han manifestado en las elecciones que es la única forma de hacerlo libremente y sin ningún tipo de dudas en los países democráticos.

  5. Jerónimo Perea Álamo

    Mercedes, me parece bien esta disección que has hecho de la ley, porque ayuda a centrarse mejor en aspectos muy concretos.
    Una mujer, no solo puede, sino que debe vivir su sexualidad libremente. Y lógicamente debemos separar reproducción de sexualidad; pero para ello, entiendo que tendríamos que trabajar para desmentir el mito de que los hombres, de un modo natural, tienen más necesidades sexuales que las mujeres; por lo tanto, una relación sexual debe incluir el goce mutuo y la responsabilidad compartida ante un embarazo no deseado.
    La violencia sexual existe y siempre ha existido, de modo que muchos embarazos, no deseados, provienen de violaciones o relaciones mediante presión y chantaje; es evidente, que el embarazo se produce en el cuerpo de la mujer, ¿qué responsabilidad tiene el hombre y como apoya la sociedad a la mujer, en estos casos?
    Por lo tanto, decir que, estoy de acuerdo en que no se puede hablar de las mujeres sin contar con ellas, que es necesario un dialogo entre mujeres y hombres para que se alcance una buena campaña de información y formación —educación sexual— a los jóvenes. No sé si hay dinero suficiente para ello, pero la pregunta es ¿Cuánto vale una vida?

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