En la noche del pasado sábado, tuvimos la ocasión de encontrarnos de nuevo con el “Fado” portugués, bellísimo estilo musical de la hermana Portugal.
A mí el fado, siempre me ha gustado por su dulzura y su cadencia, por sus notas que rompen el normal desarrollo esperado de la resolución de una frase musical. El Fado nos deja al final casi en el borde de un bello abismo de amor, acaso un amor incomprendido, deseado hasta la locura.
Dos fueron sus intérpretes.
Philip de Sousa en la guitarra portuguesa (nada que ver con la española, porque tiene seis pares de cuerdas metálicas, similares a la bandurria, además pulsadas con “plica” en el pulgar y con una construcción y forma muy parecida a otros instrumentos italianos, griegos e incluso rusos).
Y Quitó de Sousa Antunes, guitarra española, que ellos llaman “viola”, por ser algo más grave que la portuguesa, que tiene una afinación diferente.
Fue un concierto bellísimo, en el que le faltó al dúo una voz femenina. Muchos nos acordamos de Mercedes Sousa, e incluso del añorado Carlos Cano, con su “María la Portuguesa”.
Desde luego, las interpretaciones, con una muy buena técnica, fueron excelentes y sus intérpretes, supieron llegar a los asistentes hasta lo más profundo de su sensibilidad. Dos instrumentos similares de los que estos músicos supieron sacarles todo el partido posible, demostrando su maestría en el difícil arte de la música en directo, pues fueron en los dos instrumentos muchos “armónicos” realmente bellos, algunos efectos “tambora” sobre todo en la guitarra española y sobre todo una entrega al público, totalmente incondicional.
Felicidades para estos dos músicos portugueses.











