En un jardín había una rosa roja enormemente bella. Ella notaba que la gente la miraba de lejos y un día se dio cuenta de que la causa de que nadie se acercarse para verla mejor, era que a su lado había un enorme sapo oscuro. Ante lo descubierto se indignó y obligó al sapo a que se fuese de su lado. El bicho, obediente, se fue diciéndole: “Está bien si así lo quieres”. Poco tiempo después, el sapo pasó por donde estaba la rosa y se sorprendió al verla totalmente marchita, sin hojas y sin pétalos. El sapo dijo entonces: Te veo mal, ¿qué te ha pasado? La rosa le dijo que desde que se fue, las hormigas la habían comido día a día y ya nunca podría ser igual de bella. A lo que el sapo contestó:
“Claro, cuando yo estaba aquí, me comía esas hormigas y por eso siempre eras la más bella del jardín”.
Muchas veces despreciamos a los demás, porque creemos valer más que ellos, que somos más bellos, más importantes cultural y socialmente, o simplemente porque no nos sirven para nada, no los podemos utilizar.
Dios o la naturaleza, no han creado nada que no nos valga; no hay nada ni nadie que sobre en este mundo, incluso hasta el ser que creamos más despreciable, siempre puede tener un “as” en la manga para poder ofrecérnoslo en caso de necesidad. Todos tenemos algo que ofrecer o enseñar a alguien y por ello es una postura inteligente no despreciarlo, no vaya a ser que esa persona a la que no queremos, a la que ya hemos formado un juicio y condenado, en virtud de nuestras propias ideas y decisiones a “priori” y sobre todo de nuestros prejuicios, nos haga un bien del cual ni siquiera seamos conscientes.
No hace mucho, fuimos a ver en un pueblo de Ciudad Real a una familia de inmigrantes familia de nuestro hijo Buley, para intentar ayudarles dentro de nuestras posibilidades. Se nos cayó el alma a los pies al ver la casa y a ellos en un estado de extremísima pobreza, de miseria, pero ya nos tenían preparado un té, refrescos y pastelería, que ellos ni siquiera de ordinario pueden probar, pues no les llega el dinero para ello y que supuestamente lo habrían pedido a otros para agasajarnos. Y al ver con la dignidad, la amabilidad y el cariño con que nos lo ofrecían, siempre con una sonrisa encantadora, llegamos a sentir una especie de “catarsis” interior, que nos ayudó a pensar que los pobres de solemnidad, éramos nosotros, a pesar de no carecer en nuestro mundo de casi nada en el aspecto material.
Cada uno de nosotros somos seres únicos e irrepetibles y siempre de una manera u otra podremos ser un referente y servir de ayuda a los demás. Ese día creíamos hacerles un bien a esta familia, pero fueron ellos los que con su sonrisa y su compartir nos ayudaron a poner las cosas en “orden” en nuestra mente y en nuestra alma.
Sin saberlo, nos hicieron pensar cuánto hemos avanzado en Occidente en lo material, pero sólo en lo material.
Los Hechos de los Apóstoles cuentan que Pablo era un hombre de ley, estaba lleno de fervor religioso, un hombre comprometido con la sociedad de su tiempo. La tradición de sus padres, de sus ancestros, la religión le llevó a no tener miedo al peligro de perder su vida, y además contaba con el permiso del Sumo Sacerdote y los sacerdotes del Templo para perseguir a las comunidades cristianas de Damasco. La vida de Pablo fue una continua evolución: las autoridades religiosas del Sanedrín eran sus mentores ¡Qué mayor reconocimiento cabía esperar!
Pero le faltaba algo que era simplemente toparse de bruces con lo que estaba persiguiendo: Conocer, escuchar la voz de un pequeño grupo de insignificantes, de pobres marginados refugiados en Damasco para huir de la persecución que se había desatado en Jerusalén después del asesinato de Esteban.
Un grupo sin relevancia social alguna, le cambiará radicalmente la vida. Pasó de ser hombre de tradición y de ley, a ser hombre de discernimiento y de futuro, insertado en una comunidad de pobres.
Esa novedad, esa diferencia, la pobreza del grupo, ese brote marginal … “Yo soy Jesús, a quien tú persigues” (9,6). Esa diferencia, esa autenticidad fue lo que lo cambió y pasó de ser perseguidor a ser perseguido.















Vaya con la catequesis. Entre cuentos anda la cosa.
Su progresismo tambien es de cuento.
Sra. Progresista a ver si en alguna ocasión vemos algún artículo escrito por vd. porque de momento lo único que vemos son sus críticas destructivas de todo lo que se escribe, como dijo aquél «¿de qué vamos a hablar hoy? Yo me opongo».
Sr. Parrilla, muchas felicidades por su artículo, como todo lo que escribe digno de ser leído.
Sra. autoinvestida de falsa progresía.
¡Cuánto daño hace a las personas honestas que quieren construir y se arriesgan a escribir o dar su opinión es este medio! Me la imagino en la América de las Amazonas donde el hombre fuese un objeto sólo para reproducirse. Soy mujer y madre y me repugna ese femi-nazismo del que alardea, que en definitiva son unas ideas aprendidas de memoria de un catecismo sobre la intolerancia. Como dice anteriormente la Sra. Moreno, pruebe a escribir algo que sea de su sello, claro identificándose, no tras un parapeto como es su pseudónimo. La república iría lista con Vd.
Y aprovechando ésto le digo: por qué no se quita de la circulación de una vez por todas
Menos mal que las sras educadas, madres de familia, honrradas, trabajadoras y un gran numero de caballeros cultos, os estais dando cuenta de lo que significa la misandria de algunas damas y sus limoneros. Imaginemos un mundo feminista, progresista carente de libertad y alegria, por que solo cabria en el una dictadura hembrista donde el varon y algunas mujeres disidentes serian los esclavos de esa sociedad para algunas perfecta.