Malala, la Hypatia pakistaní

Hypatia de Alejandría, murió en los albores del S.V. descuartizada por una caterva de grupos de cristianos muy vinculados al obispo Cirilo, del que se sospecha pudiera estar involucrado. Todo lo tienen en la película de Amenabar, con alguna que otra patada al rigor histórico, pero en definitiva una película interesante. Filósofa, astrónoma y matemática, seguidora de la escuela platónica Hypatia fue instructora de muchísimos varones y algunas mujeres que después llegaron a puestos relevantes en una sociedad en decadencia en la que las mujeres y los niños no contaban nada; una mujer con un enorme conocimiento científico, a la que los rigoristas y fundamentalistas temían por su sabiduría y capacidad de discernimiento. Era un peligro para los pro-hombres de su sociedad porque su conocimiento, su saber, su superioridad, en las ciencias más puras junto a la música, (trivium y quadrivium) era incuestionable. De tal manera que Hypatia fue mártir por ser una mujer, una mujer culta, una gran mujer en una sociedad intolerante con todo lo femenino en las tareas públicas incluida la educación.
Días atrás, por la misma razón, por pedir y alentar a pedir la enseñanza para las niñas y escuelas en su país, Malala, una niña paquistaní de sólo 14 años, sufría un intento de asesinato con dos tiros en la cabeza por los canallas talibán en nombre de su “dios”. Y pongo “dios” con minúsculas, porque tras ese acto criminal indudablemente está el mal, el mismísimo diablo, que existe, vaya si existe; aquí vemos el caso de su existencia, en la mente de estos desgraciados…
La norma de todo fundamentalismo consiste en imponer las ideas de unos pocos a la mayoría. Lo que es de criticar y condenar, no es la Ley como tal, sino la interpretación que hacen estos asesinos de ella. En nombre de esa Ley, oprimen a la gente y le imponen verdaderas torturas con la promesa o la amenaza de que solo así, Dios o Alá estará de su parte. Es la otorgación a la Ley del valor absoluto, del valor supremo. Todo tiene que estar sometido a ella, incluso el ser humano. Todas las normas tienen la misma importancia, porque su único valor es que están dadas por Dios.
Esto es lo que no se puede aceptar, porque toda norma, tanto al ser formulada como al ser cumplida, tiene que tener como fin primero el bien del hombre. Ni siquiera podemos poner por delante a Dios, porque el bien de Dios es el bien del hombre. La base de todo fundamentalismo está en intentar agradar Dios en contra del bien del ser humano.
Y seguimos hoy por hoy, en una sociedad marcada por la misoginia, por el miedo, y el desprecio a la mujer y sus valores como ser humano, si no es exclusivamente como máquina reproductiva.
Es cierto que el integrismo se da hoy en todas la sociedades, teocráticas o no. Pero aún sin excusa alguna, es de convenir que en todos sitios y culturas no se da con la misma intensidad, con la misma virulencia, con la misma falta de respeto y violación de los derechos humanos.
Ya en uno de mis artículos anteriores de hace aproximadamente un año, titulado “¿Llegará la primavera árabe?” comentaba el peligro de las revoluciones en los países árabes, que deponían a sátrapas para instalarse ellos, los islamistas, con un concepto tremendamente peligroso de la mujer y de la religión y que persiguen cualquier atisbo de libertad. Hoy por hoy, las libertades democráticas en los países bañados por el islamismo radical e integrista, que son muchos, parecen ser una entelequia, una irrealidad, un ensueño. Si alguien saca los pies del plato en cuanto a ideas religiosas o políticas, rápidamente es perseguido y/o eliminado y mucho más la mujer. Los talibán, son unas de las tribus, castas y sectas islamistas más podridas del mundo, porque desprecian absolutamente la vida.
Ya en 2.001 la periodista italiana Oriana Fallaci, un excepcional ejemplo de arrojo y valentía, fallecida por la terrible enfermedad del cáncer, comenzó a escribir su segundo libro sobre el tema del islam, tema muy conocido por ella, pues vivió en varios de estos países largo tiempo. La motivación para escribir esta obra fue el atentado en Manhatan contra las Torres Gemelas que redujo todo a cenizas, las propias torres y a miles de personas.
Estas dos obras a la que hago referencia son: “La Rabia y el Orgullo” y “La Fuerza de la Razón”. Dos obras colosales que deshilvanan la compleja urdimbre de las sociedades teocráticas islámicas, el radicalismo y la intransigencia tribal. Obras que merecen ser leidas.
Es desde luego importante reseñar, por la crudeza de esta realidad, la diferencia cultural entre el islamismo (teocratismo) y la sociedad occidental, bien sean éstas últimas, sociedades religiosas o laicas, porque estamos a más de 500 años de diferencia respecto de ellos, aunque tienen en sus culturas cosas y elementos enriquecedores y nada despreciables. Con una voluntad enorme por mi parte, quiero y puedo entender las diferencias culturales e incluso cultuales, pero desde luego por donde no paso es por doblegar mis principios a pueblos o razas autoritarias, donde a Occidente se nos ve como “el maligno”, como el diablo a abatir, con el que hay que acabar sea como sea.
No se puede decir que España sea intolerante con el mundo árabe, pues en muchas de nuestras ciudades construyen sus mezquitas (veríamos a ver si al contrario sería posible).
Lo de la alianza de las civilizaciones no lo tengo yo tan claro, porque para ser aliado de alguien, se debe partir de unos presupuestos mínimos comunes de respeto y aceptación y esto no se da por parte de ellos. Me hervía la sangre cuando el presidente iraní en visita oficial a España, recibido por los Reyes no quiso estrechar la mano de la Reina, simplemente por ser mujer. No aceptó que se pusiera en la mesa ni vino ni nada que llevase alcohol, doblegándonos así a sus dictados, porque como él no bebía (al menos en público) los demás tampoco. Es decir, vengo desde fuera ya imponiendo. No nos equivoquemos.
A la periodista Ana Pastor, en la entrevista al presidente iraquí Amadineyab, hace unos meses, se le cayó el velo hacia atrás y su cabeza quedó descubierta. Ella aguantó el tirón y ya tuvimos la oportunidad de ver al entrevistado notablemente molesto porque no se lo volviese a colocar. Con gente así… ¿Qué tipo de alianza de civilizaciones? Y no me digan algunos que no estar de acuerdo con “sus” dictados no es ser progresista, por favor. Pongamos un ejemplo bastante gráfico de lo que es la igualdad mal entendida: Un musulmán en España puede parar en el trabajo en su empresa para hacer sus oraciones. ¿Se imaginan a un cristiano en un país musulmán que interrumpiera su trabajo para rezar el rosario, el Ángelus o algo así? ¿Se lo permitirían? ¿Por qué hemos de soportar en nuestro país a un tipejo como el imán de Terrassa lanzando arengas sobre cómo hay que pegarle a la mujer para no dejarle marcas? Y esto se da en España…¿Se imaginan en esos países?
En mi estancia en Turquía el año pasado aún siendo el país menos bañado o influenciado por la religión islámica, pero que gira peligrosamente a la misma, pude constatar la exclusión de las mujeres en las mezquitas. Los hombres rezaban dentro y las mujeres en los patios y por supuesto no aceptaban o aceptaban de mal grado las visitas de los occidentales en sus mezquitas, porque ellos lo consideran la profanación del infiel. Desde luego en el momento de sus oraciones nanay. Algunas casadas, con el burka negro hasta los pies y gafas negras; sus maridos en pantalón corto, chanclas y camiseta. Ellas detrás del marido, como es lógico y con una reata de chiquillos. Y eso que estábamos en el país más abierto con cultura árabe. También es cierto que muchísimas mujeres no llevaban velo ni pañuelo, pero la secta chiita, todasla mujeres con burka o cuando mínimo cubierta la cabeza, brazos y piernas.
La periodista Oriana Fallaci estuvo hasta su muerte perseguida de idem, por sus “incendiarios libros” según ellos, a cerca del islam al estilo de Salman Ruhsdie. En uno de ellos dice esta gran mujer: “Hay momentos en la vida, en los que callar se convierte en una culpa y hablar en una obligación. Un deber civil, un desafío moral, un imperativo categórico del que uno no se puede evadir”.
Y es que a veces saber callar es un arte, pero en otras, el arte se convierte en una obligación moral y ética, solidaria y en este artículo yo opto por la denuncia, se lo debo a la niña paquistaní Malala.
El libro “La Fuerza de la Razón” está dedicado a los MARTIRES ESPAÑOLES DEL 11 M. Dice: “Dedico este libro también a todos los ciudadanos, americanos, ingleses, canadienses, daneses, franceses, polacos, rusos, coreanos, japoneses, turcos… secuestrados a diario en Irak y a menudo degollados como cerdos y abandonados después al borde de un camino como basura” Con estas afirmaciones…¡Cómo no iba a estar perseguida a muerte!
Cada persona tiene el valor que tiene, pero es que digo yo, que quizá en Occidente parece como se hubiera dado un pacto tácito, de no hablar de este tema tan bestial, tan inhumano, quizá porque el miedo se apoderó de nosotros tras el 11 M.
A la intolerancia islámica sólo se le puede afrontar eliminando el miedo y aguantándoles el envite, porque si no se van a hacer dueños del mundo. Ya en muchos países europeos hay un significativo número de islamistas viviendo de los subsidios que muchas veces los nativos del propio país europeo no tienen. Ya estamos viviendo en “Eurabia” y lo peor, es que no se integran. El Islam sólo puede cambiar desde dentro y sólo las mujeres árabes podrán hacerlo. Con nuestra ayuda.
Tengo la conciencia tranquila de no haber escrito un artículo xenófobo, porque me considero ciudadano del mundo y ya está bien de tomarnos el pelo a Occidente. Aunque me pregunto… ¿tendremos nosotros algo de culpa? Pero la realidad que vivimos actualmente, no se puede negar y quien quiera negarla, se engaña a sí mismo.

Sobre el autor

3 comentarios en “Malala, la Hypatia pakistaní”

  1. No puedo estar más de acuerdo con usted, Sr. Parrilla.

    Usted conoce de mis creenias arreligosas, pero tiene usted más razón que un «santo».

    Lo que que no llego a entender es como, personas de Occidente, sin creencias religiosas, se siguen empeñando en defender el Islam (Alianza de las Civilizaciones), lo ven como algo atractivo o exótico.

    En los varones (que suelen ir de progres) quizá por envidia malsana, pero en la mujer, con todo lo que han luchado unas pocas aquí por los derechos de todas, se me escapa.

    Mis felicitaciones a usted por su valentía al escribir con esta claridad meridiana, además de haberlo hecho con tanta calidad literaria como tiene este artículo, y mi humilde homenaje a la niña-mujer Malala.

  2. Completamente de acuerdo con Ud., en un 100 % de los términos de su escrito.
    Lo que dice lo tenemos aqui en casa, en Linares, cuando vemos a un emigrante arabe, pakistaní o marroquí, que anda con la sumisa esposa siempre cinco metros detras suyo, nunca a la par.
    A menos de 600 kilometros, una mujer muy querida por mí, una de mis hijas, concretamente en Argel, cuando mi hija se trasladaba por dicha ciudad, tenía que ser siempre acompañada, por miedo a lo que pudieran decir, una vez que circulo con un chofer arabe, cuando esta le pidió que fuese más despacio , dicho chofer prefirió despedirse antes que recibir indicaciones de una mujer.. Asomarse a un balcón con vestido occidental era una grave ofensa.
    Creo firmemente que deberiamos ver de que forma nos vamos a defender de este problema, pues con razones es inutil.

  3. Jerónimo Perea Alamo

    Juan, estoy de acuerdo con usted en su afirmación: “quiero y puedo entender las diferencias culturales e incluso cultuales, pero desde luego por donde no paso es por doblegar mis principios a pueblos o razas autoritarias”. Ahora bien, en la visita oficial del presidente iraní a España, entiendo que actuamos bien, al no servir bebidas alcohólicas en la cena, porque somos un país culto y educado, fue un acto de generosidad por nuestra parte y en cuanto a que no quisiera estrechar la mano de la Reina, posiblemente se hubiese podido soslayar si desde el punto de vista de protocolo o diplomático, se hubiese evitado que la reina asistiese a ese acto con la excusa de “problemas de agenda”. Estos gestos, entiendo que los hacemos diariamente con nuestros mismos vecinos, tratando de mantener las buenas relaciones y convivir de la mejor manera posible.
    Sin embargo una cosa que está clara, todos somos iguales ante la ley y por lo tanto es de obligado cumplimiento para todas las personas que vivimos en este País, seamos españoles o no, aquí es donde la tolerancia debería ser “cero”, si usted vive aquí, conviviendo con nuestra sociedad, tiene la obligación de cumplir todas y cada una de las normas que todos acatamos o por el contrario usted debe marcharse a su País o simplemente no venir.
    En mi opinión su articulo no es para nada xenófobo, creo que estamos de acuerdo en el fondo, aunque maticemos algunas formas.

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