En primer lugar agradecer de todo corazón, las oportunidades que me da el diario digital “Linares28”, para dejar mis comentarios en las sucesivas noticias que se publican en el mismo. Cosa que hago con el seudónimo de “Bernardino” que hoy quiero dejar al descubierto, firmando este escrito con mi nombre y apellidos.
Además, tengo que agradecer al moderador, el borrado de algún comentario en alguna noticia de la huelga general, que hoy con la serenidad de pasados unos días, considero que era del todo improcedente, fruto de la ofuscación del momento.
Y dirán Udes., a que viene lo de Bernardino.
Albino Luciani, Patriarca de Venecia, que alcanzó el pontificado con el nombre de Juan Pablo I, de aspecto amable y sonriente, nos dejo escrito un libro, recopilación de cartas dirigidas a personajes auténticos o de ficción, que periódicamente publicaba en alguna revista de la diócesis de Venecia. Entre otros Pinocho, Hipócrates o Gonzalo Fernández de Córdoba. Dicho libro se titula “Ilustrísimos Señores” y de entre las muchas cartas que contiene, me impacto, la dirigida a Bernardino de Siena, comentando un sermón o prédica, que este hizo a los estudiantes de la Universidad de la ciudad toscana por la que es conocido en Junio de 1427.
No he sido, nunca un docente, antes bien sigo siendo un alumno, y no bueno, pero pese a mi edad, sigo estando lleno de inquietudes y tal vez miedo, por las generaciones que nos continúan, por ello y por si sirve para alguien voy a tratar de resumir aquella prédica de Bernardino y que tanto gustaba al Papa Luciani casi 600 años después.
Bernardino, se dirige a un auditorio de jóvenes, les habla del modo de estudiar, circunstancia esta bastante desconocida para la juventud actual, esta prédica que hoy llamaríamos conferencia, debería ser más que una norma, o normas para estudiar, un modo recto de vida, trasladado a nuestro tiempo desde fines de la Edad Media.
Propone en su discurso, siete reglas, normas o actitudes, que observadas con fidelidad, llevaran a los jóvenes a ser mujeres y hombres de provecho para el futuro.
La primera regla es el APRECIO, no se llega a estudiar en serio si no se aprecia el estudio. No llega a formarse una cultura, si antes no se estima la cultura, hay que apreciar los libros, la conversación, el trabajo en grupo, el intercambio de experiencias. Nos estimulara a ser activos y no solo receptivos.
La segunda regla es la SEPARACION, separarse al menos un poco, de lo contrario no se estudia en serio. Hay que separarse sobre todo de las malas compañías, un libertino echa a perder a todos, igual que la manzana podrida en el cesto, corrompe a todas las demás. Hay que separarse de las malas lecturas, malas películas, mala televisión, abuso de internet, y de los malos vicios, como droga, alcohol, velocidad.
Como tercera regla, la TRANQUILIDAD, nuestra alma, nuestro ser, es como el agua, tranquila cual agua remansada, removida cual agua turbia. La mente del estudiante, requiere un vacio de silencio en su alrededor, para que se pueda mantener tranquila y lucida. Bernardino propone la siguiente jaculatoria, “Da Señor reposo a nuestra mente”. En medio de tanto barullo cotidiano, un poco de silencio, una plegaria no hace daño a nadie.
La regla cuarta se basa en el ORDEN, hay que tener equilibrio, punto medio, tanto para el cuerpo como para el espíritu. Todos los extremos son malos, por el medio iremos mejor, en el comer, en el dormir, apliquemos su justa medida, ni poco ni mucho. Mejor es aprender poca Ciencia y aprenderla bien, que mucha y mal. La superficialidad, el poco más o menos no es nada serio.
Llegamos a la quinta regla PERSEVERANCIA, en la Escuela, y en la Vida, no basta desear, hace falta querer. No basta comenzar a querer, sino que hay que seguir queriendo. Y no basta siquiera seguir, sino que es necesario saber comenzar a querer de nuevo, cada vez que uno cae por sus fracasos o por su pereza. Un joven estudiante, tiene su mayor desgracia, más que en la poca memoria, en la voluntad débil. La mayor fortuna de un estudiante y por ende de cualquier persona, es una voluntad firme y tenaz, mucho mayor, que el mayor de los talentos.
La sexta regla es la DISCRECCION, no correr más de lo que permitan tus piernas, no mirar a metas demasiado altas, no comenzar varias cosas a la vez, pretendiendo resultados de la mañana a la noche, Trabajar con empeño y sentirse satisfecho de la meta alcanzada. Pensar que “Quien mucho abarca, poco aprieta”
Y la última regla la séptima, que nos regala Bernardino, es la DELECTACIÓN es decir estudiar con gusto, no se puede perseverar en el Estudio, si no se le saca un poco de gusto. El gusto llega poco a poco, superando obstáculos como la pereza, la dificultad de la materia estudiada, u otras ocupaciones más agradables. Pero el gusto finalmente es el premio al esfuerzo realizado.
Sé que son muchos los educadores, que siguen este Diario Digital, y no me cabe la menor duda de que en gran medida, estarán aplicando en sus aulas estas reglas u otras parecidas. Si se quiere consejos para el estudio que aquí me he atrevido a exponer, me gustaría decirles que les animo a seguir en este camino que a buen seguro llevan. Como se puede observar son aplicables sobre todo al estudio, pero también alguna de ellas al trabajo y a nuestras actitudes ante la Vida, en todo tipo de tiempos y en los actuales mucho más.
Si deseamos que la crisis actual pase rápido, amemos nuestro trabajo, seamos tranquilos, ordenados y perseverantes, verán como lo conseguimos.










