Tu cara angulosa,
tu cuerpo gallardo,
tu olor a melisa.
Como a David, te talló Miguel Ángel;
En tus brazos soy frágil,
¿Cómo no enamorarme? Fue fácil.
Tu aroma me enciende el calor me sonroja.
Paro y me vuelvo.
Encrucijada maldita que marcó mi calvario.
Tus ojos de leopardo me embrujaron,
tu piel de bronce y el fruto del mango.
Pasión surrealista.
Déjame que baile con velos;
Que la danza del vientre descubra mi cuerpo.
Abrázame con pasión;
Como solo un violonchelista abraza a su violonchelo.
Tócame;
Con la destreza y pasión de los grandes maestros.
Los dos nos movemos en el mismo compás:
Blancas, negras, corcheas; corcheas, blancas, negras.
Susurras en clave de Fa;
Me ciñes, oprimes, aprietas.
Te vuelves y abrazas mi cuerpo;
Y los dos sentimos, eso que solo tú y yo sabemos.












Me fascina la sensualidad y definción con que expresas el sentimento que los protagonistas comparten, es fácil interiorizar el contenido del poema porque es algo que a todos nos ha pasado. Muy bueno María!!! Quero seguir leyendote por aquí!!!!