Un silencio no buscado, porque ha sido impuesto por otros, es lo más atronador, lo más destructor que pueda experimentar y sufrir una persona, porque si esa persona es sociable y le gusta o necesita una relación con los demás, sobre todo con aquellos a quienes más quiere y no la tiene, esa sensación es equiparable a una caída en un pozo sin fondo, de la que no habrá posibilidad de salir a la superficie, ahogándose en su silente soledad y en el ensordecedor rechazo de los demás. Cuando una persona vende la imagen de otra, por rechazo o desprecio, eso tiene difícil arreglo, porque si la persona que desprecia, no tiene intención, no quiere hablar de nada con quien se ha preocupado de hundir anímica, moralmente y propaga a los cuatro vientos el motivo de su desprecio, haciéndolo con gentes que cree que la estiman o quieren, se equivoca. Existen muchos seres que adormecen, drogan su conciencia, auto engañándose para así justificarse ante los demás y vivir tranquilamente la realidad que han inventado y/o exagerado, La dignidad de una persona, no se mide por cómo te tratan los demás, sino por cómo tú tratas a los demás, porque el poder más grande que existe es el del Amor y el Perdón. El silencio, que llega a veces a ser ensordecedor, invade nuestra mente, adueñándose de ella, volviéndote totalmente loco.
Es de digna análisis, la frase del Padre Nuestro que dice: “Perdona nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a quienes nos ofenden”. Si el rechazo y el desprecio hacia un ser humano lo convertimos en algo normal… ¿Por qué rezamos esto? ¿Qué Humanismo tenemos? Pienso que el silencio ante la injusticia, nos hace tremendamente inhumanos.
Nuestro rechazo y odio hacia los demás, revierte, se vuelve hacia nosotros, anulándonos como seres humanos. Luego entonces, dejamos de vivir mucho antes de morir, porque nuestro Ego inflado nos sepulta para siempre, si no cambiamos nuestra forma de ser y actuar con los demás. Esto, nos aleja de nuestro verdadero existir. Hay cosas que satisfacen grandemente nuestro egoísmo, cuando corregimos los errores de los demás, de manera prepotente, casi insultante, pensando que sólo en nuestra mano está la verdad. Hemos perdido la capacidad no sólo de oír, sino la de escuchar, y esto es una verdadera desgracia para nosotros.
Un viejo y sabio hindú solía decir: “No ha habido casi nadie, a quien yo haya enseñado a tirar con arco y que al final no me haya convertido en su blanco” Es que hay arqueros y arqueros. Todo depende hacia dónde apunte cada uno. Y lo más curioso, es que la flecha, no hace ruido al ser disparada y además, no la ves.
Los seres humanos, en muchísimas ocasiones, no reaccionan frente a la realidad, sino frente a las ideas que tienen en su mente, acaso inculcadas por otros, ideas estereotipadas. Sigo diciendo, que hay silencios no buscados que suelen ser ensordecedores, silencios absolutamente dañinos. Muchas veces esos silencios, no nos hacen crecer como personas y más bien nos anulan.
La pequeña Mary se hallaba en la playa con su madre: Mami, ¿Puedo jugar en la arena? “No mi vida, que manchas el vestido” Mami, ¿Puedo andar por el agua? “No, que te resfriarías”. ¿Puedo jugar con los otros niños? “No. Te perderías entre la gente” ¿Mami, puedo comprarme un helado? “No. Que te haría daño a la garganta”
La pequeña Mary, se echó entonces a llorar y la madre, se vuelve hacia una señora que estaba a su lado y le dice: ¡Por todos los Santos! ¿Ha visto usted qué niña tan neurótica tengo?
La madre, casi nunca había tenido una conversación educativa y afectiva; nunca había hablado con su hija en esta materia. Estaba marcada y bien marcada, por ese silencio buscado, ensordecedor, que atormentaba su cabeza. No dio Amor a su hija, no quería conversaciones, sólo prohibiciones y regañinas.
Pero hay cosas, situaciones, en las que el silencio se convierte en tormenta, en un insoportable ruido, cuando evitamos escuchar lo que el alma lleva tiempo susurrando. Esto último lo expresa muy acertada y profundamente Rafael Mejías en su blog, sobre temas de Creencias y de Fé.











