Los adamitas —o adamianos— son uno de los grupos más curiosos y, a la vez, más difíciles de reconstruir del cristianismo antiguo. Conviene estudiarlos con bastante cautela porque casi todo lo que sabemos procede de autores cristianos que los clasificaron como herejes, y las fuentes no coinciden completamente.
Los adamitas aparecen en las listas de herejías de autores como Epifanio de Salamina, Agustín de Hipona y Teodoreto de Ciro. Su nombre procede de Adán y de la idea de recuperar la condición humana anterior a la caída.
La idea fundamental se basaría en que el ser humano puede recuperar el estado de inocencia que tenía Adán antes del pecado, lo que explica su interés por Génesis 2–3, especialmente por Génesis 2:25: Estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban.
Según la descripción de Agustín, los adamitas entendían que Adán no había conocido sexualmente a Eva antes de la caída y que, por tanto, el matrimonio pertenecía a la condición posterior al pecado.
La desnudez es probablemente el aspecto por el que más se conocen. Según las fuentes heresiológicas, hombres y mujeres se reunían desnudos para leer las Escrituras, orar y celebrar sus reuniones religiosas. Su lugar de culto habría recibido el nombre de “Paraíso”. La desnudez no se concebía necesariamente como una provocación sexual, sino como una imitación de Adán y Eva antes de la caída, aunque es importante no dar por demostrada automáticamente esta descripción. Epifanio de Salamina reconoce que su información sobre los adamitas era indirecta y existen contradicciones entre las diferentes fuentes.
Según Agustín de Hipona, rechazaban el matrimonio porque Adán, antes del pecado, no tuvo relaciones sexuales, por lo que no había matrimonio y éste aparece como consecuencia de la caída. Por ello, los adamitas habrían considerado el matrimonio incompatible con la recuperación del estado paradisíaco. Aquí encontramos una cuestión muy interesante para estudiar la evolución de la antropología cristiana: el matrimonio y la sexualidad se convierten en indicadores de la condición humana antes y después del pecado. Agustín, precisamente, desarrollará una posición contraria, para él, el matrimonio no es consecuencia del pecado, puesto que Dios ya había ordenado a Adán y Eva crecer y multiplicarse antes de la caída. Lo que aparece después del pecado es la concupiscencia, no el matrimonio.
Algunos autores antiguos los relacionaron con los carpocracianos y otras corrientes consideradas heterodoxas. Teodoreto, por ejemplo, estableció una conexión con los carpocracianos. Pero no podemos afirmar con seguridad que los adamitas fueran simplemente una secta gnóstica, de hecho, existen dos interpretaciones bastante diferentes, para algunos estudiosos, eran un grupo antinomista/gnóstico que rechazaban las normas morales ordinarias, considerando válidas la libertad respecto a las convenciones sexuales, influencia de corrientes gnósticas y la recuperación del estado anterior a la Ley. Pero otro grupo de académicos los consideran como un grupo ascético que rechaza el matrimonio y busca de la inocencia paradisíaca a través del control de los deseos y entendiendo la desnudez como recuperación de la inocencia y no necesariamente como libertad sexual.
Las fuentes antiguas permiten encontrar elementos para ambas interpretaciones, y precisamente por eso la reconstrucción histórica es muy problemática.
Tradicionalmente se los ha situado ya en el siglo II, pero las evidencias no permiten establecer con seguridad una comunidad adamita organizada en esa época. La fuente principal, Epifanio, escribe en el siglo IV, aproximadamente entre 374–377, y su información sobre el grupo es problemática. Algunos investigadores modernos consideran más plausible situar su existencia histórica en el siglo IV que remontarla directamente al II. Por tanto es preferible afirmar que las fuentes heresiológicas los sitúan en la antigüedad cristiana, pero su existencia como grupo identificable y su datación son inciertas con evidencias más claras en el siglo IV.
Su pensamiento en cuanto al pecado, puede resumirse en que Adán, antes de la caída vivía su desnudez sin vergüenza y con ausencia de concupiscencia, sin matrimonio ni sexualidad, cosas que sí existirán tras el pecado, implicando vergüenza, sexualidad, matrimonio y caída de la humanidad. Entonces, será a través de Cristo redentor como se recuperará el estado paradisíaco, con la superación de la condición posterior a la caída. Esto convierte a los adamitas en un caso especialmente interesante de interpretación radical de Génesis 2–3.
No obstante, no debemos aceptar sin más las acusaciones de los heresiólogos a los miembros de esta secta cristiana, porque los autores cristianos antiguos como Ireneo de Lyon, Hipólito de Roma o Epifanio de Salamina, frecuentemente describían a sus adversarios mediante topoi heresiológicos o motivos recurrentes, argumentos estandarizados o «lugares comunes» para desacreditar, polemizar y catalogar a los grupos disidentes o heterodoxos cristianos, temas como una sexualidad descontrolada, promiscuidad, reuniones nocturnas, rechazo del matrimonio, etc. Por eso, cuando Epifanio o Teodoreto dicen que un grupo practicaba determinadas conductas sexuales, el historiador debe preguntarse si estamos ante información histórica o ante una construcción polémica destinada a presentar al adversario como moralmente aberrante. En el caso de los adamitas, esta pregunta es particularmente importante porque las propias fuentes se contradicen.
En cuanto a los adamitas medievales, hay que distinguirlos de los de la Antigüedad. Durante la Edad Media aparecen movimientos a los que posteriormente se llamó “adamitas” o “neo-adamitas”, relacionados con la idea de recuperar la inocencia paradisíaca y, en algunos casos, con la desnudez ritual. Entre ellos se suele mencionar a determinados grupos vinculados al Hermanos del Libre Espíritu y, posteriormente, a grupos radicales de Bohemia. Pero no debemos suponer automáticamente una continuidad histórica directa entre estos movimientos medievales y los adamitas de la Antigüedad.
Desde el estudio histórico-crítico, los adamitas son interesantes precisamente no porque podamos reconstruir con seguridad una “iglesia adamita”, sino porque muestran cómo los autores cristianos del siglo IV construían la categoría de herejía y cómo diferentes grupos podían interpretar de manera radicalmente distinta el libro del Génesis, la sexualidad, el matrimonio y la caída de Adán.
BBIBLIOGRAFÍA:
-Peter J. van Egmond, “Adamites”, en Brill Encyclopedia of Early Christianity Online, Brill, 2018.
-Epifanio de Salamina, Panarion, 52 — Adamitai/Adamiani.
-Agustín de Hipona, De haeresibus, 31 — Adamiani.
-Teodoreto de Ciro, Haereticarum fabularum compendium, I.6.










