La noche del 28 de agosto, solemnidad de San Agustín y jornada grande de la Real Feria de Linares 2026, halló su cauce más lírico y conmovedor sobre las tablas de la antigua Estación de Madrid. En un recinto entregado a la maestría vocal, la cantante sevillana Pastora Soler recaló en la ciudad minera con su gira conmemorativa por los 30 años de carrera musical, ofreciendo un recital de hondura mayúscula donde la música y el relato biográfico se entrelazaron en una velada para el recuerdo colectivo.
El concierto se articuló como un viaje retrospectivo y confesional en el que la artista, dotada de una presencia escénica arrolladora y una calidez que trascendió el proscenio, fue hilvanando cada pasaje melódico con reflexiones íntimas, memorias de juventud y vivencias fraguadas a lo largo de tres décadas de dedicación ininterrumpida a los escenarios. Lejos de concebir la cita como una simple sucesión de partituras, la intérprete de Coria del Río fue desgranando el mapa sentimental de su trayectoria artística a través de anécdotas y confidencias que envolvieron al auditorio en una atmósfera de complicidad absoluta.
El inicio de la velada rindió un explícito tributo a las raíces de la copla y la canción española que vieron nacer su prodigiosa garganta infantil, abriendo el repertorio con la solemnidad torera de Capote de grana y oro, a la que siguió la cadencia clásica y apasionada de Triniá. La travesía lírica prosiguió por la vereda del género con los ecos dramáticos de Torre de arena, antes de dar un salto de audacia estética hacia la música internacional con la monumental interpretación de I Have Nothing, el colosal estándar popularizado por Whitney Houston donde la sevillana desplegó la plenitud, el control y la infinita tesitura de su voz. El paso de Pastora Soler por la festividad patronal linarense se consagró así como uno de los grandes hitos artísticos de la feria, rubricando una noche donde la técnica vocal y el latido del alma se fundieron bajo el cielo agustiniano.




























