El Ayuntamiento de la Entidad Local Autónoma de la Estación de Linares-Baeza ha expresado su satisfacción tras confirmar un hito demográfico relevante para la localidad. Según han hecho público a través de sus canales oficiales de comunicación, el municipio ha logrado rebasar la barrera de los 1.300 habitantes censados, una cifra que no se alcanzaba en el padrón municipal desde el año 2022.
Los datos facilitados por la administración local reflejan una tendencia ascendente en el último periodo. Mientras que a fecha de 1 de enero de 2024 la población registrada se situaba en 1.276 vecinos, los registros actuales elevan ese número hasta los 1.306 residentes. Desde el Consistorio han valorado este incremento neto de 30 personas no solo por la ganancia cuantitativa, sino como un síntoma de resistencia frente al fenómeno de la despoblación que afecta de forma generalizada al ámbito rural y a los pequeños núcleos urbanos.
En la nota difundida por la entidad, el equipo de gobierno ha querido incidir en el valor estratégico de este cambio de tendencia, subrayando que la prioridad de la gestión municipal pasa por evitar el declive demográfico y fijar población al territorio. Asimismo, los responsables locales han reafirmado su compromiso de dar continuidad a las líneas de trabajo e inversión para dinamizar la vida social y económica de la Estación de Linares-Baeza.
La historia de la Estación de Linares-Baeza es la de un núcleo poblacional cuya propia existencia e identidad están indisolublemente unidas al trazado de las vías del tren. A diferencia de los asentamientos tradicionales de la comarca, surgidos al abrigo de la agricultura o la ganadería histórica, este enclave nació como respuesta directa a la revolución industrial y a la expansión del ferrocarril en la España de la segunda mitad del siglo XIX.
Génesis: El nudo ferroviario que dio vida al enclave
La semilla del núcleo urbano se plantó en la década de 1860. La construcción de la línea de ferrocarril entre Madrid y Andalucía, proyectada por la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante (MZA), requería un punto estratégico para salvar la orografía de la cuenca del Guadalquivir e interconectar el centro peninsular con el sur.
En 1866 se inauguró la estación de ferrocarril, situada en el término municipal de Linares y a poca distancia de Baeza. Lo que en un principio no era más que un complejo técnico aislado —compuesto por el edificio de viajeros, cocheras y talleres— comenzó a actuar rápidamente como un potente imán demográfico. La intensa actividad minera que vivía Linares, junto con el tránsito de pasajeros y mercancías hacia el resto de Andalucía, convirtió a este enclave en uno de los nudos ferroviarios más importantes del sur de España.
Desarrollo e industrialización: De complejo técnico a pueblo vivo
El crecimiento del poblado fue orgánico y acelerado. A la sombra de la estación principal y de las líneas que posteriormente conectaron con Almería y Granada, la compañía ferroviaria comenzó a levantar viviendas para sus empleados: maquinistas, fogoneros, guardagujas, capataces y personal de mantenimiento de vías.
Pronto, el asentamiento dejó de ser un simple campamento de trabajadores para estructurarse como un núcleo urbano con personalidad propia:
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Infrastructura y vivienda: Se construyeron barrios de tipología eminentemente ferroviaria, como las casas de MZA o las viviendas construidas por RENFE en el siglo XX, caracterizadas por su trazado funcional y ortogonal.
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Servicios e identidad comunitaria: Para atender a una población en constante aumento, el núcleo se doto de escuela, iglesia, economato, locales de ocio y comercios. La vida cotidiana de la comunidad giraba de forma absoluta en torno a los horarios de los trenes y las sirenas de los talleres.
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Atractor económico: La estación no solo movía viajeros, sino que se convirtió en el punto de salida de los minerales extraídos de la cuenca minera de Linares y del aceite de oliva de la comarca de La Loma, generando una notable industria auxiliar de almacenes, talleres y transporte por carretera.
Transformación y articulación como ELA
Con la reconversión del sector ferroviario durante el último tercio del siglo XX, el paulatino desmantelamiento de líneas secundarias y la automatización de los servicios de vía, la Estación de Linares-Baeza sufrió un ajuste en su dinámica económica, similar al de otros poblados ferroviarios de la península.
Sin embargo, el núcleo logró consolidar un tejido social fuertemente arraigado. Esa singularidad histórica y geográfica respecto al casco urbano de Linares llevó a la localidad a buscar un marco de gestión propia. En el año 2010, el enclave se constituyó oficialmente como Entidad Local Autónoma (ELA), una figura administrativa que le otorga autonomía de gestión y competencias directas en servicios públicos, urbanismo y dinamización cultural dentro del término municipal de Linares.
Hoy en día, la Estación de Linares-Baeza combina su legado arquitectónico y social ligado al ferrocarril con un esfuerzo constante por fijar población, revitalizar su entorno y reivindicar su posición estratégica como nudo de comunicaciones en el interior de Andalucía.










