BREVE INTRODUCCIÓN.-
Muchos profanos en los estudios de la Historia Antigua en general, y del cristianismo en particular, se sorprenderán cuando lean los capítulos de la saga que presentamos a continuación. El cristianismo, con sus distintas facciones actuales (católica, evangélicas, anglicana, ortodoxas, etc.), no comenzó tal y como lo conocemos ahora y, ni mucho menos, fue algo monolítico. Ya, a partir del siglo I de la era común, hubo muchos cristianismos según los académicos, perdidos para Bart Ehrman, derrotados denominados por Antonio Piñero, gracias al triunfo de la gran Iglesia que domina desde hace ya bastantes siglos el terreno del cristianismo, la Iglesia de los seguidores de Pablo de Tarso. En la presente serie vamos a hablar de aquellos cistianismos que se perdieron a lo largo de los siglos y que fueron muy poco conocidos en su tiempo y que son muy desconocidos en la actualidad, una exposición que espero les sea de utilidad o, al menos, les resulte una curiosidad divertida.
ENCRATISMO.-
El encratismo no fue una iglesia unificada, sino una tendencia ascética presente en diversos autores y comunidades cristianas de los siglos II y III. Entre los principales representantes y grupos del encatrismo se encuentran Taciano (120-190), la figura más asociada al encratismo que tras separarse de la corriente principal de la Iglesia, defendió una vida de continencia rigurosa y fue considerado el fundador de los encratitas por varios autores antiguos. Julio Casiano (130-190), autor de una obra llamada Sobre la continencia o sobre el celibato, citada por escritores posteriores, donde defendía la abstinencia sexual como ideal cristiano. Severo (140-200), dirigente de una rama encratita conocida como los severianos, que desarrolló posiciones aún más radicales por sus influencias gnósticas más marcadas.
Los encratitas, como grupo ascético se extendió especialmente por Siria y regiones vecinas. Esta tendencia rechazaba el matrimonio, el consumo de carne y el vino. Las ramas más influyentes fueron los ya citados severianos, seguidores de Severo y los hidroparastatas («los que ofrecen agua»), grupos que sustituían el vino por agua en la eucaristía.
Varios escritos cristianos antiguos muestran rasgos encratitas aunque no siempre pertenecieron a comunidades formalmente encratitas, como los Hechos de Tomás, los Hechos de Andrés y los Hechos de Juan, textos que suelen presentar la continencia sexual y la renuncia al matrimonio como ideales superiores para los creyentes.
Gran parte de lo que sabemos sobre el movimiento proviene de sus adversarios: Ireneo de Lyon (130-203), Hipólito de Roma (170-235), Epifanio de Salamina (315-403) y Eusebio de Cesarea (260-339). Ellos describen a los encratitas como grupos que exageraban la continencia hasta convertirla en una obligación para todos los cristianos.
Desde el punto de vista histórico, el encratismo fue especialmente fuerte en las regiones siríacas del cristianismo primitivo, donde existía una tradición ascética muy desarrollada que influyó posteriormente en el monacato, aunque la Iglesia rechazó la condena absoluta del matrimonio y de ciertos alimentos. Así, la Iglesia cristiana mayoritaria consideró estas enseñanzas una herejía, no porque alabara la continencia voluntaria (el celibato era respetado), sino porque rechazaba el matrimonio y ciertos alimentos como si fueran intrínsecamente malos. Los Padres de la Iglesia argumentaron que el matrimonio y la creación material eran buenos porque habían sido creados por Dios.
El encratismo no surge aislado, sino dentro de un amplio debate cristiano sobre matrimonio, sexualidad, cuerpo y salvación: Hechos de Tomás (siglo III) es probablemente el texto más cercano al encratismo clásico. Presenta a Tomás persuadiendo a matrimonios para que vivan en continencia. La consumación sexual aparece frecuentemente como un obstáculo para la vida espiritual. Refleja un ambiente siríaco afín al encratismo.
Hechos de Andrés (150-190: revisión Siglos III-V) Promueve la continencia dentro del matrimonio. En la obra varias mujeres abandonan la vida sexual para seguir un ideal ascético. No siempre llega al rechazo absoluto del matrimonio, pero comparte sensibilidades encratitas.
Hechos de Juan (160-220) exalta la virginidad y la abstinencia y contiene episodios donde la renuncia sexual aparece como signo de perfección espiritual.
Hechos de Pablo y Tecla (170-190): Tecla abandona el matrimonio para seguir una vida célibe. Fue enormemente influyente en la construcción del ideal ascético cristiano.
Otros contenidos contrarios al matrimonio o favorables al celibato o continencia los hallamos en el Evangelio de Tomás, en el Evangelio de los Egipcios, en textos ortodoxos como Stromata, Adversus Haeresesa, etc.
Un hipotético canon (resconstruído anacrónicamente hoy) incluiría el Diatessaron de Taciano, los Hechos de Tomás, los Hechos de Andrés, tradiciones relacionadas con el Evangelio de Tomás, material ascético hoy perdido citado por Clemente de Alejandría (Siglos II y III), así como las obras de Julio Casiano.
PARA SABER MÁS:
-Antonio Piñero Cristianismos derrotados. ¿Cuál fue el pensamiento de los primeros cristianos heterodoxos y marginados? EDAF, 2007.
-Bart D. Ehrman Cristianismos perdidos. Los credos proscritos del Nuevo Testamento. Crítica, 2004.
-Peter Brown, The Body and Society: Men, Women and Sexual Renunciation in Early Christianity (edición revisada, 2008)
-David G. Hunter, Marriage, Celibacy, and Heresy in Ancient Christianity (2007).
-Yves Tissot “Encratism and the Apocryphal Acts.” En The Oxford Handbook of Early Christian Apocrypha, editado por Andrew Gregory, -Tobias Nicklas, Christopher M. Tuckett y Joseph Verheyden, pp. 407–423. Oxford: Oxford University Press, 2015.








