Linares revivió ayer una de esas jornadas que se graban con letras de oro en el alma de sus cofrades. La Real Cofradía de la Virgen de la Cabeza de la ciudad celebró su día grande, vistiendo de gala el barrio de Santa Bárbara para rendir honores a la Reina de Sierra Morena. Los cultos solemnes alcanzaron su cenit a las 18:30 horas con la celebración de la Función Principal de Instituto. La sagrada cátedra estuvo ocupada por el reverendo Sr. D. Alberto Jaime Martínez Pulido, quien con su palabra encendió los corazones de los numerosos fieles y hermanos que abarrotaban las naves del templo.
Al concluir el santo sacrificio de la misa, las puertas del templo de Santa Bárbara se abrieron de par en par para dar paso al cortejo y dar inicio a la tradicional y esperada salida procesional de la Santísima Virgen de la Cabeza. El aroma a incienso, el rítmico sonar de las marchas procesionales y el rachear de los costaleros envolvieron la salida mientras la bendita imagen de la Morenita asomaba ante sus devotos, desatando un estallido de devoción y júbilo contenido.
El itinerario procesional, trazado con mimo por la junta de gobierno, regaló estampas de inigualable belleza cofrade a lo largo de la tarde-noche. Tras abandonar su sede canónica por la Cuesta de San Pedro, las andas de la Virgen avanzaron por las calles Tarantos y La Cruz, buscando la amplitud y el señorío del Paseo de la Virgen de Linarejos. La comitiva continuó desplegando su elegante andar por Lope de Vega, Argüelles y la populosa arteria de Julio Burell, adentrándose más tarde en la fisonomía clásica de la Corredera de San Marcos.
Con la caída del sol, el fervor se hizo aún más íntimo al discurrir el paso por las calles Calatrava, Tetuán, Martínez de la Rosa y Carolina. Enfilando el tramo de recogida, la Virgen de la Cabeza transitó por Calderón para reencontrarse de nuevo con el eje de La Cruz y Tarantos. El broche de oro a una tarde de gloria y reencuentro llegó con el emotivo ascenso por la Cuesta de San Pedro, donde la Santísima Virgen regresó a su Parroquia de Santa Bárbara arropada por el clamor y el cariño de un Linares entregado a su arraigada devoción mariana.









