FOTOS Y VÍDEO | Linares se rinde al Maestro en una mañana de contrastes térmicos y fe inquebrantable

Amaneció Linares con esa luz especial que solo el Domingo de Ramos sabe regalar, una claridad que parecía anunciar el principio de todos los tiempos. Sin embargo, tras las puertas de las cocheras  de la Parroquia de San José Obrero, el estreno de la Pasión vino acompañado de un invitado inesperado: un viento gélido que, lejos de amilanar al pueblo, pareció purificar el ambiente para la llegada del Rey de la Jerusalén linarense.

A la hora nona de la mañana, el cortejo de la Real Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Señor Jesucristo Divino Maestro comenzó a serpentear por las calles, vistiendo de blanco y azul el asfalto. Bajo la dirección de D. David Lorite Sánchez, la cofradía no solo puso en la calle a sus 580 hermanos, sino que trasladó a los presentes a aquel septiembre de gloria en el que celebraron su Centenario. La impronta de aquel hito histórico se percibía en la prestancia de los nazarenos y en la unción con la que se custodiaba el paso de misterio.

La Épica del Triunfo: El Señor sobre la Ciudad

Sobre el canasto, la imponente talla de Lourdes Hernández Peña avanzaba con una majestad que desafiaba las rachas de viento. La recuperación de la clásica palmera, novedad patrimonial de este año, se erigía como un eje vertical que conectaba el fervor de la tierra con el cielo azul purísima. Los 48 costaleros, en un alarde de fuerza y técnica, hicieron del racheo una oración sorda, especialmente emocionante al paso por el Campanario, donde la Banda de Cornetas y Tambores «Nuestra Señora del Rosario» desgranó sones que son ya parte del patrimonio inmaterial de nuestra ciudad. Los nuevos diez hábitos y las varas de presidencia, de exquisita factura, venían a confirmar que en esta hermandad el detalle es, en sí mismo, un acto de culto.

Alegría bajo Palio: El Aroma de la Esperanza

Si el Misterio fue la fuerza, el Palio de María Santísima de la Alegría fue la sutileza hecha movimiento. La obra de Álvarez Duarte, exornada con una exquisitez que desafiaba la fría brisa, parecía flotar sobre el gentío. Sus 35 costaleros imprimieron ese andar alegre y cadencioso, propio de la mañana de Ramos, mientras las bambalinas repicaban contra los varales en un diálogo metálico y rítmico. La Asociación Cultural y Musical «Maestro Alfredo Martos» puso el contrapunto lírico, hilvanando marchas de corte clásico que envolvieron a la Dolorosa en un aura de gloria bendita.

Hacia el Cenáculo de Santa María

Tras el recogimiento del encierro en San José Obrero, donde el sol ya no calentaba pero la fe ardía, Linares no se permite el descanso. El Domingo de Ramos es un suspiro que no se detiene. Mientras el eco de las últimas cornetas se pierde por los barrios, la mirada de la ciudad se vuelve ahora, con unción y respeto, hacia la Real Parroquia de Santa María La Mayor. Allí, en tan solo unas horas, el Misterio de la institución de la Eucaristía se hará carne en la calle. La Santa Cena aguarda su momento para repartir el Pan de Vida por las venas de una ciudad que, pese al aire gélido, ya está entregada a su Semana Grande.

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