OPINIÓN | LOS CABREOS DE NEMESIO (I)

Estaba sentado con mi amigo Javier Tortosa, en un banco de la Corredera de San Marcos (para él Calle José Antonio), y hablábamos de nuestros amigos el “chino” y el “boquí” y de lo humano y divino de esta vida y de este pueblo. Javier y yo, fuimos compañeros de Corporación hace años; él en los bancos azules y yo en los rojos, (ambos defenestrados de nuestros respectivos partidos). Ello no fue en ningún momento obstáculo alguno para que naciera entre nosotros una sincera amistad, porque esta predisposición a la amistad, brota del corazón de las personas y no necesariamente de las ideologías políticas. Pienso que quien antepone su ideología a sus sentimientos y a su corazón, tiene un largo camino que recorrer en su crecimiento personal. Y miren por dónde por la acera pasó mi amigo Nemesio con cara de pocos amigos al verme sentado con el facha de Javier. Él hizo por donde no verme, pero yo le reclamé su atención para saludarlo, sabiendo lo que estaba pensando al verme con Javi.

Luego Javi se despidió de mí y de Nemesio, a los que previamente había presentado. El abuelo, con el “caldo de gallina” que ya le quemaba los labios me la metió sin anestesia. Con una cara de cabreo indescriptible y un tono de reproche me dijo: “¡Hijo, no sabia yo que tuvieses esas amistades!”. Yo puse cara de sorprendido, dando a entender que no le entendía y él más cabreado y con los ojos inyectados en sangre soltó: “¡Sí, no te hagas el pazguato; ¡de cuándo un rojo de pata negra como tú, se sienta de palique con un facha como éte! Nemesio, de verdad, no lo entiendo, porque si España ha llegado a una democracia es por aquello de la reconciliación. Además, Javier me ha demostrado ser amigo, lo mismo que otros muchos que no eran de mi partido. Yo creo Nemesio, que la guerra lo ha dejado muy marcado. La gente de derechas de hoy no es la de antes, lo mismo que los rojos tampoco y le pongo un ejemplo aquí en Linares con dos personas: Julián Serrano y Sánchez Caballero. ¿Qué le parece el ejemplo?. “Mira hijo, contigo no hay quien pueda.” Y se me despidió cabreado, tal como llegó. Bueno, pensé yo: contra el cabreo “pastillas macabeo.”

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