OPINIÓN | EL HUMANISMO DE ALBERT CAMUS

Uno de los intelectuales que más me han impactado es Albert Camus, en cuya vida y obra entré con motivo de su relación y compromiso con España, del que dejé aquí constancia escrita. Ahora, ahondando en su biografía y en los escritos a los que voy accediendo, lo que me viene interesando es lo que aparece como titular de este escrito. Tal atracción la destacaría por la coherencia entre lo que fue conociendo y conformando como norma de su difícil vida, desde la infancia hasta el tiempo de su gran reconocimiento intelectual. Reconocimiento que le llegaría muy cercano a su prematura muerte a los cuarenta y siete años. Además constaba, lo ya señalado en cuanto a su actitud en defensa de la democracia en recomposición de la Europa de la II Guerra Mundial. De ese humanismo deja también un explícito rastro al titular importantes obras de su trayectoria como “El primer hombre”, o “El hombre rebelde”. Creo que tal elección no vino marcada por una artificiosa redundancia, sino por su necesidad insistir, en ningún caso gratuito, en aspectos diversos del humanismo. Por un lado, lo ya sugerido sobre su biografía, y por otro esa búsqueda permanente de la verdad y la libertad.
Me ha llamado, y mucho, la atención de “El primer hombre”, autobiografía, tan cercana a su muerte, que, por lo mismo, adquiere el valor final de los valores que vinieron a forjar las facetas de su vida. En la referida obra vuelve una y otra vez a ese tiempo de niñez y juventud, a la vez tan triste como comprometido y retador, como le resultara de cara a su futuro. Su pronta orfandad de padre y el consiguiente dolor de la madre, junto a la pobreza y falta de instrucción familiar le auguraban un oscuro futuro. Sería la decidida actitud de la abuela y la aparición del señor Bernard, su maestro de primaria, las que le ofrecen posibilidades ventajosas al adulto en que se convirtió. Éste fue capaz de enjuiciar, ya razonadamente, el ambiente familiar rigurosamente establecido por la abuela, y los estímulos intelectuales y afectivos del maestro, recibidos de niño con tan acertada y agradecida intuición. El Camus adulto llega a recordar que su madre no sabía ni escribir y menos geografía. Entendía que vivía junto al mar y que al otro lado estaba Francia, a donde se iba desde Argel a Marsella y a una ciudad bella, París. Por allí Alsacia, de donde venía su padre huyendo de los alemanes. De España sabía de Mahón de donde había venido la familia de su abuela a buscarse la vida. Lo demás era, como viuda de guerra traer otro salario que la misma abuela administraba, calculando con señales, pues sabía aun menos que su hija. Su madre si ofrecía el afecto, que aunque algo pasivo si le llegó a servir algo pasivo, aunque de alguna manera si le sirvió de geografía de sentimientos.
Es más perceptible la influencia del señor Bernard, con quien seguiría la mencionada relación. Él ensalzaba, ante Albert la titánica labor de madre abuela, con quienes colaboraría incitándole a indagar sobre la familia y el padre, alsaciano muerto en la guerra de 1.914. Así daría sentido completo a los toscos conceptos de la madre sobre Francia, aquella bella ciudad, los problemas del Mediterráneo y más. Sobre la colonización, compartió el razonamiento de Veillard, quien, al contrario de su padre había renunciado a sus privilegios de colono, así como con argelinos partidarios de una solución pacífica a la independencia. Camus recordaba el origen alsaciano de su padre, a la vez de la convivencia pacífica en Argelia. Por ello ante la solución armada escribió: “Ahora la noche subía del suelo y empezaba a anegarlo todo, muertos y vivos, bajo el maravilloso cielo siempre presente. No nunca conocería a su padre, que seguiría durmiendo allá, el rostro perdido para siempre en la ceniza. Había un misterio que él siempre quiso penetrar. Pero al fin el único misterio es el de la pobreza que hace a los hombres seres sin nombre y sin pasado.” Éstas y tantas otras reflexiones sobre la paz y la vida en general aparecen en las dos obras ya citadas y en el granado trabajo donde volver en otra ocasión.

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