El Miércoles Santo en Linares ha vuelto a ser ese nexo indisoluble entre la juventud de espíritu y la tradición más acendrada. Tras las jornadas de incertidumbre meteorológica de días pasados, la ciudad despertó hoy bajo un cielo nítido y una temperatura agradable que permitió que la normalidad fuera la nota dominante en cada revirá. Desde la Parroquia de San José Obrero, la Hermandad y Cofradía de Nazarenos de las Siete Palabras y Santísimo Cristo de la Buena Muerte dictó su particular lección magistral de amor y entrega.
A las siete y media de la tarde, con el sol acariciando aún las torres del barrio, el Hermano Mayor, D. Juan José Quesada Sánchez, ordenaba la apertura de las puertas. Un cortejo de 400 hermanos, revestidos con una pulcritud que es sello de la casa, comenzó a desfilar portando los nuevos 20 hábitos penitenciales y las 10 varas de mantilla que venían a enriquecer un patrimonio cuidado con mimo. La normalidad absoluta en el termómetro permitió que el acto estudiantil a las puertas del templo brillara con una solemnidad que caló hondo en los presentes.
Siete Palabras sobre el Madero
El imponente Santísimo Cristo de la Buena Muerte, obra cumbre de Luis Álvarez Duarte (2011), avanzó sobre un paso que lucía con un esplendor renovado. Los estrenos de las seis cartelas en plata y los cuatro fanales conferían al misterio una luz y una suntuosidad que realzaban la agonía victoriosa del Señor. Los 39 costaleros, bajo el racheo elegante de sus zapatillas, portaron al Crucificado con una unción que cortaba el aliento, especialmente al transcurrir por la Parroquia de San Francisco ya entrada la noche.

Un detalle que no pasó desapercibido para el ojo crítico del cofrade fue la sustitución del fajín por el cíngulo de cinco nudos, simbolizando los estigmas de Cristo, un gesto de gran calado teológico. Tras el paso, los sones de la Banda de CC. y TT. «Nuestra Señora de los Dolores del Rosario» de Baeza envolvieron la escena en una atmósfera de épica y recogimiento, mientras la Banda Salesiana de la Buena Muerte abría paso con la marcialidad que le es propia.
Consolación: La Ternura del Palio
Si el Cristo fue la cátedra, Nuestra Señora de la Consolación (Mario Castellano Marchal, 2008) fue la caricia. La Dolorosa procesionó con una prestancia inigualable, estrenando unas bambalinas bordadas que, junto a la saya de nueva factura, elevaban la calidad artística del conjunto. El palio, enriquecido además con 14 nuevas piezas de candelería, parecía flotar sobre sus 30 costaleros, quienes mecieron a la Virgen con una suavidad celestial.

La Asociación Cultural y Musical «Maestro Alfredo Martos» de Linares puso el contrapunto armónico con un repertorio de marchas clásicas que hicieron las delicias de los fieles en el Pontón y en la Avenida José María López Montes. La normalidad climática permitió que la cera de los cirios llorara de forma vertical, iluminando el rostro de una Virgen que es, para muchos, el consuelo de toda una ciudad.

Linares ha vivido hoy un Miércoles Santo de plenitud. La Hermandad de los Estudiantes ha vuelto a demostrar que la fe y la cultura caminan de la mano por las calles de un barrio que se hizo centro, y de un centro que se hizo oración ante la Buena Muerte.



























































































