La verdad es que en un mundo tan global, en el que los medios de comunicación acceden a los más recónditos lugares, las noticias sobre la pobreza y miseria de los pueblos, nos llegan sólo tangencialmente, no las hacemos nuestras, porque no vivimos in situ la desesperación de otros semejantes nuestros, que no pueden satisfacer sus necesidades primarias. Existen muchos rincones en ese planeta que son escenario de la más absoluta degradación para el ser humano; degradación impuesta por la minoría de países que controlan y gozan del 80% de los bienes y el consumo mundial, entre ellos España. El Sahara es uno de los paradigmas de esa miseria y de ese atroz e inhumano olvido. Los intereses económicos están siempre por encima de las necesidades de un pueblo que ha dado durante años muestras clarísimas de tolerancia y respeto, incluso ante aquellos que lo han condenado al ostracismo. La Marcha Verde, organizada en el 75 por el vecino Marruecos, supuso un pulso al Estado Español que miró para otro lado. Los sucesivos gobiernos democráticos de España, han venido haciendo lo mismo y la ONU ha quedado totalmente desautorizada, porque ya ningún país le hace caso. La ayuda humanitaria que ofrecen pueblos como el italiano, el español y algún que otro (que no los gobiernos), son pan para hoy y hambre para mañana. Marruecos, en su afán anexionista, está reduciendo al pueblo saharaui, con la permisividad internacional, no ya a los campos de refugiados en Argelia, sino por causa de este olvido, a auténticos campos de exterminio, porque la gente muere de enfermedades que aquí están totalmente superadas, así como por desnutrición. La gente de a pié, sólo puede hacer lo que hace a favor de este pueblo y ¡ojo!, estas gentes que ayudan, lo hacen desde la impotencia y la tristeza de ver que esto es enseñar el dulce a un pequeño, para después quitárselo de la boca, porque no actúan desde el poder, sino desde la solidaridad. Hay jóvenes muy cultos entre el pueblo saharaui, con carreras universitarias obtenidas fundamentalmente en España, Italia y Cuba, que luego vuelven a su tierra para ayudar a su pueblo. La solución no sé cual es (o sí), pero quede este artículo de opinión como testimonio y denuncia de esta cruel realidad.
OPINIÓN | POBRE SÁHARA, POBRES PERO DIGNOS (Juan Parrilla)










