Mucho más allá del odio, el egoísmo o el miedo, con el amor y el respeto por delante y con la fuerza que me da intentar ser seguidor de Jesús, pero en desacuerdo en muchas cosas esenciales con la Jerarquía de una Iglesia Católica, que tristemente cada vez más huele a olvido y a destierro en los corazones de muchos cristianos ,(salvando Cáritas y Afines) porque se ha empeñado en apergaminarse, en conservar ese olor a rancio húmedo, en la forma de llevar a cabo el mensaje liberador de aquel Nazareno, cuyo testimonio de Vida le llevó a ser asesinado por los intolerantes religiosos de aquel tiempo, considero mi obligación como ser humano, denunciar desde la Luz del Evangelio, la falta de Amor de parte importante de esta Jerarquía, para con muchos de sus hijos. Este Amor, concretado hace algún tiempo, en la labor del Padre Ángel, en el cierre de la Parroquia madrileña de San Carlos Borromeo, o la suspensión de la liturgia en la referida Parroquia, por órdenes superiores entre otras cuestiones, también importantes. ¿La causa?: Ser una Comunidad Viva, que siente que el Evangelio ha de vivirse con los más pobres, los más desgraciados, los más marginados de la sociedad, entre ellos, los drogadictos. La labor de su párroco, D. Enrique de Castro, junto a sus feligreses, centrada en las necesidades del barrio, para rescatar de la miseria humana a tantos hijos del Padre, que han destrozado sus vidas y las de sus familias, a causa de la maldita droga, no ha gustado a la Jerarquía madrileña y como consecuencia, el cierre de esta Parroquia. Ya muchos “cristianos” insolidarios o que bien no han sabido captar el mensaje evangélico, allí mismo en esa comunidad parroquial, han estado junto a la Jerarquía, rasgándose la vestiduras ante el tipo de actividades parroquiales que se definían en torno a la ayuda a los drogadictos del barrio, para que puedan salir de ese profundo y negro pozo de desesperación. Ha habido gente muy valiente, conductores/as de programas, que desde los medios de comunicación, han arriesgado mucho denunciando ese caso. Yo también lo hago desde aquí, porque me lo manda mi conciencia, sabedor que a algunos, esta denuncia les va a provocar un rechazo hacia mi persona. Lo sé, pero no me preocupa, porque en el momento de escribir esto, siento el sufrimiento de estos pobres en mi corazón. Sólo cuando quienes dirigen los destinos de la Iglesia se pongan junto a los pobres, nos muestren a los demás el camino para estar junto a los que sufren, sean profetas en la denuncia evangélica de todos los errores de esta sociedad…, sólo cuando arriesguen su comodidad, su status, sus privilegios, sólo cuando comprendan junto a muchos otros, que se dicen cristianos, que han de ser no sólo Pastores, sino servidores del Pueblo de Dios, realmente se estará implantando el Reino aquí en la tierra, para que sea prolongado junto al Padre en aquellas moradas que nos tiene reservadas a todos. Hablar del Reino de Los Cielos es una pura entelequia si no lo hacemos presente aquí y ahora.

Juan Parrilla Canales.