Se suele decir que estamos en una época de “cultura líquida” (según Zygmunt Bauman) o de cultura de la banalidad (Hanna Arendt) o de “encefalograma plano”.
Mucha gente, en una época de incertidumbre, de inseguridad, de complejidad en el inicio de la era de la Inteligencia Artificial, prefiere evadirse, no pensar. Organizar en su mente un mundo artificial, virtual, refugio de sus angustias.
Pero esto no significa que ya no existan proyectos alternativos para querer construir (aunque sea casi de tapadillo) una sociedad más justa, más humana, más respetuosa con nuestra casa común, el planeta Tierra.
Por eso considero de gran interés el artículo de Franc Cortada (de Intermón-Oxfam) publicado en Ehics (17 de enero de 2024) y que se puede leer completo en esta dirección.
El Foro de Davos: foro de ricos
El artículo lleva como título “Algunas verdades incómodas”. Y se escribe con ocasión del reciente foro de Davos. El Foro Económico Mundial (FEM), también llamado Foro de Davos, es una organización no gubernamental internacional con sede en Cologny, que se reúne anualmente en Davos (Suiza), y que sobre todo es conocida por su asamblea anual en esta localidad. Allí se reúnen los principales líderes empresariales, los líderes políticos internacionales, así como periodistas e intelectuales selectos, a efectos de analizar los problemas más apremiantes que afronta el mundo, y entre ellos, la salud y el medio ambiente desde 1971.
Durante 2008, se lanzó la Cumbre Inaugural sobre la Agenda Global en Dubái, con la presencia de setecientos expertos mundiales de cada sector que trataron sesenta y ocho cambios globales identificados por el Foro.
El FEM aboga por un mundo globalizado gobernado por una coalición de corporaciones multinacionales, gobiernos y organizaciones de la sociedad civil seleccionadas en lugar de las estructuras democráticas clásicas, lo que ha hecho a través de iniciativas como el Great Reset y el «Rediseño Global».
El Foro Económico Mundial y su reunión anual en Davos son criticados por el coste público de la seguridad, mientras que ha acumulado varios cientos de millones de francos suizos en reservas y no paga impuestos federales, por la creación de una élite mundial rica sin vínculos con las sociedades más amplias; se critican los procesos de toma de decisiones, las cuestiones de género y la falta de transparencia financiera. En respuesta a las críticas de la sociedad civil suiza, el gobierno federal suizo decidió en febrero de 2021 reducir sus contribuciones anuales al FEM.
Hace una década, coincidiendo con el foro anual de Davos, la potente ONG Oxfam-Intermón, empezó a publicar documentados informes sobre la desigualdad en el mundo. Franc Cortada, director de Oxfam-Intermón, analiza para Ethic uno de los retos más acuciantes de nuestra época: el supremacismo del dinero y de las grandes corporaciones para controlar todo el mundo lo que genera una espiral de injusticia y desigualdad entre los seres humanos.
Para Oxfam-Intermón, estas desigualdades no son inevitables, ni son fruto de la fatalidad. Son el resultado de opciones políticas e ideológicas en materia de fiscalidad, derechos laborales, monopolios y propiedad intelectual o el control de la tierra y los recursos naturales. Son el resultado de un sistema económico que incentiva y premia la acumulación del capital.
Gravar la riqueza de los más ricos ya no es una opción, sino una obligación
Durante los últimos años, los beneficios empresariales de las grandes corporaciones tecnológicas, energéticas o bancarias se han disparado. El 1% más rico de la población acapara ya dos tercios de toda la riqueza generada desde finales de 2019, mientras el resto sufríamos los embates de la policrisis. Esta pequeña élite ha acumulado el doble de riqueza que el 99% restante de la población mundial. Enormes fortunas para una minoría privilegiada, que concentra riqueza y poder. A la par, sus impuestos han caído a su nivel más bajo en décadas.
Los gobiernos tienen una opción: ¿permiten que esto suceda sin control o actúan?
Muchos multimillonarios pagan tasas impositivas de un solo dígito y la mitad de ellos viven en países sin impuestos de sucesión, contribuyendo a que esta riqueza crezca de generación en generación. El peso de las políticas fiscales lo sostenemos las familias, la clase trabajadora: de cada dólar recaudado en impuestos a nivel global, tan solo cuatro centavos se recaudan sobre la riqueza.
En todo el mundo, los impactos de estas crisis solapadas han dejado las finanzas públicas de muchos gobiernos al límite. Y los más empobrecidos del sur global, estrangulados además por el pago de deuda, al borde de la quiebra. Todo ello limitando gravemente la capacidad real que estos gobiernos tienen para amortiguar y revertir el impacto de estas crisis en su población.
Soluciones posibles
Afortunadamente, tenemos una solución a nuestro alcance: contar con unos sistemas fiscales justos y progresivos, que persigan la elusión y la evasión fiscal, que graven los beneficios empresariales extraordinarios y que garanticen que paguen más quienes tienen mucho más.
Gravar la riqueza de los más ricos ya no es una opción, sino una obligación. Un impuesto sobre el patrimonio de hasta el 5% para los ultrarricos recaudaría hasta 1,7 billones de dólares anuales. En Nigeria y la India, por ejemplo, estos ingresos podrán aumentar el gasto en salud en un 14% y un 33% respectivamente, en dos países donde la mortalidad de madres durante el parto sigue siendo altísima. Imaginémonos cuanto personal médico podría financiarse con ese dinero y cuánto sufrimiento se podría evitar.
Los recursos financieros están ahí si los redistribuimos. Unos recursos que deben apuntalar políticas inclusivas y mayores inversiones públicas en protección social, educación o sanidad, mecanismos pre-distributivos esenciales para actuar ante sobre las causas de la desigualdad.
Nos toca reimaginar y transformar nuestro modelo social y económico para revertir unas desigualdades que condenan a millones de personas. Necesitamos transitar hacia una economía que deje de estar al servicio de una élite y funcione para el 99%, con el fin de construir un mundo más justo, sostenible y sin pobreza. El momento es ahora.










