Existen en nuestro interior pensamientos a los que estamos tan acostumbrados que no los cuestionamos, que los damos como válidos nada más se presentan en nuestra mente. La mayoría de ellos son de corte negativo, es decir, no nos benefician en absoluto y son germen de prejuicios  e irracionalidades que sólo nos conducen al fracaso social, al rechazo o al estrés. En realidad no es que tengamos estos pensamientos negativos, más bien podemos afirmar que son ellos los que nos tienen a nosotros, ya que son los que nos causan nuestro malestar emocional.

Se trata de pensamientos automáticos, irracionales y negativos que nos sobrevienen, a modo telegráfico, unos referentes a nuestro valor personal, otros en relación a hechos relacionados con los demás, de corte social. Frases como “yo tengo la culpa”, “¡soy estúpido!”, “¡nunca aprobaré!”, “los negros me dan miedo” ¡ya no puedo más!”, “he hecho el más grande de los ridículos”, “los inmigrantes vienen a quitarnos el trabajo”, “¡me quieren joder!”, “¿y si le ha ocurrido un accidente?”, “seguro que no le gusto”, “debería ser más trabajador… simpático… divertido…”, “mi vida ya no tiene sentido”, etc.

En realidad, no son los hechos los que nos generan los diferentes estados emocionales, si no el cómo nos tomamos(interpretamos) los acontecimientos. Un mismo acontecimiento, varias personas pueden experimentarlo de formas totalmente diferentes. Pongamos como ejemplo el hecho de ser presentado a una persona desconocida, alguien con alta autoestima podría pensar “seguro que le gusto y le caigo bien”, otra con baja autoestima podría pensar “se dará cuenta de mis debilidades y me rechazará”, y otra con carácter susceptible podría pensar “es mejor desconfiar de alguien que no conoces de nada”. Ante un mismo hecho estas tres personas lo han interpretado de forma muy diferente y el resultado es que cada una ha generado un estado emocional diferente, el primero de satisfacción, el segundo de miedo y el tercero de rechazo.

Por tanto, el bienestar emocional depende fundamentalmente de no dejarse llevar por los pensamientos automáticos, ya que éstos tienen características muy negativas para uno mismo: Son irracionales, es decir no se atienen a los hechos objetivos, a la realidad, son automáticos, funcionan como un reflejo corporal que se produce sin que voluntariamente lo propiciemos y son exagerados, dramáticos y siempre negativos, generan un enorme malestar emocional y además de forma gratuita, sin que le podamos sacar el menor provecho.Al cabo del día podemos tener algunos pensamientos de este tipo en condiciones normales, pero cuando atravesamos un período de bajada de defensas emocionales, depresión u otro malestar sentimental, pueden ser cientos (o miles) los que se nos producen a diario. No es de extrañar que la mente asediada por tanta presión negativa se venga abajo, al igual que un organismo físico inundado por gran cantidad de virus, enferme.

La clave para combatir los pensamientos negativos es aplicar fórmulas para detectar, identificar y cambiar los pensamientos automáticos. En próximas entregas se verán.