“Y si no las salvo a ellas, no me salvo yo”. Así dice la frase completa de Ortega y Gasset, ese gran filósofo nuestro del siglo XX. No sé si tiene razón o no, siempre me han mareado los filósofos, aunque haya bebido de algunos de ellos y hasta adaptado algo de cada uno, que tampoco sé si al final será contradictorio, pero hace tiempo que aprendí de Unamuno que hay que aceptar las propias contradicciones porque tenemos que ir dando explicaciones a nuestra vida,  porque llega un momento en el que lo necesitamos. Creo que cada persona tiene su propia forma de acceder a la realidad, de ahí que tenga su propia parte de verdad, incluso contradictoria con otras, pero que todas juntas pueden dar idea de cuál es la verdad absoluta. Para mí la verdad es el respeto y la libertad leal, esa consideración de que cada cual tiene derecho a pensar como quiera dentro de lo que no sea ofensa o violencia. Lo que no puede ser, y eso me preocupa, es que una misma cosa sea a la vez verdad y mentira, como por ejemplo la consulta catalana y ya entro en materia contante y sonante. La verdad es la Ley, pero la ley también puede ser modificada, o interpretada. Si es así, y hay que darle su tiempo, entonces la verdad es que se evoluciona, que a cada reto hay que darle una respuesta certera y puntual y que aunque sea un órdago nacionalista, se puede transformar en un ejercicio de libertad. Y que digan, o hablen, como en Escocia.

Lo he pensado mucho y yo, ahora, después de haber evolucionado, pienso que hay que cambiar la ley, ir a otro tipo de Estado, y en su momento, dejar que se manifiesten, no merece la pena esta fractura desde el sentimiento tanto suyo como nuestro.  Creo que el daño ya está hecho pero es su vida y su opción, sus circunstancias, yo no tengo mucho que decir, la libertad y el respeto me impulsan a que me dé igual, que ellos decidan y hagan lo que quieran con su vida que no es la mía. En este asunto me pasa como con la filosofía, me marean tantas opiniones que quiero entender.  Yo me alegro de no tener que decidir nada, pero si tuviera que hacerlo… hoy por hoy, creo que me enfrentaría al miedo, porque es eso, y me gustaría saber lo que quieren, ya quiero saber lo que quieren.  Un hijo o hija se quiere independizar, cada vez menos, y claro que duele, claro que no se puede quizá entender, claro que intentaría dialogar y decir todo lo que pienso, pero no sería mi vida, la otra persona tiene tanto derecho como yo a pensar lo contrario. Lo que pasa es que hay demasiadas manipulaciones y me temo que no llegaría a creerme cualquier resultado, aparte de que los desprecios hacen mella, no estoy tan lejos de la contaminación y probablemente pasaría de Cataluña y de los catalanes en genérico. Por eso digo lo de la cantidad de circunstancias que confluyen en cada persona y que yo ya estoy para observar por dónde va la vida, porque esta parte no se ve en la anterior, tan activa y tan presuntuosa, en la que los árboles no te dejaban ver el bosque. Yo ahora intento ver el bosque.

Y sí, me interesa reflexionar sobre quienes somos realmente; por qué el mundo está lleno de individualidades que en algunos casos, afortunadamente, se generalizan; por qué una parte del mundo piensa de una manera y puede ser tan respetable como lo que piense la otra parte. Cada vez me voy dando más cuenta de que pertenecemos a un mundo fragmentado por tener cada cual sus opciones, opiniones, prioridades… y circunstancias. Y estoy hablando desde la razón de la honestidad personal, no desde la incoherencia, porque también comprendí hace tiempo que no todo es tolerable, que no hay que buscar excusas para tapar lo contradictorio y egoísta que llevamos dentro.

Tengo dos filósofas predilectas: Simone de Beauvoir y María Zambrano. En muchos aspectos tendría que buscar los apuntes de lo que me llegó de ellas, hasta ese punto me cuesta entender la filosofía, pero sí recuerdo que estuve de acuerdo en muchas cosas que tal vez ya forman parte de mi forma de pensar y actuar. Todos y todas creo que seguimos una estela de lo que otros encontraron antes, el problema no es dejarnos influir, que todos lo hacemos, sino enriquecer y aportar algo más, dejar algo propio, y eso se consigue atendiendo al “YO”. El yo es personal, con todo lo acumulado, físico, mental, espiritual, histórico, cultural y educativo. Esas son las circunstancias. Es la vida individual completada, la otra mitad, una vida que si se comienza por ese yo, si se busca y se reconoce ese yo desde donde se irradia todo, sin dejarlo, se puede cambiar de entorno y hasta de opinión.

También decía Unamuno que “yo y el mundo nos hacemos mutuamente”, que es dónde quería ir. Todo nos influye pero hay que mantener el yo, que no se diluya en esa totalidad. Después él, mi yo, nuestro yo, tiene, porque las tiene, determinadas circunstancias. Y no es difícil respetarlas. Lo demás es cuestión de química.