El motor de funcionamiento de la economía capitalista, es el crecimiento. Cuando una empresa o Estado deja de crecer entra en crisis.

Crisis de sobreproducción
Las empresas compiten unas con otras en un mundo globalizado, donde cada una busca una mayor cuota de beneficio. Para ello invierten en maquinaria y procesos para aumentar su productividad, es decir, producir más con la necesidad de menos trabajadores. Debido a la competencia entre las compañías para obtener el mayor beneficio posible se produce más de lo que se puede consumir, por lo que hay empresas que empiezan a tener pérdidas, lo que conlleva a despidos y reducciones salariales.

En este punto nos encontramos la principal contradicción del sistema capitalista: la relación capital-trabajo. El salario que reciben los trabajadores es sólo una parte de la riqueza que producen, el resto es el beneficio que se queda el empresario y accionistas (capital). Los productos que venden las empresas se compran con los salarios que perciben los trabajadores. Por lo tanto, lo que sucede es lo siguiente: las empresas reducen salarios para aumentar sus beneficios, pero debido a la competencia, esta práctica se hace masivamente, por lo que la demanda de productos desciende y se genera la crisis de sobreproducción, es decir, se fabrica más de lo que se consume.

Para compensar la pérdida de capacidad adquisitiva por parte de la mayor parte de la población, clase obrera, el sistema fomenta el endeudamiento, para que se mantenga o se incremente el consumo aun cuando se dispone de menos capacidad adquisitiva. Un ejemplo claro es el de las hipotecas concedidas a personas con pocos recursos o empleos inestables. Las entidades financieras saben que la mayoría de estas personas no podrán afrontar el pago de la deuda, pero mediante leyes que éstas mismas promueven, cuando se produce el impago, las casas vuelven a ser propiedad de los bancos y los clientes mantienen su deuda. Lo que supone una gran estafa.

Al producirse impagos por parte de empresas y familias en quiebra, los bancos comienzan a tener pérdidas. La quiebra de un gran banco supondría un colapso generalizado del sistema capitalista, véase el caso de Leman Brothers, por lo que los gobiernos y otras instituciones, como el BCE, se lanzan al rescate del sistema financiero con enormes cantidades de fondos públicos para evitar este colapso.

Con estos rescates, los gobiernos esperan que las entidades financieras inviertan el dinero en la economía productiva (industria, servicios, etc.) para que vuelva a crecer y así crear empleo de nuevo. Sin embargo, debido a la crisis de sobreproducción antes mencionada, estas entidades prefieren invertirlo en la actividad especulativa (oro, mercados de divisas, mercados de futuros…), creando nuevas burbujas.

Adicionalmente, las entidades financieras y fondos de inversión (los llamados “mercados”) presionan a los gobiernos a que reduzcan su deuda pública si quieren que les sigan concediendo crédito. Deuda pública creada en su mayor parte por el rescate a estas mismas entidades. Para ello se recortan servicios básicos y se privatizan servicios públicos, lo que vuelve a repercutir en la capacidad adquisitiva de la clase obrera y agrava la crisis de sobreproducción.

La necesidad del socialismo
Para poder salir de esta crisis estructural, hay que romper radicalmente con el sistema capitalista. Acción que no se encuentra en los esquemas de las ideologías neoliberales, socioliberales y socialdemócratas (rango donde se encuentra el bipartidismo en España).

Es necesario invertir la gran riqueza que existe en la sociedad, en manos de unos pocos, en satisfacer las necesidades de la población. Esto se concreta en que la sociedad debe tomar el control de la economía, mediante la nacionalización y posterior socialización de los bancos y grandes empresas de sectores estratégicos, como energía, alimentación, vivienda, sanidad, educación, transporte y telecomunicaciones.

No habrá democracia real, hasta que la economía sea democratizada.

Daniel Egea

CRISIS ESTRUCTURAL DEL CAPITALISMO