El poeta José Jurado Morales nació en nuestra ciudad en el año 1900 y murió en Puente de la Reina (Navarra) hace 20 años. Trasladada su familia siendo aún un niño a Cataluña, allí estudió Farmacia y dirigió durante muchos años la revista poética “Cuadernos del Azor”, editada en Barcelona y con difusión por el resto de España y Latinoamérica. Ganó el “Premio Ciudad de Barcelona” con “Sombras anilladas” (1961) y fue finalista del mismo con la novela “La vida juega su carta”. También fue ganador en México del “Premio Nacional de Ensayo Joven José Vasconcelos”; no en vano su obra estuvo muy extendida por toda Hispanoamérica.

Su amplia producción literaria, de lenguaje un tanto duro, que tiene por origen la obra “La hora del anclar” (1959) y un punto de inflexión en 1975 con “Un hombre de la CNT”, está repleta de personajes populares e iconos costumbristas andaluces como las minas, los toros, los olivos o las mujeres, y no exenta de humor mordaz.

Entre sus obras poéticas destacan “Las canciones humildes”, “Hora morena” “Manantial soleado”, “La pisada en el viento”, “Mi ser y su sendero”, “Nostalgia iluminada”, “Cuenco de Arcilla”, “Llanto y cántico”, “La voz herida”, “Sabores del sosiego” (1969), “Dolorido sentir” (1971) “Caudal soleado” (poema dramático) o “Sonetos de Mala Uva” (1971). Entre sus novelas más importantes “Tierra sin pájaros”, “El Cerco” y la ya mencionada “La hora de anclar”, donde, como leemos en la solapa de la misma, el autor hace coincidir a media docena de personajes que el destino une y separa sucesivamente; vidas intensas, que se entrecruzan bajo la luz radiante de un rincón donde tierra, mar y cielo redondean una imperecedera sinfonía, la Costa Brava.

Su famoso “Poema a Linares” contribuyó a su nombramiento como “Hijo Predilecto de la Ciudad” en 1980. En la actualidad, la calle Ventanas, dónde nació, lleva el subtítulo “Poeta de Linares” en su honor. Ya en su etapa madura regresó en repetidas ocasiones a nuestra ciudad. En una de ellas (1973) departió con mi abuelo, Juan Francisco Martínez, a quién le dedicó sendos ejemplares de “La Hora de Anclar” y “Sonetos de Mala Uva”, que conservo en mi biblioteca como oro en paño. De los sonetos, reproduzco los siguientes, muy actuales según los tiempos que corren, por su fina ironía y sentido del humor:

Un presidente: PRESIDENTE, preside lo que sea / con tal de titularse presidente, y que la gente poco inteligente / llegue a creer que inteligente sea.
Un financiero: Mecenas de sí mismo / lo primero es rellenar a tope su alcancía; / y si tercia, cogerá la vía y se irá a financiar al extranjero.

Quienes conocieron a José Jurado cuentan que su casa siempre estuvo abierta a los jóvenes poetas, a los que apoyó incondicionalmente, llegando con ellos incluso al mecenazgo. A la ciudad de Linares donó entre cinco y diez mil publicaciones de su propiedad, según diferentes fuentes, para constituir el llamado “Hogar de la Poesía Hispanoamericana”; libros y revistas poéticas que él había recopilado durante casi toda su vida y que, según mis noticias, siguen sin clasificarse en la Biblioteca de nuestra ciudad.
“Habituado a la soledad, no obstante, sentía por entonces muy acusada la ausencia de algo cuya naturaleza apenas si sabía discernir. Un indicio: su propia inquietud”. La hora de anclar. Capítulo VII, página 63.
José Jurado Morales, hombre, recibió sepultura hace veinte años en el cementerio de Pamplona; el poeta sigue vivo en muchos de quienes tenemos la fortuna de poder seguir leyéndolo.

José Jurado Morales